El iceberg A23a, uno de los más grandes y antiguos de la historia, enfrenta sus últimos días tras una travesía de 40 años que ha fascinado a la comunidad científica y evidenciado los efectos del cambio climático en los hielos de la Antártica.
Un gigante de hielo en descomposición
El A23a, originado en 1986 tras desprenderse de la plataforma de hielo Filchner en la Antártida, llegó a ser el iceberg más grande del mundo, abarcando aproximadamente 4.000 km², el doble del tamaño del área metropolitana de Londres. Durante tres décadas permaneció atrapado en el lodo del mar de Weddell, movilizándose en 2020 hacia el Atlántico Sur, donde ha comenzado a desintegrarse debido a la exposición a aguas más cálidas.
Según el profesor Mike Meredith del Instituto Antártico Británico, la observación del A23a ha sido una experiencia única. “Ha sido un viaje extraordinario”, afirmó. Sin embargo, el coloso ahora no alcanza ni la mitad de su dimensión original y su fragmentación se ha acelerado significativamente en los últimos meses, con el desprendimiento de nuevos icebergs de gran tamaño, designados como A23g, A23h y A23i.
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- En 2025, A23a perdió una cuarta parte de su tamaño en un período de tan solo seis meses.
- A finales de 2025, su rápida desintegración se aceleró por grietas y procesos de hidrofractura inducidos por aguas cálidas.
Impacto climático y hallazgos científicos
El caso del A23a, que es observado incluso desde la Estación Espacial Internacional, ha servido como un “laboratorio natural itinerante” para estudiar los efectos de las temperaturas en aumento sobre los glaciares flotantes de la Antártida y las plataformas de hielo que son cruciales para la estabilidad de la capa de hielo polar.
Catherine Walker, de la Institución Oceanográfica Woods Hole, explicó que “podemos aprender mucho de cómo evolucionan estos grandes icebergs en condiciones más cálidas y luego intentar extrapolar ese conocimiento” a lo que se espera con las plataformas de hielo. A medida que el A23a reduce su tamaño —ahora estimado en 180 km²—, queda evidente que su desaparición refleja procesos naturales de deshielo, aunque acelerados por el cambio climático en regiones específicas.
- El A23a ha expuesto pistas clave sobre la interacción entre hielo y océano.
- Su disolución contribuye al entendimiento de las dinámicas del nivel del mar.
El camino final de un iceberg emblemático
En sus últimas dos semanas, el A23a ha recorrido 700 km hacia el noreste en el Atlántico Sur, moviéndose a una velocidad promedio de 2,7 km/h. Imágenes satelitales recientes muestran una gran fracturación hidráulica, lo que indica una posible desintegración repentina. Según el profesor Adrian Luckman de la Universidad de Swansea, es probable que los rastros del iceberg desaparezcan completamente en cuestión de semanas, marcando el fin de una era fascinante para la glaciología.
“Probablemente, en cuestión de semanas, como máximo, todos los rastros habrán desaparecido”, señaló Luckman, destacando que el A23a es el iceberg antártico más al norte actualmente rastreado y un testimonio vivo de cómo los cambios climáticos pueden remodelar las estructuras naturales más colosales de nuestro planeta.
