Acciones de Sherritt registraron una de sus peores jornadas bursátiles de los últimos años luego de que la minera canadiense anunciara la suspensión inmediata de su participación directa en operaciones conjuntas en Cuba, en respuesta al endurecimiento de las sanciones estadounidenses contra sectores estratégicos de la isla. La decisión provocó una fuerte reacción en el mercado de Toronto, donde los papeles de la compañía llegaron a desplomarse hasta un 30%, reflejando el temor de inversionistas frente a un posible deterioro estructural de uno de los activos más relevantes de la empresa.
La medida marca un nuevo capítulo en la creciente tensión geopolítica en torno a los minerales críticos utilizados en baterías y electromovilidad. Sherritt mantiene desde hace décadas una participación del 50% en la operación Moa, uno de los principales complejos de níquel y cobalto de Cuba, además de intereses en la empresa energética Energas S.A. El nuevo paquete de sanciones impulsado por la administración de Donald Trump amplió las restricciones hacia compañías extranjeras vinculadas a minería, energía, defensa y servicios financieros en la isla, elevando considerablemente el riesgo regulatorio para firmas con presencia en Cuba. En paralelo, la minera inició la repatriación de trabajadores canadienses y confirmó cambios inmediatos en su directorio, profundizando la señal de incertidumbre operacional que hoy enfrenta el mercado.
Operación Moa queda bajo máxima presión por restricciones estadounidenses
La operación Moa representa uno de los activos más estratégicos de Sherritt debido a su producción de níquel y cobalto de alta pureza, minerales considerados esenciales para la fabricación de baterías eléctricas y sistemas de almacenamiento energético. El complejo procesa mineral laterítico en Cuba y posteriormente envía material intermedio hacia la refinería de Fort Saskatchewan, en Alberta, Canadá, donde se obtienen productos refinados destinados principalmente a mercados internacionales.
El problema para la compañía es que la continuidad de esa cadena logística comienza a verse seriamente comprometida. Sherritt advirtió que la refinería canadiense continuará operando temporalmente utilizando inventarios disponibles, aunque esos suministros podrían agotarse hacia mediados de junio si persisten las restricciones.
La situación genera preocupación adicional en un mercado global que ya enfrenta crecientes tensiones sobre la disponibilidad de minerales críticos. El níquel y el cobalto se han transformado en insumos clave para fabricantes de vehículos eléctricos, un segmento donde la demanda continúa expandiéndose pese a la volatilidad económica internacional. En este contexto, la incertidumbre sobre la continuidad operativa de Moa podría aumentar la presión sobre el suministro global y afectar precios en determinados segmentos especializados.
El escenario se suma además a la creciente competencia internacional por asegurar acceso a minerales estratégicos, fenómeno que también ha impulsado nuevas inversiones en proyectos de cobre y litio en América Latina, como los que aborda el desarrollo de la mayor desaladora aprobada en Chile para abastecer operaciones mineras futuras.
Crisis energética en Cuba profundiza el deterioro operacional
Las dificultades de Sherritt no comenzaron con las nuevas sanciones. Desde inicios de año la empresa venía alertando sobre problemas operacionales derivados de la severa crisis energética que atraviesa Cuba, agravada por la reducción de envíos de petróleo venezolano hacia la isla.
La minera había advertido anteriormente sobre el riesgo de interrupciones en Moa debido a los problemas de abastecimiento de combustible y los frecuentes cortes eléctricos que afectan la infraestructura industrial cubana. Posteriormente, Washington incrementó aún más la presión económica mediante nuevas órdenes ejecutivas que establecen restricciones y aranceles para países que suministren petróleo a Cuba.
El deterioro energético afecta directamente a industrias intensivas en consumo eléctrico como la minería y refinación de níquel. La incertidumbre sobre la estabilidad operativa de la isla se ha transformado en uno de los principales factores de riesgo para inversionistas extranjeros con presencia en Cuba.
En paralelo, la industria minera internacional sigue observando con atención cómo los conflictos geopolíticos comienzan a redefinir cadenas de suministro y estrategias de inversión vinculadas a minerales críticos, un fenómeno que también influye en proyectos de exploración y expansión en Sudamérica, incluyendo iniciativas polimetálicas como Ayawilca en Perú.
Histórica relación entre Sherritt y Cuba vuelve a tensionar vínculos con EE.UU.
Los vínculos entre Sherritt y Cuba han sido históricamente complejos en el contexto de la política exterior estadounidense. Durante la aplicación de la Ley Helms-Burton en la década de 1990, ejecutivos de la minera canadiense fueron vetados de ingresar a Estados Unidos debido a sus operaciones en la isla.
Fundada en 1927, Sherritt consolidó su presencia en Cuba en 1994 mediante la creación de la joint venture Moa junto a General Nickel Company. En el auge del ciclo de commodities de fines de los años 2000, la minera alcanzó una valorización cercana a los C$5.000 millones, impulsada principalmente por los altos precios del níquel y el cobalto.
Actualmente, el escenario es radicalmente distinto. La empresa enfrenta presiones regulatorias, restricciones geopolíticas y crecientes riesgos operacionales que ponen en duda la viabilidad de sus activos cubanos en el mediano plazo.
Los inversionistas ahora centran su atención en los próximos resultados financieros de la compañía, programados para la próxima semana, donde el mercado buscará dimensionar el impacto económico concreto de las sanciones y las alternativas operacionales disponibles para mantener parte de la producción.
El caso de Sherritt refleja además cómo la disputa global por minerales críticos comienza a alterar profundamente las dinámicas de inversión minera, tendencia que también aparece en proyectos ligados a cobre, litio y tierras raras que hoy concentran el interés de gobiernos y compañías a nivel mundial. En Chile, este fenómeno ha impulsado nuevas discusiones sobre infraestructura minera, expansión energética y proyectos estratégicos vinculados a la transición energética, como los analizados en el avance de la Línea 8 del Metro de Santiago y otras inversiones de gran escala relacionadas con demanda futura de minerales.