El encuentro en Santiago reunió a autoridades, organismos multilaterales y ejecutivos mineros para discutir cómo América Latina puede capturar más valor desde el cobre, el litio y otros minerales críticos.
Fundación Chile y el Grupo Banco Mundial instalaron en Santiago una conversación regional sobre el principal desafío de la minería latinoamericana: dejar de depender solo de la extracción y avanzar hacia empleo calificado, cadenas de proveedores, infraestructura estratégica e industrialización asociada a los minerales críticos.
El encuentro, denominado “De los Recursos al Empleo: El Valor de los Minerales para América Latina”, fue organizado por Fundación Chile y el Grupo Banco Mundial, con apoyo del Programa Global de Apoyo a la Gobernanza del Sector Extractivo, EGPS, a través de la alianza RISE para cadenas de suministro resilientes e inclusivas.
La cita convocó a representantes de gobiernos, embajadas, organismos multilaterales, empresas mineras, gremios, expertos e instituciones vinculadas a infraestructura, innovación y desarrollo territorial. El foco estuvo en una pregunta concreta: cómo transformar la riqueza mineral de América Latina en más capacidades productivas, empleo formal y valor agregado local.
Una discusión marcada por cobre, litio y transición energética
El diálogo se realizó en un momento en que América Latina concentra una parte relevante de los minerales que demanda la transición energética. Chile y Perú son actores centrales en cobre; Argentina, Chile y Bolivia forman parte del triángulo del litio; y Brasil posee recursos relevantes en hierro, níquel, tierras raras y otros minerales estratégicos.
El Banco Mundial ha planteado que la región tiene una oportunidad asociada a la transición energética, pero también advierte que la abundancia de recursos naturales no garantiza desarrollo por sí sola. En su informe “De la abundancia a la gestión inteligente de los recursos naturales”, el organismo señala que América Latina debe avanzar en tres frentes: instituciones, inversión e innovación.
Ese diagnóstico calza con el énfasis del encuentro. La minería latinoamericana enfrenta una demanda global creciente, pero también brechas persistentes en infraestructura, permisos, capital humano, innovación local, desarrollo de proveedores y relación con comunidades.
Los ejes del encuentro
Según informó Fundación Chile, la conversación se ordenó en torno a cuatro ejes: empleo de calidad, industrialización, infraestructura estratégica y desarrollo territorial.
El punto no es menor. En la minería regional, gran parte del valor económico se captura en la fase extractiva y en exportaciones de concentrados o materias primas, mientras que los eslabones de mayor complejidad tecnológica —procesamiento avanzado, manufactura, equipos, software, servicios especializados, trazabilidad y reciclaje— suelen quedar fuera de los países productores.
La discusión apuntó a que América Latina no solo exporte minerales, sino que también desarrolle capacidades industriales y tecnológicas alrededor de ellos. Eso incluye proveedores mineros, ingeniería, mantenimiento avanzado, automatización, tratamiento de agua, energías limpias, fundición, refinación, logística y servicios ambientales.
El encuentro contó con la participación de representantes del Grupo Banco Mundial, autoridades chilenas y latinoamericanas, ejecutivos mineros y actores del ecosistema sectorial. Entre los nombres mencionados por Fundación Chile estuvieron Namrata Thapar, directora global de Metales y Minerales del Grupo Banco Mundial; William Maloney, economista jefe para América Latina y el Caribe del organismo; Joaquín Villarino, presidente ejecutivo del Consejo Minero; Jorge Cantallopts, director ejecutivo de Cesco; Carolina Vásquez, gerenta general de Sonami; Iván Arriagada, presidente ejecutivo de Antofagasta Minerals; y representantes del BID, Copsa, Atacama y San Juan, Argentina.
Chile como caso crítico para capturar más valor
Para Chile, el tema tiene una dimensión estratégica. El país mantiene liderazgo mundial en cobre y una posición relevante en litio, pero enfrenta desafíos estructurales: menor ley de mineral, mayores exigencias ambientales, presión por agua y energía, necesidad de infraestructura habilitante y competencia global por inversión.
Cochilco proyectó que la producción esperada de cobre de Chile llegue a 5,54 millones de toneladas en 2034, con un máximo estimado de 6,07 millones de toneladas en 2027, según su informe de proyección de producción. Esa trayectoria muestra que el país sigue siendo un actor central, pero también que el crecimiento no será automático y dependerá de nuevos proyectos, continuidad operacional, permisos y productividad.
Además, el debate sobre captura de valor está directamente vinculado a la estructura productiva del cobre chileno. Cochilco ha advertido que la participación de concentrados en la producción nacional aumentará con fuerza hacia 2040, mientras que la participación de Chile en fundición mundial ha perdido peso frente a Asia, especialmente China. Ese cambio refuerza la necesidad de discutir qué parte de la cadena se quiere desarrollar localmente y bajo qué condiciones económicas, ambientales y energéticas.
Datos clave
Organizan: Fundación Chile y Grupo Banco Mundial.
Encuentro: “De los Recursos al Empleo: El Valor de los Minerales para América Latina”.
Lugar: Santiago de Chile.
Foco: empleo, industrialización, infraestructura y desarrollo territorial.
Programa de apoyo: EGPS y alianza RISE para cadenas de suministro resilientes e inclusivas.
Minerales relevantes: cobre, litio y minerales críticos para transición energética.
Desafío central: pasar de exportación de recursos a mayor valor agregado regional.
Demanda global y presión sobre las cadenas de suministro
El debate regional se da en medio de una competencia creciente por minerales críticos. La Agencia Internacional de Energía señaló en su Global Critical Minerals Outlook 2025 que la demanda de minerales para energía limpia sigue aumentando, con presión sobre cadenas de suministro de cobre, litio, níquel, cobalto, grafito y tierras raras.
A su vez, la UNCTAD proyectó que la demanda de litio podría subir 353% entre 2024 y 2040, impulsada por tecnologías limpias, baterías y electrificación. Ese escenario abre oportunidades para América Latina, pero también aumenta la exigencia sobre trazabilidad, estándares ambientales, seguridad hídrica, permisos y estabilidad regulatoria.
El valor ya no está solo en producir más toneladas. También está en demostrar que esas toneladas provienen de cadenas confiables, sostenibles y capaces de responder a mercados más exigentes.
Proveedores, empleo y territorio
Uno de los puntos más relevantes del encuentro fue el rol de los proveedores. En minería, la generación de empleo no depende únicamente de la operación directa de una faena. También se distribuye en empresas de servicios, transporte, mantenimiento, metalmecánica, tecnología, software, seguridad, alimentación, construcción, ingeniería y soluciones ambientales.
Ese tejido productivo puede ser decisivo para las regiones mineras. Si los proyectos avanzan sin proveedores locales robustos, parte importante del gasto se fuga hacia otros mercados. Si, en cambio, existe una estrategia de desarrollo de capacidades, la minería puede transformarse en plataforma para nuevas empresas, empleos especializados y servicios exportables.
Fundación Chile destacó que la articulación entre Estado, empresas, proveedores, academia y comunidades será clave para convertir minerales en empleo, industrialización y desarrollo territorial. En esa línea, el desafío ya no es solo atraer inversión minera, sino lograr que esa inversión deje capacidades permanentes en las zonas productoras.
Lo que observará la industria
El encuentro deja instalada una agenda que será cada vez más relevante para Chile y América Latina: cómo competir en minerales críticos sin repetir un modelo limitado a extraer y exportar materias primas.
La respuesta dependerá de condiciones concretas: permisos más predecibles, infraestructura energética y logística, proveedores sofisticados, formación de capital humano, innovación aplicada, estándares ambientales verificables y acuerdos de largo plazo con comunidades.
Para la minería chilena, la discusión tiene un componente adicional. El país posee experiencia, base industrial y liderazgo en cobre, pero necesita acelerar productividad, procesamiento, tecnología y encadenamientos si quiere capturar una mayor parte del valor generado por la transición energética.
El próximo paso será pasar del diagnóstico a la ejecución. La oportunidad está abierta, pero la captura real de valor dependerá de políticas coordinadas, inversión privada, capacidad técnica y una agenda regional que convierta la ventaja geológica de América Latina en desarrollo económico medible.








