Un reciente estudio publicado en la Universidad de Chile indica que, al ritmo actual, el país alcanzaría los niveles de un país desarrollado en 50 años más. Esta proyección, frustrante para las actuales y futuras generaciones, nos obliga a reflexionar sobre el estancamiento económico que limita nuestras oportunidades y posibilidades de progreso. Es hora de dejar atrás las postergaciones y activar el potencial que tiene Chile, sus regiones y especialmente la Región de Atacama.
La falta de dinamismo económico no solo afecta el desarrollo material, sino que también limita las soluciones a las demandas sociales más urgentes en salud, educación y seguridad, entre otros. Necesitamos un cambio de rumbo que priorice la inversión, la innovación y la creación de valor.
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¿Cómo podemos lograrlo? La respuesta pasa por no frenar el crecimiento creando cortapisas. Se requiere un compromiso real del Estado, los gobiernos, las empresas y la sociedad civil, impulsando una alianza público-privada que genere las condiciones necesarias para el desarrollo.
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