El desarrollo del hidrógeno verde en la Región del Biobío entra en una fase de ajuste que contrasta con el entusiasmo inicial que posicionó a Chile como uno de los líderes potenciales de esta industria emergente. Pese a anuncios de inversión privada que superan los US$9.200 millones y a cerca de US$10 millones en subsidios públicos ya comprometidos, el sector no ha logrado escalar hacia una producción industrial, manteniéndose en etapas tempranas de validación tecnológica y estudios de factibilidad. Desde la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo), su vicepresidente ejecutivo, José Ignacio Mujica, reconoció que el avance ha sido más lento de lo esperado, marcando un giro en el discurso oficial. Sin embargo, lejos de interpretar este escenario como un retroceso, el enfoque actual apunta a sostener capacidades estratégicas mientras maduran las condiciones de mercado, en una apuesta de largo plazo por consolidar una industria clave para la transición energética.
Ajuste de expectativas y condiciones de mercado
El diagnóstico desde el sector público apunta a factores externos como principal causa de la desaceleración. Entre ellos destacan la falta de demanda consolidada, los altos costos de producción y las brechas en infraestructura, elementos que han llevado a postergar decisiones de inversión en proyectos de gran escala.
Desde Corfo se ha enfatizado que el desafío no radica en el potencial del hidrógeno verde, sino en el timing de su desarrollo. En este contexto, la estrategia se orienta a mantener capacidades instaladas y capital humano especializado, con miras a posicionar a Chile competitivamente cuando el mercado global esté preparado para absorber grandes volúmenes de producción.
Revisión de instrumentos y enfoque productivo
El nuevo escenario también ha llevado a revisar los mecanismos de apoyo estatal. Actualmente, Corfo dispone de una línea de financiamiento cercana a los US$1.000 millones destinada al impulso del hidrógeno verde, la cual se encuentra en evaluación para ajustar su escala y pertinencia en coordinación con los ministerios de Economía y Energía.
Este proceso implica un cambio de enfoque: el hidrógeno verde deja de ser una prioridad inmediata y pasa a integrarse dentro de una estrategia productiva más amplia, donde convive con otros sectores energéticos y tecnológicos.
Biobío: incertidumbre regulatoria y desafíos locales
En la Región del Biobío, los obstáculos adquieren características propias. Desde el Programa Estratégico Regional de Hidrógeno Verde se advierte que la incertidumbre regulatoria y la judicialización de proyectos han incidido directamente en la ralentización del sector.
Casos de iniciativas energéticas que han requerido hasta nueve años de desarrollo y más de US$12 millones en estudios sin concretarse reflejan un entorno complejo para la inversión. Esta situación ha generado cautela entre los actores privados, afectando el ritmo de ejecución de proyectos.
Visión académica: una fase natural de maduración
Desde el ámbito académico, el análisis apunta a que esta desaceleración es parte del ciclo habitual de las industrias emergentes. Especialistas destacan que, tras una etapa inicial marcada por altas expectativas, es común enfrentar un periodo de ajuste donde se redefinen prioridades y se corrigen supuestos.
En este contexto, el foco debería centrarse en aspectos críticos como:
Generación de demanda concreta
Reducción de costos de producción
Desarrollo de infraestructura adecuada
Fortalecimiento regulatorio y de estándares de seguridad
Asimismo, se plantea la necesidad de aprovechar recursos existentes, como el hidrógeno residual, y avanzar en soluciones complementarias como la captura de carbono.
Sector privado: del piloto a la ejecución
Desde la industria, se percibe una transición hacia una etapa más concreta. Consultoras especializadas anticipan que 2026 podría marcar un punto de inflexión, con un mayor énfasis en decisiones de inversión efectivas por sobre anuncios.
En este escenario, el metanol aparece como un vector relevante de transición. Su ventaja radica en que puede integrarse a infraestructuras existentes, facilitando su adopción en sectores como el transporte marítimo y la aviación. El desarrollo de e-metanol, sujeto a certificaciones internacionales, podría abrir oportunidades más inmediatas frente a otras aplicaciones del hidrógeno verde.
Transición hacia una industria de largo plazo
El consenso entre actores públicos, privados y académicos es claro: el hidrógeno verde en Chile no está retrocediendo, sino entrando en una etapa de consolidación. Este proceso implica pasar de las expectativas a la ejecución, con un enfoque más realista y alineado con las condiciones del mercado global.
Para la Región del Biobío, el desafío será capitalizar su potencial energético e industrial, articulando de manera más eficiente la innovación, la regulación y la inversión. En ese camino, la construcción de un mercado doméstico sólido aparece como un paso clave antes de proyectar exportaciones a gran escala.