La producción de cobre en Chile volvió a retroceder en febrero y marcó su nivel mensual más bajo desde 2017, en un dato que reactivó la inquietud sobre la capacidad de oferta del principal productor mundial del metal. El descenso se produjo en un contexto de menores leyes, complejidades operacionales y una recuperación todavía frágil en parte relevante de la gran minería.
El dato más bajo desde marzo de 2017
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas, la producción de cobre mina en febrero de 2026 totalizó 378.554 toneladas métricas finas, lo que implicó una caída de 8,5% frente a enero y de 4,8% en comparación con igual mes del año anterior. Con ese resultado, el país anotó su registro mensual más bajo desde marzo de 2017.
La comparación inevitable es con el episodio que afectó a Escondida hace casi nueve años. En ese momento, la menor producción estuvo asociada a una paralización laboral en la faena operada por BHP. En su revisión operacional de 2017, la compañía indicó que la producción de Escondida se redujo por la acción industrial de 44 días que impactó ese período. La diferencia ahora es que no se ha reportado una interrupción de esa magnitud, por lo que la baja de febrero adquiere un peso mayor al reflejar dificultades más persistentes en la industria.
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Menores leyes y proyectos exigidos
El retroceso ocurre además en un escenario que el sector viene enfrentando desde hace varios años: yacimientos más maduros, menores leyes del mineral y una presión creciente por habilitar nuevas zonas de explotación con mejores contenidos de cobre. A eso se suman factores estacionales que suelen incidir en verano, como lluvias en el norte y marejadas que pueden afectar la logística minera y portuaria.
Sin embargo, el desempeño de febrero no parece explicarse solo por ese componente temporal. El dato vuelve a instalar el debate sobre la velocidad con que la minería chilena está siendo capaz de sostener o recuperar volumen en un mercado que sigue mirando de cerca cualquier señal de estrechez en el suministro.
El efecto trasciende al mercado local. Chile mantiene un rol central en la producción global de cobre y cualquier caída sostenida en su volumen tiene impacto directo sobre las perspectivas de abastecimiento del metal, especialmente en momentos en que la demanda sigue atenta al consumo industrial, la transición energética y la expansión de redes eléctricas.
Codelco sigue bajo observación
El dato de febrero también eleva la presión sobre el desempeño de las grandes operaciones del país, en particular sobre Codelco. En sus resultados de 2025, la estatal informó una producción propia de 1.334.445 toneladas y una ganancia antes de impuestos de US$4.850 millones, cifras que mostraron una mejora acotada frente a 2024.
Ese avance, sin embargo, todavía no cambia el cuadro general. La recuperación de producción en la gran minería chilena sigue siendo parcial y enfrenta exigencias operacionales altas, tanto por el envejecimiento de activos como por la necesidad de que los proyectos estructurales logren traducirse en toneladas adicionales de manera consistente.
Con la cifra de febrero ya sobre la mesa, el mercado queda atento a los próximos registros mensuales para evaluar si se trató de un bache puntual o de una nueva señal de debilidad en la oferta chilena de cobre.
