El cobre enfrenta en 2026 un escenario más estrecho para la industria chilena. A la presión por mayores costos operacionales se suma una corrección del precio del metal en las últimas semanas, junto con brechas productivas y una cartera de inversión concentrada en expansiones de faenas existentes, factores que vuelven a poner el foco sobre la competitividad del país.
Energía y petróleo vuelven a tensionar la estructura de costos
Uno de los factores que hoy presiona al sector es el impacto del conflicto en Medio Oriente sobre la energía. En la estructura de costos de la minería, alrededor de 16% corresponde a energía, diésel y transporte, por lo que cualquier alza del petróleo tiene un efecto directo sobre la operación.
“Un incremento de esta magnitud en los precios de la energía va a tener repercusiones entre 5 y 10 centavos de dólar por libra”, explicó Juan Ignacio Guzmán, CEO de Gem Mining Consulting.
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La presión se da además en paralelo a un ajuste del mercado. El precio del cobre, que semanas atrás se movía en torno a los US$6 por libra, cerró la semana del 23 al 27 de marzo en US$5,46 por libra, de acuerdo con el Informe del Mercado Internacional del Cobre de Cochilco.
La brecha de producción golpea ingresos y recaudación
En términos productivos, el problema no se limita al precio. Chile esperaba producir 5,7 millones de toneladas, pero alcanzó 5,4 millones, lo que implica una diferencia de 300 mil toneladas. Ese desfase equivale a cerca de US$1.200 millones menos en ingresos y alrededor de US$500 millones menos en impuestos y royalty, según los antecedentes entregados.
La brecha responde a factores operacionales y estructurales, entre ellos menores leyes de mineral, activos envejecidos y contingencias en faenas relevantes. En ese cuadro, los costos también han escalado: en Chile pasaron desde aproximadamente US$1,78 a US$1,90 por libra, deteriorando la posición del país frente a otros productores.
“Chile necesita de forma urgente renovar su cartera de inversiones… las plantas son antiquísimas”, advirtió Guzmán.
Inversión concentrada y menor holgura competitiva
La cartera de inversión proyectada para la minería en Chile alcanza del orden de US$105.000 millones, pero mantiene una alta concentración en proyectos brownfield. Según el más reciente catastro de Cochilco sobre inversiones mineras a diez años, 81% del portafolio corresponde a reposición y expansión de operaciones existentes, mientras 19% son proyectos greenfield, una composición que limita la incorporación de nueva capacidad productiva.
Ese sesgo se combina con otro cuello de botella: la exploración. En la práctica, el menor peso de proyectos nuevos reduce la posibilidad de expandir producción a mayor velocidad en un mercado que sigue expuesto a shocks externos.
Chile se ubica actualmente en el cuarto cuartil de costos a nivel global, es decir, entre los productores de cobre más caros. “Esto no nos favorece en nada… nos va a quitar competitividad”, señaló Guzmán, especialmente frente a medidas como eventuales cambios en el tratamiento tributario del diésel.
La demanda sigue firme, pero la incertidumbre retrasa decisiones
Pese a las tensiones de corto plazo, el cobre mantiene fundamentos de demanda favorables. La Agencia Internacional de Energía ha advertido que, con la actual cartera de proyectos, el mercado podría enfrentar una brecha relevante de oferta hacia 2035, en medio del crecimiento estructural asociado a redes eléctricas, electromovilidad, construcción e industrias intensivas en electricidad, según su análisis sobre el mercado global del cobre.
En ese contexto, el escenario para Chile combina una demanda de largo plazo que sigue sólida con un corto plazo más exigente por costos, precio y ejecución de inversiones. La incertidumbre global, además, está afectando las decisiones de inversión y los tiempos de desarrollo de proyectos, en un mercado que sigue mostrando alta sensibilidad a factores geopolíticos.
