Cobre dejó una de las señales más incómodas del año al borrar todas sus ganancias de 2026 en medio de una venta masiva que golpeó a los metales industriales cuando la guerra en Medio Oriente volvió a tensionar el precio de la energía, las expectativas de inflación y el temor a un deterioro más amplio de la economía global. La corrección no llegó sola. También arrastró al aluminio, que sufrió una de sus caídas más bruscas desde 2022, en un mercado que pasó de discutir escasez física a castigar de lleno el riesgo macroeconómico. Según el reporte de Bloomberg sobre el retroceso del cobre y el desplome de los metales por el impacto de la guerra en Irán, el cobre cayó 2% en Londres y acumuló una baja cercana a 9% en el mes, justo después de haber arrancado el año con fuerza y tocar máximos históricos a fines de enero. Para Chile, la señal no es menor: cuando el metal rojo deja de moverse por fundamentos propios y empieza a reaccionar al petróleo, al gas y a las tasas, la discusión deja de ser solo minera y pasa a ser macroeconómica. En REDIMIN, ese giro ya se venía anticipando en análisis como la presión del petróleo sobre los costos en Chile y en la advertencia sobre cómo la crisis en Irán podía profundizar el déficit proyectado del cobre hacia 2026.
El mercado pasó del shock de oferta al miedo por estanflación
La caída del cobre no se explica únicamente por el conflicto en sí, sino por el tipo de conflicto que el mercado empezó a descontar. Si la guerra impulsa el Brent, el gas natural y los costos de producción, la consecuencia inmediata no es necesariamente un mejor escenario para los metales, sino uno más peligroso: inflación más persistente, bancos centrales menos dispuestos a recortar tasas y una actividad manufacturera bajo presión. Ese es el corazón del ajuste. La propia transcripción oficial de la conferencia de Jerome Powell del 18 de marzo reforzó esa lectura al señalar que la inflación sigue elevada y que las implicancias del Medio Oriente para la economía estadounidense siguen siendo inciertas. En otras palabras, el mercado empezó a temer que el shock energético le quite espacio a la Fed y complique el ciclo global justo cuando China aún no muestra una demanda lo bastante firme como para absorber otro golpe. REDIMIN ya había conectado esa fragilidad con el cobre chileno bajo presión por petróleo, dólar y guerra y con la idea de que la guerra que Washington quiere cerrar sin quedar atrapado ya remece a Ormuz, al petróleo y al cobre chileno. Lo que ahora cambió es que el mercado ya no está premiando la narrativa de escasez, sino castigando la de desaceleración con inflación.
El aluminio confirma que el golpe no es selectivo y que la energía manda sobre los metales
La venta en cobre vino acompañada por una caída muy fuerte del aluminio, lo que ayudó a confirmar que no se trataba de un ajuste aislado, sino de un cambio de régimen en todo el complejo industrial. El aluminio había sido uno de los metales más expuestos al conflicto por la relevancia del Golfo en su cadena de suministro, pero aun así terminó atrapado en la lógica de risk-off. Eso muestra algo importante: incluso cuando existen amenazas reales de oferta, el mercado puede priorizar durante varios días o semanas el daño macro antes que la escasez física. Reuters ya había reportado que la guerra estaba sacudiendo la cadena global del aluminio con recortes de capacidad y problemas logísticos en el Golfo, mientras REDIMIN venía siguiendo esa tensión con el salto del aluminio a US$ 3.315 por tonelada en la LME y luego con su brusco desplome de más de 8% cuando cambió la percepción sobre el riesgo en Ormuz. Esa secuencia explica bien lo que está ocurriendo con el cobre: primero el mercado compra el shock geopolítico, después lo reinterpreta como amenaza al crecimiento y finalmente castiga a casi todos los activos cíclicos a la vez.
Te puede interesar
Para Chile, el problema no es solo el precio del cobre: es la combinación con energía cara y dólar fuerte
La lectura para Chile exige mirar más allá de la cotización diaria del metal rojo. Una caída del cobre en medio de petróleo caro, gas tensionado y dólar fortalecido construye un escenario mucho más complejo que un simple retroceso de commodities. Ahí aparece el verdadero riesgo: menores ingresos o expectativas más débiles para el principal producto de exportación del país, mientras los costos de operación, transporte, combustibles e insumos siguen sintiendo el impacto de una crisis energética global. REDIMIN ya había mostrado esa incomodidad en el análisis sobre el petróleo sobre US$110 y su efecto potencial en la economía chilena y también en la revisión de cómo la guerra empezó a mover no solo al cobre, sino también al aluminio, al zinc y al resto del mapa industrial. En ese contexto, la caída del cobre no debe leerse como una simple toma de utilidades tras el rally de comienzos de año. Lo que está mostrando el mercado es algo más profundo: si la guerra empuja la energía lo suficiente, el metal más importante para Chile puede dejar de comportarse como activo estrella del ciclo industrial y pasar a ser tratado, al menos temporalmente, como otra víctima del miedo macro global.
Te puede interesar:
- Trabajos en Anglo American: revisa vacantes activas para postular hoy
- Teck Resources logra EBITDA de C$2.088 millones y Quebrada Blanca marca récord en cobre
- Producción de cobre de Anglo American sube 1% a 170.400 toneladas: Chile sostiene el trimestre antes de Anglo Teck