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Opinión

¿Se fundirá el cobre en Chile o en Perú?

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El recientemente asumido Presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski (PPK), ha anunciado que promoverá la construcción de fundiciones de cobre. Si bien Perú enfrentará los mismos dilemas y problemas que Chile a la hora de intentar construir fundiciones, la fuerte convicción de PPK por avanzar en este proyecto obliga a revisar con prontitud el escenario que se configura en Sudamérica ante esta posibilidad.

La conveniencia de fundir el cobre en los países productores mineros genera legítimas discrepancias en la sociedad. Mientras algunos creen que es indispensable hacerlo para avanzar en la industrialización y por razones estratégicas derivadas del creciente poder de mercado de países como China, otros piensan que no se justifica construirlas por su baja rentabilidad y los pasivos ambientales que genera.

Este dilema se intentó resolver en Chile a través de una Comisión Presidencial, pues nuestro país se ve enfrentado a la pronta entrada en vigor de una normativa que aumenta las exigencias de captura de emisiones de las fundiciones de cobre pero que sorprende a la mayoría (las que pertenecen a empresas del Estado), obsolescentes.

Esta Comisión ha tardado en entregar sus conclusiones, pero lo peor es que Chile dejó pasar años sin preocuparse realmente de las fundiciones y en particular Codelco, que debió haber abordado esta situación en sus estrategias de negocio. Mientras este problema crecía, Chile se autoimpuso una norma de emisión que entrará en vigor en 2018 y que terminará cumpliendo a marchas forzadas.

Una alternativa sería prorrogar la entrada en vigencia de la norma con el fin de dar tiempo a una solución más sustentable ambiental y económicamente, es decir, reemplazar la vieja capacidad de fusión por nuevas fundiciones, más eficientes y ecológicas. Pero lo más probable es que el resultado de esta coyuntura sea más bien “a la chilena”, vale decir, abordando el problema a última hora, como ya es inevitable, parchando más que arreglando, atrapado entre la inoperancia anterior y el peso de las visiones ambientalistas que no están dispuestas a conceder una prórroga para lograr una mejor solución.

Pero más allá de lo que pueda definirse con las vetustas fundiciones chilenas, la intención de PPK en Perú deja en evidencia una situación particular de especial relevancia.

Tanto Chile como Perú aumentarán cada vez más la producción de concentrados denominados complejos (con mayores niveles de impurezas). Son muy pocas las fundiciones de cobre en el mundo que pueden procesar estos minerales por lo que los productores de estos concentrados quedarán en una posición débil respecto de las fundiciones que pueden procesarlos.Además, cualquier problema que pudiera ocurrir, ante las pocas opciones de procesamiento, puede generar la incapacidad ya no sólo para vender sino también para procesar este material, con lo que aumenta el riesgo de tener material inmovilizado y de no poder convertir a tiempo esta producción en dinero, afectando la liquidez de las compañías mineras. A esto se suma que las restricciones para el transporte marítimo de concentrados complejos van en alza, aumentando estos riesgos.

Por lo tanto, independientemente de lo tarde y mal que se ha abordado la discusión sobre las fundiciones en Chile y de lo que pueda o no hacer PPK en Perú, hay una definición que es prácticamente ineludible y es cómo se enfrentará la realidad de estos concentrados complejos. Dada la evidencia de que existe espacio para una fundición capaz de tratar concentrados complejos en el ámbito Sur de Perú – Norte de Chile, ¿aprovechará Perú el ímpetu de PPK y la lentitud e irresolución de Chile para desarrollar este nicho productivo?

Fuente:  Juan Carlos Guajardo, Director ejecutivo Plusmining

La Tercera

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