Oro. El metal amarillo abrió la semana marcando un nuevo máximo histórico al trepar hasta US$4.625,34 por onza, en una jornada donde la plata también reescribió su techo con US$85,73. El movimiento no fue un simple “día de commodities”: detrás estuvo la sensación de que el mercado enfrenta una mezcla poco habitual de presiones —políticas, monetarias y geopolíticas— que vuelve a encender la demanda por refugio. El catalizador inmediato fue el aumento de la incertidumbre en torno a la Reserva Federal de Estados Unidos y su margen de independencia, en un clima de confrontación pública que el mercado interpreta como un factor adicional de riesgo.
La lectura es directa: si se erosiona la credibilidad del banco central más influyente del mundo, el dólar y los bonos del Tesoro dejan de ser el “ancla” automática y el oro vuelve a ocupar el centro del tablero como reserva de valor. La reacción se amplificó por la caída de tasas en EE.UU. y por un telón de fondo geopolítico tenso, elementos que, combinados, empujan flujos hacia metales preciosos incluso cuando los precios ya están en niveles históricamente extremos.
La Fed como detonante: cuando la política entra al precio del refugio
La escalada en torno a la Fed no se explica solo por declaraciones. El foco del mercado se trasladó a la idea de un “premio por riesgo institucional”: la posibilidad de que el banco central quede sometido a presiones políticas o a episodios judiciales que restrinjan su accionar. En este contexto, la subida del oro deja de ser únicamente una apuesta por menores tasas y se vuelve un seguro frente a un escenario más complejo: inflación más persistente, mayor volatilidad y una política monetaria menos predecible.
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En paralelo, el rally viene con memoria reciente. Tras un 2025 extraordinario —con alzas anuales que distintos reportes de mercado sitúan en torno a 65% para el oro y 140% para la plata— el arranque de 2026 muestra que parte importante de los inversionistas ha preferido mantener posición, aun con precios estirados, por convicción de largo plazo. Ese comportamiento suele aparecer cuando el mercado no está buscando “el último dólar” del ciclo, sino protección estructural frente a escenarios donde el costo de equivocarse es alto.
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Plata: el rally más violento y la señal que deja el mercado físico
Si el oro suele moverse como termómetro del riesgo macro, la plata tiende a sobrerreaccionar. Su mercado es más pequeño, más sensible a tasas y dólar, y al mismo tiempo arrastra un componente industrial relevante. En las últimas ruedas, esa mezcla volvió a notarse: el salto hasta US$85,73 combinó el impulso “refugio” con un debate cada vez más presente sobre estrechez física y déficit de oferta, especialmente cuando aparecen temores de medidas comerciales que alteren flujos e inventarios.
En Chile, esa conversación no es abstracta. La lógica de “seguridad de suministro” que hoy mueve a gobiernos y fondos —visible en la tensión por metales estratégicos— también ha reordenado expectativas sobre subproductos y cadenas industriales. La discusión por restricciones y represalias en minerales críticos, que REDIMIN ha seguido de cerca, ayuda a explicar por qué el mercado se vuelve más reactivo ante cualquier señal de fricción comercial: cuando el mundo opera con inventarios más ajustados, los shocks se traducen más rápido en precio. En esa línea, la ofensiva regulatoria y comercial sobre metales estratégicos —incluidos insumos ligados a tecnología y defensa— ha reforzado la narrativa de “cobertura” en materias primas. (Ver el análisis de REDIMIN sobre cómo China endureció el acceso a metales clave en plena guerra comercial.)
Efecto Chile: dólar, minería y el rebote de interés por oro y subproductos
Para el mercado local, un rally de metales preciosos de esta magnitud tiene dos lecturas. La primera es financiera: cuando el dólar se debilita globalmente por ruido en EE.UU., Chile suele sentirlo en el tipo de cambio, con impactos inmediatos en inflación importada, costo de capital y precios internos. REDIMIN ya había descrito ese canal en episodios anteriores, cuando la divisa estadounidense cayó en Chile en un contexto de debilidad global, una relación que vuelve a cobrar protagonismo si la incertidumbre en la Fed se instala.
La segunda lectura es productiva. Chile es, en gran medida, “productor de oro” por arrastre: una parte importante del metal se obtiene como subproducto del cobre. Si el precio del oro se sostiene en niveles extraordinarios, la conversación sobre expansiones, ley de corte y valorización de proyectos vuelve a ponerse más atractiva, especialmente en desarrollos donde el oro mejora la economía del yacimiento. REDIMIN lo ha abordado al proyectar que el país podría fortalecer su rol aurífero por inversiones y megaproyectos, y en casos concretos donde cobre y oro conviven en la misma ecuación, como Costa Fuego en Atacama. En plata, aunque el país no es protagonista global por sí solo, sí aparece en portafolios polimetálicos y distritos con potencial, como muestran resultados exploratorios recientes en Choapa, donde Vortex Metals reportó intersecciones con cobre, plata y oro en Illapel.
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Qué señales mirar ahora (y por qué el mercado habla de US$5.000)
Con el oro ya por sobre los US$4.600 y la plata en máximos, el mercado entra en una fase donde las próximas definiciones pesan tanto como el precio:
Tasas en EE.UU.: expectativas de recortes tienden a favorecer metales, pero el punto crítico es si la trayectoria de tasas queda “contaminada” por presión política.
Dólar y bonos del Tesoro: cualquier pérdida de confianza en el marco institucional suele empujar demanda por activos reales.
Geopolítica: episodios de escalamiento elevan el apetito por refugio, incluso sin cambios inmediatos en macro.
Plata física: por tamaño de mercado, los desequilibrios de inventario pueden amplificar movimientos.
La pregunta que queda abierta es si el rally es una fase final o el inicio de un nuevo tramo. Por ahora, la magnitud del salto y la naturaleza del shock —con la Fed en el centro de la discusión— explican por qué algunos estrategas ya ponen sobre la mesa escenarios de extensión del alza. En la práctica, el mercado está valorando algo más que inflación o recortes: está valorizando confianza, y cuando la confianza se tensiona, el oro suele ser el primer beneficiado. (Para el detalle del movimiento intradía y los nuevos máximos, ver el reporte de mercado en Mining.com sobre el récord de oro y plata ante incertidumbre en la Fed y el contexto macro descrito por el Financial Times sobre las preocupaciones por la independencia de la Fed.)








