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Chevron redobla su interés en Venezuela mientras las grandes petroleras de EE.UU. anotan sus menores ganancias en años

Chevron reafirma su interés en Venezuela, destacando el potencial de sus yacimientos y la posibilidad de aumentar su producción en un 50% en los próximos dos años, si se dan las condiciones adecuadas.

En un escenario marcado por la caída de los precios internacionales del crudo y un giro más prudente en las estrategias de inversión global, Chevron volvió a situar a Venezuela en el centro de su proyección estratégica, aun cuando la industria petrolera estadounidense enfrenta uno de sus periodos de menores beneficios en los últimos años. La señal contrasta con el desempeño financiero de las dos mayores petroleras de Estados Unidos, Chevron y Exxon Mobil, que en 2025 registraron sus utilidades anuales más bajas desde la pandemia.

El mensaje provino directamente desde la alta dirección de Chevron. En una entrevista, su directora financiera, Eimear Bonner, destacó el potencial de los activos petrolíferos venezolanos y subrayó que los yacimientos del país “tienen mucho espacio” para crecer. La ejecutiva reiteró que la compañía estaría dispuesta a incrementar en hasta un 50% su producción en Venezuela durante los próximos dos años, siempre que se den las condiciones regulatorias y contractuales adecuadas.

Chevron ocupa hoy una posición singular en el país sudamericano. A diferencia de otras petroleras internacionales que se retiraron tras las nacionalizaciones y conflictos regulatorios de la década pasada, la firma estadounidense mantuvo su presencia mediante empresas mixtas con la estatal PDVSA, lo que la ha convertido en el mayor productor privado de crudo en Venezuela. Según estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía, estos proyectos conjuntos aportan cerca de una cuarta parte de la producción nacional, aunque las cifras varían según la fuente.

El renovado interés corporativo se da en paralelo a un giro político. Tras la destitución del exmandatario Nicolás Maduro a comienzos de enero, el gobierno de Donald Trump ha instado a las petroleras estadounidenses a invertir hasta US$100.000 millones en Venezuela, con el objetivo de reactivar la industria energética del país y asegurar suministro hemisférico. En esa línea, la Asamblea Nacional venezolana aprobó recientemente una nueva ley de hidrocarburos que otorga mayor control operativo a las empresas extranjeras y podría reducir la carga fiscal sobre los proyectos.

Bonner señaló que Chevron revisará en detalle la nueva legislación, indicando que podría representar “un ejemplo de cómo Venezuela avanza para ser más competitiva”. No obstante, reconoció que para aumentar la producción hasta niveles cercanos a 250 mil barriles diarios, la compañía requerirá autorizaciones adicionales que permitan también recuperar deudas acumuladas.

El contraste con el resto de la industria es evidente. Exxon Mobil reportó una caída de 14% en sus beneficios anuales, que totalizaron US$28.800 millones, su menor nivel desde 2021. Chevron, en tanto, registró una contracción aún mayor: sus utilidades descendieron 30%, hasta US$12.300 millones. Ambas compañías atribuyeron el desempeño a la debilidad de los precios del petróleo y a un entorno de inversión más restrictivo, en el que el gasto global en exploración y producción podría caer hasta 15% este año, según la consultora Bernstein.

Desde Exxon, su director ejecutivo, Darren Woods, había calificado recientemente a Venezuela como “no invertible” debido a los riesgos políticos y de seguridad, aunque este viernes moderó su postura y señaló que algunos de esos obstáculos podrían resolverse con el tiempo. Aun así, dejó en claro que cualquier retorno requeriría evaluaciones técnicas profundas, especialmente considerando que el crudo venezolano es mayoritariamente pesado.

Pese a la cautela de los grandes productores, el interés no es uniforme. Empresas de servicios petroleros como Baker Hughes han manifestado entusiasmo por las oportunidades en Venezuela, aunque advierten que aumentar la producción exigirá inversiones sustanciales en infraestructura, integridad de pozos y suministro energético.

Así, mientras los resultados financieros de las grandes petroleras reflejan un ciclo a la baja, Venezuela vuelve a emerger como una apuesta estratégica de largo plazo para Chevron, en un delicado equilibrio entre oportunidad geológica, riesgos políticos y un mercado energético global cada vez más volátil.