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Recién en 2026, Codelco podría elevar su producción, respecto de los niveles actuales

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La minera proyecta que entre 2019 y 2023 pondrá en el mercado 8,4 millones de toneladas del metal rojo, una baja de 1% en relación al quinquenio anterior. Para lograr esta meta es fundamental que la puesta en marcha del proyecto Chuquicamata Subterráneo sea impecable, algo que, a juicio de algunos expertos, luce como muy poco probable.Dos millones de toneladas de cobre fino al año. Esta es la meta de producción que Codelco comenzó a perseguir en 2005, cuando el ex presidente ejecutivo, Juan Villarzú, aseguraba que con los —en ese entonces nacientes— proyectos estructurales la minera alcanzaría esos niveles hacia 2009.

La complejidad para concretar estas inversiones obligó a las sucesivas administraciones a alejar ese horizonte. El propio Villarzú, en 2006, corrigió la estimación a 2015 y luego, en 2009, José Pablo Arellano, trasladó el hito a 2018. En 2011, Diego Hernández proyectaba que el millonario tren de inversiones en ejecución permitiría en 2020 llegar a los 2,1 millones de toneladas. Finalmente, en 2015, el actual timonel de Codelco, Nelson Pizarro, movió el plazo a 2026.

Ahora, de nuevo esa proyección parece estar en el olvido. La estatal concentra todos sus esfuerzos en mantener la producción de cobre fino en el rango de 1,7 millones de toneladas, que es el promedio de los últimos cinco años.

El Plan de Negocios y Desarrollo (PND) de la minera —la hoja de ruta que se define cada cinco años y que es clave para obtener recursos del Estado— establece que entre 2019, que es el primer año de actual quinquenio, y 2023 pondrán en el mercado 8,4 millones de toneladas del metal rojo —un promedio anual de 1,68 millones de toneladas— que implicaría una baja de 1% respecto de los cinco años anteriores, cuando la producción llegó a 8,5 millones de toneladas de cobre fino.

Fuentes de la firma comentan que la perspectiva es que recién hacia 2026 estarían en condiciones de sumar volúmenes nuevos de cobre que podrían ayudar a elevar en alguna medida los niveles actuales de producción. Pero no en una magnitud como para superar los 2 millones de toneladas.

Este incremento provendría de los proyectos Desarrollo Futuro Andina, cuyo estudio de factibilidad comenzó el año pasado y que con una inversión estimada en US$ 2.700 millones busca subir la capacidad de tratamiento de la división a 140 mil toneladas diarias.

La otra iniciativa es la explotación de los sulfuros de Radomiro Tomic. En los registros de la empresa este proyecto estructural figura en revisión, pero conocedores del tema dicen que la intención es que aporte del orden de 400 mil toneladas de cobre fino a la producción.

El PND proyecta que, este año, Codelco producirá 1,73 millones de toneladas de cobre fino, aunque una estimación corregida apunta a que esta cifra podría ser unas 10 mil toneladas menor, ya que, según trascendidos, la estatal no lograría recuperar totalmente las 35 mil toneladas que la mina Radomiro Tomic dejó de producir a marzo, por el impacto del invierno altiplánico.

‘La producción mejorará el resto de 2019 y podría llegar a 1,75 millones de toneladas, porque en Chuquicamata explotarán recursos con leyes altas, en torno al 1%, aprovechando la fase de cierre del rajo. Después, el aporte de Chuquicamata bajará y la producción de la concentradora dependerá más, por ejemplo, del aporte de Radomiro Tomic’, explica el director ejecutivo de la consultora Plusmining, Juan Carlos Guajardo.

Añade que si bien la producción tiende a mantenerse por algunos años, ‘el nivel de incertidumbre es mayor, debido a los diversos cambios a los que está sujeta la empresa’, entre ellos la próxima salida de Nelson Pizarro.

Para que Codelco pueda cumplir su compromiso de producción es imprescindible que sea impecable la puesta en marcha del traspaso de Chuquicamata de rajo abierto a explotación subterránea, el primero de los proyectos estructurales que logra ver la luz, y cuya inauguración se prevé para julio. Cualquier falla podría golpear fuerte la producción y con ello su resultado financiero.

‘Por cierto que en todo este período ellos tienen que estar muy seguros de que las cosas van a salir bien’, dice Guajardo. Precisamente, el mandato de la administración a los directivos de la división es estar atentos hasta del más mínimo detalle del proceso que en unos pocos meses ya no tendrá vuelta atrás.

Sergio Jarpa, que en 2006 sucedió a Nelson Pizarro a la cabeza de Codelco Norte y hoy preside la agrupación de profesionales Voces Mineras, estima que la estatal es poco realista al no considerar los imprevistos que podría haber en la puesta en marcha de un proyecto inédito en Chile (ver recuadro).

‘El supuesto para mantener los niveles de producción de Codelco es que Chuquicamata Subterráneo va a funcionar a la perfección y eso no va a ocurrir. Es un proyecto muy complejo que implica pasar de una de las minas a rajo abierto más grandes del mundo a una de las minas subterráneas más grandes del mundo y eso no se da de la noche a la mañana y menos sin dificultades, considerando especialmente que en Chuquicamata no hay experiencia en este tipo de operación’, asegura.

Estima que tras un 2019 con una producción que podría superar la de 2018, en 2021 y 2022, Chuquicamata se quedará atrás frente a las proyecciones, por una menor disponibilidad de mineral —por el agotamiento de los stocks disponibles y un menor aporte de la mina subterránea—, y leyes mucho menores. El PND anticipa que en esos dos años, Codelco alcanzaría 1,65 y 1,66 millones de toneladas, pero Jarpa proyecta que la producción podría bajar a 1,5 millón de toneladas, ya que se sumarían también mermas en las otras divisiones.

Las amenazas de la huelga y el impacto de la guerra comercial

La inminente huelga en Chuquicamata, división que será clave para asegurar el desempeño de Codelco en los próximos años, sacó a relucir no solo las tensiones propias de las negociaciones colectivas, sino que también las restricciones que enfrenta la estatal para mejorar la productividad de sus operaciones, un indicador que es clave para contener los costos y que esta semana salió nuevamente a escena, a raíz de la comparación que Pizarro hizo entre trabajadores chilenos y peruanos (ver recuadro).

Más allá de la paralización, que según las estimaciones del líder de la estatal y del propio Gobierno no debería superar los cinco días, existe la percepción de que Codelco perdió la oportunidad de cambiar el esquema de incentivos plasmado en el contrato colectivo al negociar con libro cerrado (es decir, solo ofrecer bono de término de negociación y reajuste salarial, pero no otros cambios). Sin embargo, a juicio de Juan Carlos Guajardo, la estatal pudo haberse beneficiado por esta situación, ya que los sindicatos estaban pidiendo mejoras en los planes de salud y de egreso. ‘En esta oportunidad ir con libro cerrado le da más control a Codelco’, opina, y añade que aunque pareciera que en Codelco la racionalización de beneficios es una batalla perdida, siempre puede haber espacio para ‘comprar beneficios’ porque ‘ahora está mucho más claro que para negociar esos temas hay que poner un cheque sobre la mesa’.

Como toda la industria, la situación que enmarca un año especialmente desafiante para la estatal es la guerra comercial. ‘El recrudecimiento del conflicto comercial entre Estados Unidos y China y los pobres niveles del sector manufacturero se mantienen como los principales riesgos para frenar la economía mundial y debilitar el precio del cobre. Se espera una alta volatilidad del precio en el corto plazo y esa es una contingencia compleja’, estima el académico de la Universidad Católica, Gustavo Lagos, quien proyecta que por eso este año el cobre promediaría los US$ 2,7 por libra, inferior a los US$ 2,9 de 2018.

Recuadro

** Desarrollo Andina y RT Sulfuros son proyectos que sumarían nueva producción.

** Productividad laboral de operaciones internacionales es 81% superior a las nacionales

Un comentario del presidente ejecutivo de Codelco, Nelson Pizarro, reavivó esta semana el debate en torno a la productividad de los trabajadores mineros. El ingeniero dijo que, a su juicio, los trabajadores peruanos son el doble de productivos que los chilenos. Y ardió Troya.

¿Pero qué hay de cierto en torno a la productividad de la minería chilena? Un estudio elaborado por MatrixConsulting, que fue parte de los insumos que la Comisión Nacional de Productividad (CNP) usó para elaborar el estudio de Productividad en la Gran Minería del Cobre, de septiembre de 2017, analizó 11 operaciones mineras ubicadas en Australia, Canadá, Estados Unidos, Perú y Suecia, y 12 operaciones chilenas.

El resultado fue que la productividad laboral de las operaciones internacionales es 81% superior al promedio nacional.

En el reporte, que estuvo disponible durante el proceso de consulta pública que realizó la CNP y al cual tuvo acceso ‘El Mercurio’, se establece que mientras en las faenas internacionales, en promedio, al año se extraen 67 mil toneladas de material por jornada completa equivalente, en Chile ese promedio se reduce a 37 mil toneladas anuales. Para el cálculo se considera la medida Full-Time Equivalent (FTE), que considera 2.190 horas trabajadas al año, lo que corresponde a la totalidad de jornadas completas realizadas en ese lapso. En el detalle se aprecia que la operación local con mejor desempeño alcanza 51 mil toneladas por FTE y la peor llega a 19 mil toneladas, mientras la que lidera entre las extranjeras tiene 110 mil toneladas de mineral extraído por FTE.

Otra conclusión de la consultora es que existe un potencial para adicionar 1,3 millones de toneladas a la producción chilena de cobre solo al mejorar la gestión de productividad laboral. Con datos de producción de 2015, cuando la producción chilena de cobre totalizó 5,5 millones de toneladas, implicaría incrementar la producción en 24%, alcanzando 6,8 millones de toneladas. Si a esto se agregan mejoras en la productividad del capital —la disponibilidad y uso efectivo de los equipos—, la producción subiría otras 291 mil toneladas, con lo cual ese año, Chile habría superado los 7 millones de toneladas.

En el caso de Codelco, según informa en su presentación corporativa, entre 2014 y 2018 elevó su productividad laboral en 20%, pasando de 43 a 52 toneladas de cobre producidas por trabajador.

‘La productividad total, tanto como la laboral, depende de varios factores, como la inversión en capital, renovación de tecnología, flexibilidad laboral —escasa en Chile—, de las dotes gerenciales para relacionarse con los trabajadores, de la disposición sindical, entre otros. La mejora de la productividad tiene, por ello, un componente cultural de gran importancia. Tenemos que reeducarnos y repensar para mejorar’, explica el académico de la Universidad Católica, Gustavo Lagos.

::Existe un potencial para adicionar del orden de 1,3 millones de toneladas de cobre a la producción chilena solo al mejorar gestión de la productividad laboral.

>>Aplazan dos meses operación de correa que sacará el material de Chuquicamata Subterránea

La división Chuquicamata aporta casi el 20% de la producción de Codelco, y según explican conocedores del proyecto de transición a régimen subterráneo —que requiere siete años para alcanzar su máxima capacidad—, a partir de 2020 y por motivos de seguridad ya no será posible acceder a la zona del rajo actual, que por el nuevo método de explotación —denominado block caving— ya comenzó a hundirse. Así, si el próximo año algo fallara en la mina subterránea, sería imposible obtener el mineral desde el rajo.

Especialistas explican que el proceso que Codelco inició a fines de abril pasado es tan delicado que, por ejemplo, si cualquiera de los cuatro silos que recibirán el material que se desprenda en cada hundimiento funcionara, por decisión de su operador, a un ritmo diferente de los otros, la estructura del rajo podría desestabilizarse y provocar el desplazamiento del material estéril que caería a los chancadores, que son alimentados por los silos y que están ubicados al fondo de la cavidad subterránea, provocando un daño severo.

De hecho, trascendió que Codelco debió postergar la operación del sistema de correas transportadoras que, a lo largo de 19 kilómetros sacarán a la superficie el mineral que se extraiga de la mina subterránea. ¿La razón? En pleno proceso de unión de la banda, el fabricante —una firma alemana—, le comunicó a la estatal que el material que estaban usando para pegar los tramos de la cinta podría fallar y tendrían que reemplazarlo. Esto obligó a deshacer cerca de 9 kilómetros de banda que ya estaban listos. Por esto, el sistema de correas, cuyo ancho supera los dos metros, no empezará a funcionar en julio como estaba previsto, sino que esto sucedería hacia septiembre. Mientras, el mineral que se extrae es retirado desde el rajo usando camiones.

Conocedores del tema comentan que este retraso era preferible a enfrentar un corte de cinta en plena operación, pues por las dimensiones de este equipo, la reparación podría tomar varios meses, complicando todo el proceso productivo de la mina.

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