Cobre vuelve a encender las alertas en la economía chilena luego de caer a su nivel más bajo del año, cotizándose en torno a los US$ 5,36 por libra y acercándose peligrosamente a territorio de mercado bajista. El retroceso, cercano al 20% desde su máximo histórico de US$ 6,28 alcanzado en enero, coincide con un escenario internacional adverso marcado por la escalada del petróleo, que llegó a rozar los US$ 120 por barril. Este cambio de tendencia ocurre en un momento particularmente sensible para Chile, cuya dependencia del metal rojo sigue siendo estructural, tal como se analiza en el rol del cobre en el desarrollo económico del norte. La combinación de menor precio del cobre y mayor costo energético plantea un desafío directo para las cuentas fiscales, el tipo de cambio y la actividad productiva.
Del rally histórico a una corrección profunda
El cobre venía de un ciclo alcista excepcional. Entre noviembre de 2025 y enero de 2026, el metal acumuló un alza cercana al 35%, impulsado por expectativas de escasez estructural, mayor demanda asociada a la inteligencia artificial y tensiones en la oferta global.
Ese impulso llevó a la libra a superar los US$ 6, alcanzando un peak de US$ 6,28 el 29 de enero. Sin embargo, el escenario cambió abruptamente. La caída actual, cercana al 20%, lo sitúa al borde de lo que en los mercados se define como “bear market”, reflejando una corrección significativa tras un periodo de fuerte especulación.
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Petróleo caro y menor crecimiento: la doble presión
El factor clave detrás de esta corrección es el deterioro del contexto internacional. El conflicto en Medio Oriente ha elevado el precio del petróleo de niveles bajo US$ 70 a cerca de US$ 110–120 por barril, generando un impacto directo en la actividad económica global.
El encarecimiento del crudo actúa como un freno para la economía mundial:
- Aumenta los costos de energía y transporte
- Reduce la producción industrial
- Desincentiva la inversión
- Enfría la demanda por materias primas
Dado que el cobre es altamente sensible al ciclo económico, una desaceleración global se traduce rápidamente en menor demanda y presión a la baja en su precio.
Tipo de cambio y demanda global: efectos encadenados
Otro factor relevante es el comportamiento del dólar. Cuando el petróleo sube, la moneda estadounidense tiende a fortalecerse, lo que encarece el cobre para compradores que operan en otras divisas como el euro o el yuan.
Este efecto tiene dos consecuencias directas:
- Reduce la demanda internacional por cobre
- Presiona aún más el precio a la baja
Además, señales de desaceleración en China —principal consumidor mundial— han debilitado las expectativas de consumo industrial, profundizando la corrección.
Impacto directo en la economía chilena
Para Chile, el escenario es particularmente complejo. El cobre representa cerca del 50% de las exportaciones del país, por lo que su precio incide directamente en:
- Ingresos fiscales
- Tipo de cambio
- Balanza comercial
- Inversión minera
Una caída sostenida del metal rojo implica menores ingresos de divisas y mayor presión sobre el peso, en un contexto donde además los costos energéticos van al alza.
¿Cambio de tendencia o ajuste temporal?
Pese a la magnitud de la caída, algunos analistas sostienen que se trata de una corrección más que de un cambio estructural. Argumentan que el mercado venía con un alto componente especulativo y que un ajuste era esperable.
En ese sentido, los fundamentos de largo plazo —como la transición energética, la electrificación y la demanda por tecnologías intensivas en cobre— se mantienen vigentes, lo que podría sostener los precios en el mediano plazo.
Un escenario de alta volatilidad
La evolución del cobre en las próximas semanas dependerá en gran medida de factores externos, especialmente del comportamiento del petróleo, la evolución del conflicto en Medio Oriente y las señales de crecimiento en China.
Por ahora, el metal rojo enfrenta un escenario de alta volatilidad, donde la combinación de precios energéticos elevados y menor dinamismo económico global pone presión sobre uno de los pilares fundamentales de la economía chilena.
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