Jornada laboral de 42 horas comenzó a regir este lunes 27 de abril en Chile, marcando un nuevo hito en la implementación gradual de la Ley de 40 Horas. La medida, que reduce desde 45 a 42 horas la jornada semanal, introduce cambios inmediatos en la organización del trabajo, en los contratos laborales y en los derechos exigibles por parte de millones de trabajadores del sector privado. Aunque el objetivo final es alcanzar las 40 horas en 2028, esta segunda etapa ya establece obligaciones concretas para los empleadores, especialmente en la distribución del tiempo de trabajo y en la prohibición de afectar las remuneraciones. El ajuste no es automático en todos los casos: requiere acuerdos o, en su defecto, la aplicación de reglas claras definidas por la normativa vigente, bajo la supervisión de la autoridad laboral.
Cómo se ajusta la jornada y qué pasa si no hay acuerdo
Uno de los principales cambios es la reducción efectiva de tres horas semanales respecto del régimen anterior. En empresas donde no exista acuerdo entre empleador y trabajador sobre cómo distribuir esta rebaja, la normativa establece un mecanismo obligatorio: se deben descontar dos horas completas en dos días distintos de la semana.
Esto implica que:
- No se permite fraccionar la reducción en minutos diarios (por ejemplo, salir 24 minutos antes cada día).
- La disminución de la jornada debe ser visible y concreta en días específicos.
- El empleador debe aplicar esta fórmula en ausencia de acuerdo formal.
Este criterio busca evitar prácticas que diluyan el beneficio de la reducción horaria y asegurar un impacto real en la calidad de vida de los trabajadores.
Quiénes están incluidos y qué excepciones existen
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La nueva jornada laboral aplica a la gran mayoría de los trabajadores del sector privado regidos por el Código del Trabajo, incluyendo:
- Trabajadores dependientes en empresas privadas.
- Trabajadores de casa particular.
Sin embargo, existen excepciones relevantes:
- Funcionarios públicos, quienes se rigen por el Estatuto Administrativo.
- Trabajadores independientes o a honorarios.
- Cargos de alta dirección o de confianza, bajo el artículo 22 inciso segundo, cuyo uso ahora queda más restringido.
Este último punto es clave: la normativa limita la posibilidad de excluir trabajadores del control horario, reservándolo solo para funciones donde no exista supervisión directa.
Flexibilidad horaria: un nuevo derecho para cuidadores
La ley también introduce mecanismos de flexibilidad laboral. Padres, madres y tutores legales de niños menores de 12 años pueden solicitar ajustes en su jornada mediante bandas horarias.
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Esto permite:
- Adelantar o retrasar hasta una hora el inicio de la jornada laboral.
- Ajustar la hora de salida en la misma proporción.
- Solicitar formalmente este beneficio al empleador.
El empleador solo puede rechazar esta solicitud si acredita que las funciones del trabajador no permiten dicha flexibilidad, lo que debe estar debidamente justificado.
Remuneraciones: reducción de horas sin rebaja salarial
Uno de los aspectos más relevantes de la reforma es la protección de los ingresos. La legislación establece de manera explícita que la reducción de la jornada laboral no puede implicar una disminución de las remuneraciones.
En consecuencia:
- El sueldo debe mantenerse intacto pese a trabajar menos horas.
- Cualquier rebaja salarial asociada a este cambio constituye una infracción grave.
- Los trabajadores pueden denunciar estas situaciones ante la Inspección del Trabajo.
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Este principio busca asegurar que el beneficio de la reducción horaria no se traduzca en una pérdida económica para los trabajadores, reforzando el objetivo de mejorar el equilibrio entre vida laboral y personal sin afectar los ingresos.
Implementación gradual hacia las 40 horas
La entrada en vigencia de la jornada de 42 horas forma parte de un proceso escalonado que culminará en 2028, cuando la jornada semanal se reduzca a 40 horas. Este enfoque progresivo permite a las empresas adaptar sus operaciones y a los trabajadores internalizar los cambios en sus rutinas laborales.
Con esta nueva etapa, Chile avanza en una de las reformas laborales más relevantes de los últimos años, con impactos directos tanto en la productividad como en la calidad de vida de la fuerza laboral.



