El capital exploratorio se está moviendo hacia activos conocidos y zonas cercanas a operaciones existentes. La señal de fondo es clara: la industria busca menor riesgo, pero debilita la cartera de nuevos descubrimientos.
La minería global redujo de 40% a 21% la participación del presupuesto destinado a exploración generativa de nuevos depósitos durante las últimas dos décadas, según un análisis de GEM Mining Consulting elaborado con datos de la base global de exploración minera no ferrosa de S&P Global Market Intelligence.
El cambio confirma una tendencia estructural: las compañías están privilegiando la exploración cerca de minas existentes o sobre activos ya conocidos, en vez de asumir el mayor riesgo geológico y financiero de buscar nuevos yacimientos.
El capital se mueve hacia lo conocido
El estudio, desarrollado por Patricio Faúndez, líder de economía de GEM Mining Consulting, examina la evolución de la actividad exploratoria entre 2005 y 2025. En ese periodo, la exploración generativa perdió peso dentro del presupuesto total, pese a que en monto absoluto no cayó con fuerza.
En 2005, la inversión para exploración nueva llegó a cerca de US$2.000 millones. Para 2025, alcanzó US$2.600 millones. El cambio relevante está en la otra parte del presupuesto: la exploración no generativa, vinculada a activos conocidos, zonas brownfield o sectores cercanos a yacimientos en operación, pasó de US$3.000 millones a US$9.800 millones.
Ese movimiento elevó la participación de la exploración no generativa desde 60% a 79% del presupuesto total, mientras la generativa bajó desde 40% a 21%.
Los datos coinciden con el diagnóstico de S&P Global, que en su informe World Exploration Trends 2026 reportó que el presupuesto global de exploración minera no ferrosa llegó a US$12.400 millones en 2025, con la exploración grassroots en un mínimo histórico de 21% y la exploración en minas o zonas cercanas a operaciones existentes en un récord de 45%.
Datos clave
| Indicador | 2005 | 2025 |
|---|---|---|
| Participación de exploración generativa | 40% | 21% |
| Presupuesto de exploración generativa | US$2.000 millones | US$2.600 millones |
| Participación de exploración no generativa | 60% | 79% |
| Presupuesto de exploración no generativa | US$3.000 millones | US$9.800 millones |
| Presupuesto global de exploración no ferrosa | — | US$12.400 millones |
Menos riesgo, pero menos descubrimientos
La explicación central es económica y geológica. Explorar cerca de una mina existente ofrece una relación riesgo-retorno más atractiva: hay infraestructura, información histórica, equipos operativos, permisos más avanzados y una ruta más directa para convertir nuevos recursos en producción.
Para una compañía minera, extender mineralización alrededor de una operación activa compite mejor por capital interno que financiar una campaña generativa cuyo resultado puede tardar diez, quince o más años en monetizarse.
S&P Global también advierte que la industria profundizó en 2025 su foco sobre depósitos conocidos. El informe señala que la exploración en minas y zonas cercanas subió 13% hasta US$5.630 millones, mientras la exploración grassroots cayó 8% a US$2.570 millones.
La maduración de los yacimientos cambia la estrategia
El envejecimiento de los distritos mineros es parte del problema. Buena parte de los depósitos grandes, superficiales y de más fácil hallazgo ya fueron descubiertos en las principales jurisdicciones. Lo que queda suele estar a mayor profundidad, bajo cobertura o en ambientes geológicos más complejos.
Eso encarece la exploración temprana y reduce la probabilidad de éxito por dólar invertido. En ese escenario, las mineras optan por campañas brownfield o de continuidad operacional, donde el objetivo no es abrir una nueva frontera geológica, sino extender recursos, reemplazar reservas y sostener planes mineros existentes.
La propia S&P Global advierte que esta tendencia no resuelve el deterioro de las tasas globales de descubrimiento. Su reporte indica que, en promedio, un depósito tarda 16 años desde el descubrimiento hasta la producción, por lo que la baja inversión en etapas tempranas puede estrechar la cartera futura de proyectos.
Chile sigue en el mapa, pero enfrenta el mismo dilema
El fenómeno es relevante para Chile porque el país sigue siendo uno de los principales destinos de exploración, especialmente en cobre. En 2025, S&P Global identificó a Chile como el principal país de exploración dentro de América Latina, con US$875 millones, mientras la región mantuvo el mayor presupuesto global, con US$3.280 millones y un alza anual de 2%.
La lectura sectorial es directa: Chile conserva atractivo geológico y escala minera, pero también enfrenta el desafío de convertir gasto exploratorio en nuevos descubrimientos relevantes. En cobre, la presión es mayor porque las grandes operaciones envejecen, las leyes minerales tienden a bajar y los nuevos proyectos enfrentan plazos más largos de permisos, ingeniería, financiamiento e infraestructura.
Por qué importa para la oferta futura
La exploración generativa es la base de la próxima generación de minas. Su pérdida de participación no afecta de inmediato la producción, pero sí puede golpear la disponibilidad de proyectos en la próxima década.
El riesgo para la industria no es que falte gasto exploratorio en términos absolutos. El riesgo es que una proporción creciente de ese gasto se concentre en extender lo ya conocido, mientras la cartera de nuevos depósitos de escala mundial avanza más lento.
S&P Global resume ese punto al señalar que la exploración generativa disminuyó a favor de la expansión de depósitos existentes por decimoséptimo año consecutivo en 2025.
Qué observará la industria
El próximo punto crítico será la capacidad de las compañías para elevar la productividad de la exploración generativa. Eso implica más tecnología, mejor integración de datos geológicos, uso de inteligencia artificial, geofísica avanzada y modelos de mayor precisión para buscar depósitos bajo cobertura o a mayor profundidad.
La industria está comprando menor riesgo en el corto plazo, pero puede estar comprometiendo el suministro de largo plazo. Para países mineros como Chile, Perú, Canadá y Australia, la pregunta de fondo no es solo cuánto se invierte en exploración, sino cuánto de ese capital realmente apunta a descubrir los yacimientos que reemplazarán a las minas actuales.
