La guerra en Medio Oriente está generando un shock económico global de gran magnitud, según advirtió el Banco Mundial en su más reciente informe Commodity Markets Outlook. A dos meses del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, el organismo alertó sobre efectos “graves” en empleo, crecimiento, inflación y deuda, con un impacto desproporcionado en los países más vulnerables. En este escenario, el alza de los precios de la energía —que proyecta un incremento de 24% en 2026— se posiciona como el principal detonante de una cadena de efectos económicos que ya comienzan a reflejarse en los mercados, fenómeno que se relaciona con el comportamiento del precio del petróleo y su influencia en la economía global.
Crisis energética y disrupción del suministro
Uno de los principales focos de preocupación es la interrupción del suministro de crudo, especialmente en el Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 35% del comercio mundial de petróleo transportado por mar. Los ataques a infraestructura energética y las restricciones al transporte marítimo han provocado una reducción inicial cercana a los 10 millones de barriles diarios.
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Aunque los precios han mostrado cierta moderación tras los máximos alcanzados en abril, el crudo Brent se mantiene más de un 50% por encima de los niveles de inicio de año. Para 2026, el Banco Mundial proyecta un precio promedio de US$86 por barril, frente a los US$69 estimados para 2025.
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Inflación, deuda y mayor presión sobre economías vulnerables
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El economista jefe del organismo, Indermit Gill, advirtió que el conflicto está impactando la economía global en múltiples etapas: primero a través de la energía, luego en alimentos y finalmente en inflación, elevando las tasas de interés y encareciendo la deuda.
En este contexto, la inflación en economías en desarrollo alcanzaría el 5,1% en 2026, superando las estimaciones previas. Este escenario afecta especialmente a los sectores más pobres, que destinan una mayor proporción de sus ingresos a bienes básicos.
Fertilizantes y riesgo para la seguridad alimentaria
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El informe también alerta sobre un fuerte aumento en los precios de los fertilizantes, que subirían un 31% en 2026, impulsados por un alza del 60% en la urea. Esta situación podría deteriorar la productividad agrícola y aumentar los riesgos de inseguridad alimentaria.
Según el Programa Mundial de Alimentos, hasta 45 millones de personas adicionales podrían caer en condiciones de inseguridad alimentaria aguda si el conflicto se prolonga, lo que refuerza la dimensión social de la crisis.
Cobre y metales en máximos históricos
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En contraste, el Banco Mundial proyecta un escenario favorable para los metales, anticipando máximos históricos en cobre, aluminio y estaño, impulsados por la demanda estructural de sectores como la electromovilidad y las energías renovables.
Este punto resulta especialmente relevante para Chile, principal productor mundial de cobre, ya que podría beneficiarse de precios elevados en un contexto de alta demanda global. Esta tendencia se alinea con el análisis del mercado del cobre y su rol estratégico en la transición energética.
Menor crecimiento y alta volatilidad
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El informe proyecta una desaceleración del crecimiento global, con economías en desarrollo expandiéndose un 3,6% en 2026, lo que representa una revisión a la baja respecto de estimaciones previas.
Además, advierte que:
- El 70% de los países importadores de commodities crecerá menos de lo esperado
- Más del 60% de los exportadores también verá afectadas sus proyecciones
- La volatilidad del petróleo en contextos geopolíticos es el doble que en períodos normales
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Estos efectos generan impactos en cadena sobre otros mercados, incluyendo el gas natural y los fertilizantes, amplificando las presiones inflacionarias.
Llamado a políticas fiscales focalizadas
Frente a este escenario, el economista Ayhan Kose recomendó evitar medidas fiscales generalizadas, señalando que podrían distorsionar los mercados y debilitar la sostenibilidad fiscal.
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En su lugar, planteó la necesidad de implementar apoyos focalizados y temporales dirigidos a los hogares más vulnerables, como una forma de mitigar el impacto social sin comprometer las finanzas públicas.
Un shock global con efectos persistentes
El Banco Mundial concluye que la actual crisis representa una de las mayores perturbaciones en los mercados de commodities en décadas. La combinación de conflicto geopolítico, disrupciones en la oferta y alta volatilidad configura un escenario complejo, donde los efectos podrían extenderse durante varios años.
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En este contexto, la evolución del conflicto en Medio Oriente será determinante para la estabilidad económica global, mientras los países enfrentan el desafío de equilibrar crecimiento, inflación y protección social.
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