Un reciente informe revela la creciente brecha económica entre los conductores de vehículos de gasolina y eléctricos en Europa, destacando cómo la transición hacia la electrificación podría transformar radicalmente el panorama energético y económico del continente. Según los datos, los costos de operar un automóvil de gasolina podrían ser hasta cinco veces mayores en comparación con un vehículo eléctrico en escenarios de crisis petrolera.
Impacto económico de la dependencia del petróleo
La dependencia del petróleo representa una vulnerabilidad económica significativa para Europa. El costo de recorrer 100 kilómetros en un vehículo de gasolina puede situarse en 14,20 euros en contextos de tensión internacional, como el conflicto con Irán, mientras que el mismo trayecto en un vehículo eléctrico apenas alcanza los 6,50 euros. Este análisis también señala que las fluctuaciones en los precios de la electricidad tienen un impacto mucho menor que las oscilaciones internacionales del petróleo, con un incremento de solo 0,70 euros para los eléctricos frente a 3,80 euros para los de gasolina.
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En el caso de las flotas corporativas, cuyos vehículos suelen recorrer largas distancias, la diferencia es aún más notoria. Los conductores de automóviles de gasolina podrían gastar hasta 89 euros adicionales al mes, mientras que los eléctricos únicamente sumarían 16 euros en el mismo periodo. Este panorama confirma que los costos asociados a los combustibles fósiles representan una desventaja económica significativa.
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Europa y la factura del transporte por carretera
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Europa continúa siendo altamente dependiente de sus importaciones de petróleo para el transporte por carretera. En 2025, el continente compró cerca de 1.000 millones de barriles por un valor total de 67.000 millones de euros, lo que subraya la magnitud de esta erogación. Sin embargo, los avances ya se están notando gracias a los 8 millones de vehículos eléctricos en uso, los cuales evitaron la importación de 46 millones de barriles y ahorraron cerca de 2.900 millones de euros.
A pesar de estos avances, esta cifra sigue siendo insuficiente. Diversos actores apuntan a la necesidad de acelerar la reducción de emisiones, especialmente a través del plan conocido como Automotive Package, que establece objetivos claves para 2030 y 2035. Se estima que mantener o aumentar estas metas podría reducir las importaciones de petróleo en unos 45.000 millones de euros entre 2026 y 2035.
El rol de las flotas corporativas en la transición
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Las flotas empresariales juegan un papel crucial en esta transición debido a su peso en el mercado automotriz europeo. Representan una gran proporción de las ventas anuales y, más importante, alimentan el mercado de vehículos de segunda mano, una opción vital para hogares con menos recursos.
Se prevé que una mayor electrificación de estas flotas podría introducir hasta 3,6 millones de vehículos eléctricos adicionales en el mercado de ocasión para 2035. Esto no solo aceleraría la transición hacia un parque automovilístico más sostenible, sino que también haría más accesible la electrificación para una mayor parte de la población. Una transformación silenciosa, pero con efectos a largo plazo significativos tanto en la economía como en el medio ambiente.



