El rápido avance de la Inteligencia Artificial (IA) está transformando no solo la economía digital, sino también los sistemas de abastecimiento energético global. Según un nuevo estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI), la creciente demanda de los centros de datos asociados a esta tecnología ya excede el consumo eléctrico de Francia y se aproxima al de Alemania, evidenciando un impacto material significativo.
Un consumo energético sin precedentes
El estudio realizado por Thijs Van de Graaf, investigador del FMI, revela que actualmente los centros de datos representan aproximadamente el 1,5% del suministro eléctrico mundial, cifra comparable al consumo de energía del Reino Unido y superior al de Francia. Aunque la IA contribuye solo con una fracción de este porcentaje, su ritmo de crecimiento proyecta un impacto mucho mayor en los próximos años. Según el informe, entrenar un modelo de lenguaje avanzado puede requerir tanta electricidad como la que utilizan decenas de miles de hogares en un año.
Pese a los beneficios relacionados con la optimización energética en otros sectores, el informe subraya los retos que supone este incremento de la demanda eléctrica. Por ejemplo, en Estados Unidos y Japón, los centros de datos podrían absorber cerca del 50% de la nueva demanda eléctrica hacia 2030. Irlanda se posiciona como un caso paradigmático, con estas instalaciones consumiendo ya más del 20% de la electricidad total del país.
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- 50% de la nueva demanda eléctrica: Estados Unidos y Japón hacia 2030.
- 20% de la electricidad: consumo actual de centros de datos en Irlanda.
Impacto en recursos naturales y estructura geopolítica
Además de electricidad, los centros de datos requieren grandes cantidades de agua para refrigeración, lo que agrava tensiones en regiones con estrés hídrico, como Arizona en Estados Unidos o España. Según el estudio, la dependencia de materiales críticos, como cobre y silicio, también es alarmante. Para 2030, se estima que estas instalaciones consumirán unas 500.000 toneladas métricas de cobre al año, equivalentes a la producción anual de una mina de tamaño medio.
En paralelo, la cadena de suministro de hardware esencial para la IA se concentra en regiones estratégicas, como Taiwán, donde la empresa TSMC produce la mayor parte de los semiconductores avanzados del mundo. Este monopolio ha intensificado la competencia geopolítica entre grandes potencias. Estados Unidos y China destacan en esta rivalidad, implementando medidas como restricciones comerciales y subsidios a la industria local.
- 500.000 toneladas métricas de cobre: demanda proyectada para 2030.
- TSMC: principal productor mundial de semiconductores avanzados.
- Restricciones comerciales: confrontación entre Estados Unidos y China.
La paradoja de Jevons y la falta de transparencia
Aunque el desarrollo tecnológico ha generado avances en la eficiencia, como nuevas series de procesadores y modelos optimizados, el estudio advierte sobre la conocida «paradoja de Jevons»: la eficiencia puede llevar a un aumento del uso total de recursos. Además, la industria carece de transparencia en cuanto a su consumo real de electricidad, agua y minerales, lo que dificulta la planificación de infraestructura y la sostenibilidad energética.
Como concluye el FMI, abordar estos desafíos dependerá de la capacidad de los gobiernos para ejecutar políticas integradas en energía, digitalización y gestión de recursos naturales. De lo contrario, el impulso hacia una economía basada en la inteligencia artificial podría comprometer la equidad en el acceso a recursos básicos, así como la estabilidad de los sistemas energéticos en las próximas décadas.
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