La formación de monitores ambientales quechua comenzó en la Vertiente 11 del Salar de Ascotán, con un programa impulsado por Minera El Abra junto a la comunidad de Ascotán. La iniciativa capacita a 10 personas en herramientas técnicas, culturales y territoriales para el monitoreo comunitario del entorno.
¿Qué incluye el programa en la Vertiente 11?
El curso forma parte del convenio de colaboración que Minera El Abra mantiene con la comunidad de Ascotán y fue solicitado por la propia comunidad para avanzar en capacidades locales de observación ambiental. Según la información publicada por Minera El Abra sobre el inicio del programa en Ascotán, las clases combinan saberes ancestrales con ciencia aplicada en terreno.
La capacitación considera la participación de profesionales de la consultora Inesla, quienes abordarán parámetros de evaluación de los componentes agua-suelo y flora-fauna. El trabajo se desarrolla en la Vertiente 11, un punto relevante dentro del Salar de Ascotán y asociado a iniciativas previas de gestión y observación ambiental en la zona.
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El antecedente se suma al trabajo ya informado sobre el plan de manejo ambiental del Salar de Ascotán, que ha incluido visitas técnicas participativas y seguimiento de componentes del ecosistema en coordinación con comunidades del territorio.
¿Qué aprenderán los monitores ambientales?
Las y los participantes conocerán en terreno métodos para evaluar y medir el pH de un cuerpo de agua, la velocidad de un caudal y técnicas para identificar especies presentes en la Vertiente 11 y en el Salar de Ascotán.
La bióloga Ignacia Concha explicó que el objetivo es apoyar una mirada más rigurosa sobre el entorno. “Tratamos de ayudarlos a tener un ojo más crítico en la identificación de la fauna y los otros componentes”, señaló.
El ingeniero agroindustrial José Manuel Rejas indicó que la formación también busca mostrar que el cuidado del territorio puede realizarse con herramientas accesibles. “El objetivo es demostrar que con equipos que no son de difícil acceso se puede lograr un mantenimiento y cuidado responsable del entorno”, afirmó.
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¿Por qué la comunidad pidió esta capacitación?
El programa fue requerido por la comunidad para monitorear por cuenta propia la situación de la vertiente. Esa definición sitúa la capacitación en un ámbito de participación comunitaria directa, con foco en capacidades locales para observar cambios, registrar condiciones y transmitir conocimientos dentro del propio territorio.
Entre las alumnas, Mónica Muraña valoró el vínculo entre aprendizaje y pertenencia territorial. “Es un programa fantástico que te ayuda a conocer en profundidad el lugar de dónde vienes”, dijo.
Safiro Meruvia sostuvo que la experiencia le permitió reforzar el cuidado del entorno. “Me sirvió mucho para valorar la zona, protegerla más y transmitir lo aprendido al resto de mi familia y comunidad”, señaló.
La dimensión comunitaria también se relaciona con otras acciones de formación y transferencia de conocimiento en el Alto El Loa, como la actividad sobre minerales característicos en Cebollar-Ascotán, que abordó la relación entre geología, experiencia local y saberes ancestrales.
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¿Cómo se vincula con el monitoreo ambiental del Salar de Ascotán?
La Vertiente 11 aparece en registros ambientales públicos asociados a la unidad fiscalizable El Abra. En el Sistema Nacional de Información de Fiscalización Ambiental, la SMA consigna un informe de implementación del Plan de Manejo Ambiental Vertiente 11, Salar de Ascotán, con seguimiento semestral y antecedentes ligados al componente de flora y vegetación terrestre.
El trabajo ambiental en Ascotán también se cruza con la discusión hídrica de la operación. En antecedentes publicados previamente, Minera El Abra ha sido vinculada al uso de agua proveniente del Salar de Ascotán y a medidas de eficiencia operacional, incluyendo el reporte sobre recirculación de agua en la faena.
En paralelo, la compañía mantiene en carpeta una expansión de gran escala en la Región de Antofagasta. El proyecto informado considera una nueva arquitectura hídrica y energética, con una planta desaladora, acueducto y líneas de transmisión, dentro del análisis sobre la expansión de US$7.500 millones de Minera El Abra.



