Descarbonización marítima en Chile volvió a instalarse como una política de Estado tras un segundo encuentro de alto nivel realizado en Santiago, que reunió a actores públicos, privados y técnicos para ordenar prioridades en un escenario internacional de reglas aún en disputa. La discusión no se limita a metas ambientales: también apunta a la competitividad de una economía exportadora y geográficamente distante de sus mercados.
Por qué el transporte marítimo pasó de “tema sectorial” a asunto país
Chile depende estructuralmente de la logística marítima para mover carga minera e industrial, alimentos y productos forestales. En ese contexto, reducir emisiones en la cadena logística se conecta directamente con:
- Acceso a mercados con exigencias crecientes de huella de carbono.
- Costos futuros asociados a estándares globales y eventuales mecanismos de precio al carbono.
- Resiliencia operativa en puertos y flotas, frente a nuevas demandas de eficiencia energética y combustibles alternativos.
En paralelo, la agenda se alinea con proyectos que ya se discuten en el país: desde la factibilidad de corredores verdes en rutas específicas de carga hasta la preparación portuaria para abastecimiento de nuevos combustibles, como se revisa en el avance del Corredor Verde en Magallanes para transporte marítimo.
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Marco internacional: qué está pasando en la OMI y por qué importa a Chile
El transporte marítimo internacional se rige por la Organización Marítima Internacional. En octubre de 2025, la OMI acordó aplazar por 12 meses la adopción de enmiendas a MARPOL Anexo VI que incluyen el Net-Zero Framework, manteniendo el trabajo técnico intersesional para avanzar hacia un consenso. Ese marco considera dos piezas centrales: un estándar global de combustibles y un mecanismo de precios/emisiones para acelerar la reducción de gases de efecto invernadero, según el resumen oficial de la sesión extraordinaria MEPC/ES.2.
En la práctica, el retraso tensiona la planificación de inversiones y la preparación regulatoria de países exportadores. Para Chile, el punto crítico es anticipar exigencias que podrían impactar costos logísticos, contratos de flete y decisiones de renovación de flota.
Compromiso paralelo: la meta 2035 que Chile impulsó con 11 países
Más allá del debate marítimo, Chile ha empujado compromisos internacionales para recortar el consumo energético del transporte. En el marco de COP30, el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones informó el impulso de una iniciativa con una meta explícita: reducir en 25% la demanda de energía del sector transporte al 2035, junto con aumentar la participación de energías renovables y biocombustibles sostenibles, de acuerdo con la publicación oficial sobre indicadores para un transporte más limpio y resiliente.
Ese tipo de compromisos es relevante para el ámbito marítimo por una razón directa: parte de la reducción se juega en eficiencia logística, tecnología de propulsión y disponibilidad de combustibles con menor intensidad de carbono.
Combustibles sostenibles: hidrógeno verde y e-fuels como oportunidad industrial
El salto desde pilotos a adopción requiere demanda real. En el caso marítimo, el debate se centra en combustibles con capacidad de escalar y con compatibilidad progresiva con la infraestructura portuaria:
- Derivados del hidrógeno (como amoníaco o metanol bajo en carbono, según rutas tecnológicas).
- Combustibles sintéticos (e-fuels) para segmentos donde electrificación directa es inviable.
- Medidas de eficiencia operacional (rutas, velocidad, optimización digital) como puente inmediato.
En Chile, la conversación sobre oferta y demanda de combustibles sintéticos ya tiene antecedentes industriales: el acuerdo entre ENAP y HIF Global para avanzar en e-combustibles es una referencia concreta para entender cómo podría estructurarse un mercado local, con foco en sustitución gradual de combustibles y aprendizaje operacional.
El punto económico es simple: sin consumo doméstico en flota y puertos, la curva de costos y la estandarización tardan más. Por eso, la discusión del encuentro en Santiago puso foco en “usar primero en casa” como palanca para construir capacidades.
Puertos y logística: infraestructura, abastecimiento y eficiencia
La descarbonización marítima no es solo combustible: requiere rediseñar la logística portuaria y habilitar condiciones técnicas y comerciales para operar nuevas tecnologías. En esa línea, los desafíos suelen concentrarse en:
- Infraestructura portuaria: almacenamiento, seguridad, abastecimiento y procedimientos para nuevos combustibles.
- Cadena logística asociada: transporte interno, permisos, estándares operacionales.
- Eficiciencia energética: electrificación de equipos, digitalización de operaciones, reducción de tiempos de espera.
- Financiamiento: CAPEX inicial alto y necesidad de certeza regulatoria para contratos de largo plazo.
El desarrollo de infraestructura portuaria también se cruza con la competitividad logística general. Proyectos de expansión y modernización —como el que se describe en el impulso al megapuerto de San Antonio— se vuelven parte del tablero, porque cualquier estrategia de combustibles y eficiencia termina aterrizando en terminales, rutas de navegación y servicios asociados.
Qué se juega Chile en la discusión global: costos, acceso a mercado y timing regulatorio
La principal señal que dejó el aplazamiento en la OMI es que el sector seguirá operando con presión creciente, pero con momentos de incertidumbre regulatoria. En ese contexto, la diferencia no la marca “si” habrá reglas, sino cuándo y bajo qué diseño.
Sobre el punto específico del aplazamiento del marco net-zero, reportes de prensa internacional del sector han detallado la votación y las posiciones de países durante la sesión extraordinaria de octubre de 2025, en un contexto de desacuerdo sobre mecanismos de precio al carbono y estándares de intensidad de emisiones, según informó Argus Media sobre el resultado de la reunión de la OMI.
Hoja de ruta operativa: medidas que pueden acelerar implementación en Chile
Para pasar de coordinación a ejecución, el debate técnico suele converger en un set acotado de prioridades, con impacto directo en puertos, flota y regulación:
- Definir corredores y rutas prioritarias para pilotos (carga minera, químicos, acuicultura, forestal).
- Asegurar estándar de medición y reporte de emisiones en operaciones marítimo-portuarias.
- Diseñar esquemas de abastecimiento y permisos para nuevos combustibles en puertos seleccionados.
- Articular demanda temprana con operadores marítimos y empresas exportadoras.
- Coordinar incentivos e instrumentos públicos para CAPEX y reconversión tecnológica.
En el plano legislativo y de política industrial, el avance del hidrógeno y sus derivados también empieza a aparecer en agendas regionales y de reconversión productiva, como refleja el debate sobre H2V y expectativas de reconversión industrial en Biobío, donde el componente portuario es parte del caso de uso.
