«En los próximos 18 meses seguiremos viendo incrementos en el precio de este metal», aseguran desde IHS Markit

En apenas unos años ha pasado de ser un metal casi irrelevante a convertirse en el engranaje fundamental de la industria tecnológica mundial. Está presente en smartphones, gafas de realidad virtual, ordenadores, tabletas y los cada vez más numerosos vehículos eléctricos. Goldman Sachs, el mayor banco de inversión del mundo, lo ha definido como «la nueva gasolina». A estas alturas seguro que más de uno ya lo habrá adivinado: sí, se trata del litio, el elemento base de las baterías que sustentan la revolución del mercado del automóvil que el emprendedor Elon Musk pretende llevar a cabo con Tesla.

La expansión del Internet de las Cosas, la elevada adopción de teléfonos inteligentes y, sobre todo, el «boom» de los coches eléctricos está elevando su precio hasta cotas insospechadas. Si en 1998 una tonelada del metal alcalino se vendía a 1.670 euros, hoy en día, su precio supera los 8.000 euros. Y no está previsto que la demanda deje de crecer. «El litio se beneficia de un mercado de vehículos eléctricos cada vez mayor. En enero, su precio era un 90% más alto que en el mismo mes del año anterior. En lo que respecta a los próximos 18 meses, seguiremos viendo incrementos en el precio», explica por correo electrónico K.C. Chang, economista senior de la consultora IHS Markit.

Según datos del banco norteamericano, en 2025 la demanda de litio será 11 veces mayor que ahora. Y el responsable no es otro que el cambio climático. Los problemas de contaminación que sufren grandes ciudades de todo el mundo, como París o Pekín, están empujando a las autoridades a promocionar el uso de vehículos eficientes. Si a eso le unes los avances tecnológicos que posibilitan que un automóvil como el Tesla Model S pueda circular hasta 320 kilómetros con una sola recarga, el futuro del sector automovilístico pasa por empezar a fabricar los coches eléctricos que poblarán las urbes del mañana.

«En 2025, los coches eléctricos y los híbridos «plug-in» (equipados con una batería además de un motor de combustión interna) constituirán el 40% de las nuevas matriculaciones. Es decir, cada año cerca de 40 millones de los coches que entrarán en el mercado necesitarán una batería», estima un estudio de la consultora AlixPartners. En julio del año pasado, Tesla inauguró en estado norteamericano de Nevada la planta Gigafactory, con el propósito de producir baterías de litio para 500.000 coches eléctricos en los próximos cinco años.

«Dieselgate»

Al avance tecnológico y la cada vez mayor concienciación de la sociedad con el clima, hay que sumar el escándalo protagonizado por el gigante alemán Volkswagen que, presuntamente, trucó las emisiones de los vehículos diésel para burlar los límites legales permitidos por la legislación, y que ha contribuido a fortalecer el mercado de los coches eléctricos. «El coste de los ajustes necesarios para que los vehículos diésel cumplan con los límites de emisión de dióxido de nitrógeno es elevado. Éste es el motivo por el que esperamos que la cuota de diésel se vaya reduciendo en favor de los vehículos eléctricos en Europa», apunta Vijay Subramanian, responsable de Cumplimiento en IHS Markit.

De este modo, mientras los motores eléctricos irán reduciendo de forma paulatina su precio, a medida que la tecnología permita construir baterías más baratas y duraderas, producir motores diésel que cumplan con las reglas conllevará grandes inversiones. Se calcula que mientras hoy en día un coche eléctrico es un 45% más caro que un diésel, en 2025 esta diferencia se reducirá hasta un 5%, según los datos de AlixPartners.

China es con diferencia el mayor comprador de litio del mundo, un material indispensable para fabricar los millones de dispositivos móviles y tabletas que se producen cada año en el gigante asiático. Gracias al respaldo de las agresivas políticas gubernamentales, las empresas de baterías chinas han empezado a liderar una industria dominada desde los años 80 del siglo pasado por fabricantes surcureanos y japoneses como Panasonic, que desarrolla células fotovoltaicas para los coches Tesla. En 2013, China superó, por primera vez, a Corea como mayor proveedor mundial de baterías de litio para dispositivos electrónicos, según Goldman Sachs.

Si bien China es el principal demandante de este metal, hace falta desplazarse muchos kilómetros al este, hasta Bolivia, para encontrar las mayores reservas de litio. Se encuentran en el Salar de Uyuni, en lo profundo de los Andes bolivianos, que hoy en día conforman el desierto de sal más grande del planeta. Abarca un total de 10.500 kilómetros cuadrados y alberga cerca de 40 millones de toneladas, según los datos del US Geological Surbey. Pese a la abundancia del material, el país que dirige Evo Morales apenas ha logrado sacar valor de este preciado metal. Quien sí ha sabido capitalizar sus grandes yacimientos ha sido Chile. El país suramericano es el principal productor del mundo, con una cuota de mercado del 33%, gracias a reservas como la del Salar de Atacama, la segunda mayor descubierta hasta la fecha. En la intersección de las fronteras de estos dos estados y Argentina, el tercero en discordia en el prometedor negocio del litio, en lo que han acordado en denominar el «Triángulo del litio», se encuentra la mayoría de las reservas mundiales del material. Una oportunidad para Sudamérica de convertirse en los reyes de la «nueva gasolina».

Fuente: http://www.larazon.es/