El aumento de la demanda global por minerales críticos y el mayor consumo energético del sector están empujando a la minería chilena a redefinir su estrategia. En ese escenario, la eficiencia energética, la integración de energías renovables y la digitalización de las operaciones aparecen como ejes cada vez más relevantes para la competitividad y la sostenibilidad.
Mayor consumo y presión sobre la operación
La industria minera enfrenta una transformación marcada por yacimientos de mayor complejidad, procesos más intensivos y exigencias ambientales y sociales crecientes. En ese contexto, la energía pasó a ocupar un lugar central en la planificación y desarrollo de los proyectos, en un país que mantiene una posición de liderazgo en la producción de cobre y litio.
Las proyecciones de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) refuerzan esa tendencia. En su informe “Proyección del consumo eléctrico en la minería del cobre 2023-2034”, el organismo estima un crecimiento sostenido del consumo eléctrico del sector hacia 2034, impulsado principalmente por factores operacionales y geológicos. En esa línea, la energía deja de ser vista solo como un insumo y pasa a ser una variable estratégica del negocio.
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“El desafío energético de la minería ya no es solo técnico, sino estratégico”, afirma Orlando Lara, SAM MMM Regional Segment & Innovation HUB SAM en Schneider Electric. El ejecutivo agrega que la forma en que las compañías gestionen su consumo tendrá un impacto directo en su desempeño operacional y en su relación con el entorno.
Eficiencia, electrificación y datos en el centro de la estrategia
La discusión en la industria ha evolucionado desde cuánto se consume hacia cómo se consume la energía. En ese marco, la eficiencia energética, la electrificación de procesos, la integración de fuentes renovables y la digitalización se consolidan como elementos clave para sostener la productividad y la competitividad, mientras la automatización, la gestión inteligente de activos y la toma de decisiones basadas en datos ganan espacio en las faenas.
A ello se suma una mayor presión de comunidades, inversionistas y mercados financieros, que evalúan con más rigor los criterios ambientales, sociales y de gobernanza, elevando la relevancia del uso responsable de la energía y de la reducción de la huella de carbono en la sostenibilidad de largo plazo del sector.
Lara sostiene que el reto no se limita al origen de la energía. “El verdadero valor está en cómo se integra la tecnología y se utilizan los datos para optimizar consumos, mejorar la confiabilidad y aumentar la resiliencia de las operaciones”, plantea.
Desde la industria tecnológica también se subraya la necesidad de abordar esta transición con una mirada colaborativa y de largo plazo. En ese marco, Schneider Electric fue reconocida por TIME y Statista como la empresa más sostenible del mundo, mientras Corporate Knights volvió a ubicarla en el primer lugar de su ranking Global 100.
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