Zinc empezó a enviar una señal mucho más seria de lo que parecía al comienzo del conflicto en Irán. Mientras el mercado seguía concentrado en petróleo, gas y aluminio, la guerra comenzó a golpear una parte menos visible pero estratégica de la cadena industrial: el abastecimiento de concentrados que alimentan a las fundiciones chinas. El problema no es menor. De acuerdo con la información reportada por Bloomberg sobre las cancelaciones de embarques desde Bandar Abbas y la presión simultánea desde Rusia, Irán y Rusia representan en conjunto cerca del 15% de las necesidades de feedstock de China, justo en un momento en que el mercado ya venía mostrando estrechez. La lectura para minería y metales es inmediata: cuando China enfrenta ruido en materias primas críticas, el efecto no tarda en sentirse en precios, primas físicas y decisiones de compra. En REDIMIN, esa fragilidad ya se venía reflejando en análisis como el déficit global de zinc de 33.000 toneladas en 2025 y en el seguimiento de cómo el cierre de Ormuz empezó a tensionar fertilizantes, azufre y comercio industrial. Ahora, el zinc se suma con fuerza a esa lista.
China pierde una vía clave de abastecimiento justo cuando menos margen tenía
El punto más delicado del mercado está en la dependencia operativa de China sobre flujos que hoy quedaron bajo presión. Los compradores chinos fueron informados de que embarques de concentrados de zinc programados desde Bandar Abbas fueron cancelados, y también aparecieron señales de interrupciones en cargas que debían salir desde puertos en Omán, utilizado como ruta de salida para material iraní. El cuello de botella no surge en un mercado relajado, sino en uno que ya venía ajustado por una menor holgura de oferta minera y por señales de fragilidad en la cadena de procesamiento. Por eso el golpe se amplifica. Si las fundiciones chinas deben salir a buscar alimentación alternativa para mayo y junio, la competencia por material disponible puede endurecerse con rapidez. Esa lógica conecta con lo que REDIMIN ya había mostrado cuando advirtió que los fundidores de zinc en China analizaban recortes por escasez global y débil demanda y cuando siguió la importancia del concentrado de zinc enviado a China como materia prima estratégica para múltiples industrias. Lo que cambia ahora es el detonante: ya no se trata solo de fundamentos ajustados, sino de una disrupción geopolítica que toca directamente los flujos físicos.
Rusia no logra compensar el bache y el mercado pierde una de sus apuestas para 2026
La presión sería menor si Rusia pudiera cubrir parte del vacío, pero ahí aparece la segunda grieta del mercado. El gigantesco proyecto Ozernoye, que estaba llamado a convertirse en uno de los motores de crecimiento del suministro de concentrados, ha avanzado más lento de lo previsto y no logró entregar el alivio que parte del mercado esperaba. Reuters ya había reportado en 2024 que las sanciones y problemas técnicos habían retrasado la puesta en marcha de Ozernoye, y ahora la situación vuelve a pesar porque compradores chinos habrían recibido cargamentos por debajo del estándar esperado mientras la planta sigue en ramp-up gradual. Eso deja al zinc en una posición especialmente incómoda: dos proveedores relevantes para China enfrentan problemas al mismo tiempo, uno por guerra y otro por ejecución industrial bajo sanciones. En REDIMIN, esta nueva capa de tensión también conversa con lo que ya mostraron otros metales del conflicto, desde el aluminio golpeado por los bloqueos en Ormuz hasta la brusca caída reciente del aluminio en la LME cuando cambió la percepción de riesgo militar. La diferencia es que en zinc el problema hoy no pasa por una sola cotización diaria, sino por la seguridad del abastecimiento.
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El zinc entra al mapa de commodities sensibles y China vuelve a ser el centro de gravedad
Lo más relevante de este episodio es que confirma algo que el mercado todavía estaba asimilando: la guerra en Irán ya no impacta solo energía. También está contaminando cadenas de suministro mineras e industriales que dependen de rutas, puertos y relaciones comerciales menos visibles que el petróleo, pero igual de decisivas para la manufactura global. El zinc importa porque está en galvanizado, infraestructura, automoción, construcción y múltiples procesos industriales; si China enfrenta escasez o costos crecientes de alimentación, el efecto puede irradiarse a precios internacionales, márgenes de fundición y negociación de contratos. REDIMIN ya había mostrado que el tablero de metales venía cambiando con rapidez, por ejemplo en el análisis sobre el exceso de cobre y la menor demanda china como foco de incertidumbre global, pero ahora la historia del zinc agrega otro matiz: incluso cuando la demanda final no explota, una ruptura en materias primas puede tensar el mercado igual. La conclusión es clara. Si el conflicto en Irán sigue bloqueando rutas y Rusia no consigue acelerar su aporte, el zinc puede transformarse en uno de los metales más sensibles de esta guerra, no por espectacularidad en titulares, sino porque China necesita concentrado real, no relato geopolítico.