Por Ignacio Santelices, gerente de Sustentabilidad de Fundación Chile
Con la entrada en vigencia del etiquetado de Eficiencia Energética (EE) para refrigeradores en 2007 -siendo la letra A, la más eficiente- las marcas importadas obtuvieron letra B, mientras que las locales cayeron en categoría D. Por eso las nacionales, tomaron rápidamente medidas y cambiaron el burlete (goma) de la puerta por uno de mejor calidad, con lo que obtuvieron la letra “B”. Este simple cambio incentivó a los hogares a comprar estos artefactos, logrando ahorrar $50.000 anuales en la cuenta de la luz.
Cuando en 2018 surgió la etiqueta de lavadoras, varias de las que eran energéticamente más eficientes, dejaban la ropa sucia. Eso pasó porque la eficiencia se medía por el gasto de energía por kilo de ropa lavado y varias marcas estaban sobredimensionando la carga máxima de sus lavadoras. Dado que el resultado no era óptimo, se unificó el criterio para medir la carga máxima entre estos electrodomésticos.
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