Seguridad minera volvió al centro del debate chileno con un dato difícil de relativizar: 2025 cerró con 15 fallecidos, el mayor nivel desde 2018, según el seguimiento de Sernageomin reportado por prensa económica nacional (ver cobertura de La Tercera Pulso). El contraste con el año previo es fuerte: el reporte de accidentabilidad minera 2024 consigna 9 accidentes fatales y 11 personas fallecidas (revisar el documento “Estadísticas de Accidentabilidad Industria Extractiva Minera Año 2024”). La señal es clara: la curva de mejora existe, pero no es automática, y la exposición sigue concentrándose en momentos y tareas de alto potencial. En paralelo, el Estado empuja ajustes al marco normativo: el Ministerio de Minería abrió una consulta ciudadana para modificar el Reglamento de Seguridad Minera (DS 132) (ver Resolución Exenta 1267 en LeyChile/BCN y la plataforma oficial de participación). En ese escenario, la tecnología ya no es “modernización” ornamental: se ha transformado en una barrera crítica para separar personas del peligro, siempre que se gobierne con disciplina y evidencia.

Dónde se concentra el riesgo: tránsito, roca y control de energías
La evidencia apunta a un patrón persistente: equipos móviles y transporte siguen estando en el centro de los eventos graves. A nivel laboral general, la SUSESO informó que 49% de los accidentes fatales del trabajo ocurrieron con participación de algún vehículo, un dato que ayuda a explicar por qué minería aceleró sistemas de anti-colisión, control de velocidad, geocercas y supervisión inteligente (ver el Informe Anual de Seguridad y Salud 2024 de SUSESO). En minería, el reporte oficial de accidentabilidad 2024 también detalla tipologías recurrentes y su distribución por tipo de instalación, reforzando la urgencia de controles críticos en rutas, patios, zonas de carguío y plantas (ver reporte Sernageomin 2024). A esto se suma el componente geomecánico —caída de rocas, inestabilidad y sostenimiento— donde los errores tienden a tener consecuencias inmediatas. El cambio de enfoque es clave: menos discusión sobre “acto inseguro” y más ingeniería del sistema (diseño de rutas, segregación de áreas, permisos de trabajo, control de energías peligrosas y verificación operacional) con trazabilidad y autoridad real para detener tareas.
Autonomía y operación remota: menos exposición, más gobernanza tecnológica
La barrera más visible es sacar a las personas de la “línea de fuego”. En esa dirección, BHP informó que Spence logró 100% de autonomía en su flota (33 camiones y 5 perforadoras), con cero incidentes reportados y una reducción de exposición a riesgos de seguridad de hasta 90% (ver el comunicado de BHP en español). La automatización, sin embargo, no equivale a riesgo cero: el riesgo se desplaza a la integración de sistemas, convivencia de equipos autónomos con flotas convencionales, mantenimiento, validación de sensores y gestión de eventos anómalos. Ese debate quedó expuesto cuando un sindicato de Escondida alertó por incidentes con camiones autónomos, poniendo el foco en protocolos y responsabilidades (ver reporte de Reuters, 27 de agosto de 2025). En Chile, REDIMIN ha seguido el avance de estas tecnologías destacando su impacto en seguridad y eficiencia, con foco en segregación y control de tránsito (ver nota de REDIMIN sobre camiones mineros autónomos).

Te puede interesar
Minera El Abra reconoció excelencia operacional de sus empresas colaboradoras

IA, sensores y ciberseguridad: del dato a la decisión que salva vidas
La segunda ola es menos visible, pero decisiva: analítica avanzada, visión computacional y monitoreo en tiempo real para anticipar fallas, intrusiones a zonas críticas, condiciones peligrosas y fatiga. El punto es que la data, por sí sola, no evita accidentes: debe activar decisiones con autoridad, registro y aprendizaje. A nivel global, el ICMM reportó 42 fallecidos en 2024 en empresas miembro, con una lectura que insiste en fortalecer la gestión de controles críticos y la disciplina operacional (ver “2024 safety performance” del ICMM). En Chile, además, la digitalización regulatoria avanza: herramientas como el Sistema Minero en Línea (SIMIN) de Sernageomin apuntan a mejorar trazabilidad y gestión documental, claves cuando se trata de fiscalización y cumplimiento. En 2026, la conversación inevitable suma un nuevo frente: ciberseguridad OT. Si un sistema gobierna tráfico, equipos, permisos o monitoreo geotécnico, su integridad pasa a ser parte del control de riesgos mayores.
- Checklist mínimo para que la tecnología sí mejore la seguridad
- Riesgo crítico definido (tránsito, sostenimiento, energía, izaje, tronadura).
- Segregación efectiva y geocercas en zonas mixtas (personas/equipos).
- Alarmas con protocolo: quién actúa, en cuánto tiempo y con qué registro.
- Mantenimiento y calibración obligatoria (sensores, radares, cámaras, telemetría).
- Gestión de cambios: cada actualización de software/firmware como cambio operacional.
- Ciberseguridad OT: segmentación de redes, monitoreo y respuesta.
- Indicadores auditables: reducción de exposición (horas-persona fuera del peligro) y “casi accidentes” investigados.
Te puede interesar:
- Centros de datos mineros podrían usar hasta 91% menos agua con enfriamiento líquido
- Atico Mining produce 2,09 millones de libras de cu y 2.108 onzas de UA en el primer trimestre de 2026
- First Quantum eleva meta de cobre a 475.000 toneladas pese a pérdida de US$196 millones

