Tormenta solar X1.9: la erupción del 18 de enero de 2026 activó alerta S4 y el riesgo real está en la tecnología

La tormenta solar X1.9 del 18 de enero de 2026 elevó el nivel de vigilancia del clima espacial luego de una llamarada de máxima categoría, observada por el…

Cristian Recabarren Ortiz
Senior Editor y Fundador
Ingeniero de Minas y fundador de Revista Digital Minera REDIMIN (2011). Especialista en tecnologías de la información aplicadas a la minería, inteligencia artificial y puentes de...
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La tormenta solar X1.9 del 18 de enero de 2026 elevó el nivel de vigilancia del clima espacial luego de una llamarada de máxima categoría, observada por el Solar Dynamics Observatory, y de un escenario que obligó a los centros de monitoreo a advertir impactos en sistemas sensibles. El evento quedó documentado por el blog oficial del ciclo solar de la NASA, y derivó en alertas técnicas por radiación y perturbaciones geomagnéticas que suelen concentrar sus efectos en comunicaciones, navegación satelital y operaciones en latitudes altas.

Qué significa una llamarada X1.9 y por qué se considera “máxima intensidad”

Las llamaradas solares se clasifican por potencia en letras (A, B, C, M y X). La clase X corresponde al nivel más alto; el número que la acompaña (en este caso, 1.9) refina la magnitud dentro de esa categoría.

En el registro de la NASA, la llamarada alcanzó su máximo el 18 de enero y fue captada por el observatorio solar que monitorea al Sol en forma continua, lo que permite confirmar con precisión el tipo de evento y su momento de mayor intensidad.

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De la llamarada a la tormenta: la eyección de masa coronal y el salto a “severo”

Una llamarada puede venir acompañada de una eyección de masa coronal (CME): una nube de plasma y campo magnético que, si viaja en dirección a la Tierra, interactúa con la magnetosfera y altera el entorno electromagnético.

Ese proceso explica por qué, tras la llamarada, se reportaron condiciones que escalaron a niveles altos en las escalas operativas. En seguimiento técnico y reportes de referencia internacional, se describió el impacto asociado a la CME y su relación con una tormenta geomagnética G4 (severa), con foco en riesgos tecnológicos y degradación de señales en determinadas condiciones, como detalló Space.com en su cobertura del episodio y su evolución operativa tras el impacto de la CME.

S4: el umbral poco frecuente que reactivó protocolos y avisos a sectores críticos

En paralelo, el Space Weather Prediction Center (SWPC) reportó una tormenta de radiación solar S4 (severa), un rango poco común en la escala S. En su reporte operativo indicó impactos potenciales asociados a este nivel, como mayor exposición en vuelos polares, aumento de riesgo para satélites y pérdidas de comunicaciones HF en regiones polares, además de notificaciones a actores críticos por preparación y mitigación, según el informe del SWPC sobre la S4 en progreso.

Para el seguimiento local del tema y su contexto, este escenario ya había sido abordado en un reporte previo sobre la alerta global por intensa actividad solar, con énfasis en telecomunicaciones, aviación y satélites.

Qué efectos se observaron y qué puede fallar cuando sube la actividad geomagnética

En episodios de actividad severa, los efectos más visibles suelen ser auroras en latitudes inusuales, pero los impactos más relevantes tienden a concentrarse en tecnología y operaciones:

  • Navegación satelital (GNSS/GPS): degradación temporal de precisión o disponibilidad en escenarios de perturbación ionosférica.
  • Comunicaciones por radio HF: pérdidas o degradación, especialmente en rutas y zonas de alta latitud.
  • Satélites: mayor riesgo operacional por radiación, afectación de electrónica y cambios en el entorno espacial.
  • Aviación: ajustes y monitoreo reforzado en rutas polares por comunicaciones y radiación.

Por qué “puede sentirse” en Argentina y en el extremo sur del continente

El impacto no se reparte de forma uniforme: en general, las latitudes altas son las más expuestas a alteraciones relevantes de la ionosfera y a condiciones que deterioran comunicaciones y navegación. Por eso, cuando se habla de posibles efectos en el hemisferio sur, el foco razonable está en zonas cercanas al extremo austral (sur de Argentina y áreas próximas a la Antártica), donde la operación aérea, marítima, científica y satelital puede quedar más expuesta en ventanas de actividad elevada.

En términos técnicos, el punto crítico no es “un país” sino el comportamiento del canal de propagación: ionosfera, señal y receptores. Ese mismo problema aparece en otras discusiones sobre degradación de señales en ambientes de alta latitud, como se explicó en el análisis sobre la ionosfera turbulenta y su efecto en sistemas de detección y radio.

Qué monitorear si dependes de satélites, radio o navegación

  • Alertas y escalas S (radiación) y G (geomagnética) publicadas por los centros de referencia.
  • Incidentes de pérdida de señal, saltos de error o caída de precisión en GNSS.
  • Degradación de enlaces satelitales y comunicaciones HF.
  • Ventanas operacionales sensibles (vuelos de alta latitud, navegación marítima austral, faenas remotas con dependencia satelital).
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