Dinamarca, conocida por su liderazgo en energías renovables, enfrenta un creciente debate sobre la expansión de los parques solares en zonas rurales. Si bien la energía solar ha ganado protagonismo en la matriz eléctrica del país, diversas comunidades locales expresan su rechazo, afectando el respaldo político a futuros proyectos y exponiendo tensiones entre la transición verde y la protección de tierras agrícolas.
Avances en energía solar y oposición local
En los últimos años, la energía solar en Dinamarca ha incrementado significativamente su aporte, pasando del 4% en 2021 al 13% en 2025 dentro de la matriz eléctrica, según datos de la Danish Solar Association. Sin embargo, esta expansión ha generado resistencia en las regiones rurales, donde sectores de la población ven comprometidas las tierras agrícolas debido a la instalación de paneles solares.
El rechazo de las comunidades locales ha llevado a la cancelación o modificación de planes en municipios como Køge, Viborg y Samsø, un emblemático lugar en temas de energía renovable. Este desacuerdo se enmarca en un contexto donde apenas el 0,2% del suelo agrícola danés está destinado a paneles solares, y un tercio de su capacidad se instala sobre techos. A pesar de esto, líderes políticos como Inger Støjberg, de Los Demócratas de Dinamarca, se han posicionado contra el uso de tierras rurales para estos fines, abogando por que la energía solar se instale en áreas urbanas. “Decimos sí a los campos de trigo y no a los campos de hierro”, expresó Støjberg.
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- Los opositores mencionan el impacto visual de los paneles solares.
- Existen preocupaciones sobre el descenso en los precios inmobiliarios.
- Se percibe una pérdida de conexión con el entorno agrario.
Reacciones políticas y desafíos económicos
El descontento también se ha convertido en un eje de disputa electoral. Los Demócratas de Dinamarca, que no rechazan la transición ecológica pero critican su implementación sobre tierras agrícolas, han influido en el debate nacional. Según el investigador Lukas Slothuus, este partido logró canalizar estas preocupaciones hacia niveles más amplios de discusión política, enfrentándose a un contexto donde el 77% de los ciudadanos que consideran los proyectos de energía verde al votar apoya su desarrollo.
Además de la oposición social, el crecimiento de la energía solar ha generado retos económicos. Torsten Hasforth, economista jefe de Concito, advirtió que el aumento de la capacidad solar provoca precios negativos de electricidad en días de sobreoferta, lo que afecta la rentabilidad de proyectos solares. Este fenómeno se ve agravado por una lenta electrificación del consumo y la congestión de las redes eléctricas.
Por otra parte, algunos gobiernos locales han adoptado estrategias discretas para implementar proyectos, lo que Camilla Holbech de Green Power Denmark describe como “green hushing”. Sin embargo, el uso creciente de redes sociales también ha contribuido a visibilizar la oposición a la expansión solar, un cambio destacado por Henrik Stiesdal, figura clave de la energía eólica en el país.
En este contexto, Dinamarca enfrenta el desafío de equilibrar su liderazgo en energía renovable con el respeto a las comunidades rurales y los retos económicos asociados al crecimiento de la energía solar.
