Baterías de litio y “químicos eternos” rara vez aparecen en la misma frase, pero un equipo de la Universidad de Chicago acaba de conectar ambos mundos con un resultado que llamó la atención de la industria ambiental: degradar PFAS en agua a niveles que, hasta ahora, se consideraban difíciles de sostener sin rutas agresivas o incompletas. En un estudio publicado el 20 de enero de 2026 en Nature Chemistry, los investigadores reportan cerca de 94% de desfluoración y 95% de degradación del PFOA, uno de los PFAS más estudiados y persistentes, sin generar las moléculas de cadena corta que suelen complicar la remediación. La clave fue convertir lo que normalmente se considera un “fracaso” —la degradación de componentes en baterías— en una ventaja química: recrear ese ambiente altamente reductor dentro de un sistema electroquímico controlado. El resultado, además, apunta a un formato modular, potencialmente desplegable en terreno, una idea especialmente sensible para territorios donde el tratamiento de corrientes de agua y residuos industriales se juega en escalas locales y con urgencias sanitarias crecientes.
De la falla a la solución: la química que rompe enlaces casi “irrompibles”
El corazón del método es una electrorreducción mediada por litio en electrolitos no acuosos, diseñada para evitar el problema clásico: cuando se intenta reducir PFAS en agua, muchas veces termina reduciéndose el agua antes que el contaminante. En cambio, al usar solventes con alta estabilidad reductora y electrodos de cobre tratados con litio, el sistema favorece la transferencia electrónica hacia el PFAS, acelerando la ruptura de los enlaces carbono-flúor que explican su fama de “forever chemicals”. En el paper, el equipo describe mineralización hacia fluoruro inorgánico (LiF) y expansión del alcance a decenas de compuestos: de 33 PFAS evaluados, 22 superaron 70% de degradación y algunos llegaron a 99%. El detalle técnico y las métricas están en el artículo Lithium metal-mediated electrochemical reduction of per- and poly-fluoroalkyl substances, mientras que la discusión del enfoque —y su origen en estudios de fallas de baterías— fue resumida por la propia universidad en Researchers use failed batteries to fight “forever chemicals”.
Implicancias para minería y agua en Chile: remediación más cerca del sitio
Para la minería, el mensaje va más allá de la novedad científica: si el modelo “reactor pequeño en sitio” se valida fuera del laboratorio, podría abrir una ruta para tratar corrientes específicas sin depender de megaplantas ni condiciones extremas, un punto relevante en faenas con restricciones hídricas y obligaciones crecientes de gestión ambiental. No es casual que Chile esté empujando soluciones de agua a gran escala —como muestra el debate sobre Antofagasta y el salto a una ciudad abastecida 100% con agua desalinizada—, mientras proyectos mineros refuerzan su narrativa de “responsabilidad hídrica”, un foco que aparece recurrentemente en desarrollos como Costa Fuego y su énfasis en agua y estándares de sustentabilidad. En paralelo, la conversación pública sobre acceso y calidad del agua sigue tensionada, y beneficios como el Subsidio de Agua Potable recuerdan que la dimensión social del recurso es inseparable de cualquier solución tecnológica que aspire a escalar.
Te puede interesar
Baterías de litio: Batería china logra operar con alta densidad energética incluso a −50 °C
Universidad de Stanford revoluciona baterías con capa de plata ultrafina de 3 nanómetros
Científicos desarrollan innovador método para baterías más duraderas y sostenibles
Escalamiento “site-ready”: lo que falta para pasar del paper al terreno
El propio atractivo del método —ser modular y operable sin altas temperaturas o presiones— también abre las preguntas difíciles: costos de energía, seguridad y recuperación del solvente no acuoso, vida útil de electrodos, y desempeño en matrices reales con sales, materia orgánica y mezclas complejas. En Chile, donde la agenda de transición energética empuja almacenamiento y electrificación, el contexto tecnológico no es menor: iniciativas como el mayor sistema de almacenamiento de energía en Latinoamérica ayudan a dimensionar el ritmo de adopción de infraestructura electroquímica, aunque remediación ambiental requiere validaciones distintas. Para que la promesa sea creíble en terreno, el camino más probable incluye hitos como:
- pruebas piloto con corrientes reales (no solo soluciones modelo);
- control de subproductos y balance de masa del flúor mineralizado;
- estrategias de recirculación y manejo seguro de electrolitos;
- evaluación económico-ambiental completa (energía, insumos y residuos).
En el trasfondo, la paradoja queda instalada: una química asociada al auge de materiales críticos —tema que REDIMIN ha seguido de cerca, por ejemplo con hallazgos de litio y rubidio de interés estratégico— podría terminar alimentando soluciones para uno de los problemas ambientales más complejos de la última década.
