Motor de plasma. Rosatom informó que ya cuenta con un prototipo de laboratorio de motor eléctrico de plasma basado en un acelerador magnético, con el que proyecta reducir el tiempo de tránsito hacia Marte a entre 30 y 60 días. El anuncio pone el foco en tres variables críticas —potencia disponible, empuje sostenido y confiabilidad en operación prolongada— y abre un debate técnico: qué parte del salto es demostrable hoy y qué parte depende de pruebas a escala y de una plataforma energética aún por integrar.
Qué anunció Rosatom y en qué estado está el desarrollo
De acuerdo con el comunicado oficial difundido por AtomMedia (oficina digital de prensa de Rosatom), el equipo desarrolló un prototipo de laboratorio de motor de plasma eléctrico “sobre la base de un acelerador magnético de plasma”, con parámetros declarados de:
- Empuje: al menos 6 N.
- Impulso específico (expresado como velocidad efectiva): al menos 100 km/s.
- Potencia media en modo pulso-periódico: hasta 300 kW.
- Eficiencia de consumo: Rosatom sostiene que permitiría reducir el combustible requerido “hasta diez veces” frente a sistemas químicos, al operar con empuje sostenido durante largos periodos.
En términos prácticos, la propuesta no reemplaza el lanzamiento inicial: el motor apunta al tramo interplanetario, donde la aceleración continua y el alto “escape” del propulsor pueden cambiar el balance entre masa de propelente y velocidad final.

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Cómo funciona un motor de plasma y por qué “6 N” puede importar
Los motores eléctricos de plasma trabajan ionizando un gas y acelerándolo con campos electromagnéticos, generando empuje bajo pero sostenido. A diferencia de un cohete químico (gran empuje por poco tiempo), aquí el valor está en acumular velocidad durante semanas.
La lógica coincide con lo que la NASA ha descrito para la propulsión iónica: poca fuerza instantánea, pero capacidad de aumentar significativamente la velocidad con el tiempo, y con ello acortar tránsitos que hoy suelen estar en el rango de meses. En un repaso tecnológico, NASA señala que el tránsito “estándar” Tierra–Marte se sitúa en 6 a 9 meses, aunque la cifra varía según ventana y arquitectura de misión.
La cifra “Marte en 30 días”: qué exige en velocidad media
El salto de 6–9 meses a 30 días no es menor: implica sostener velocidades medias muy superiores a las que se usan en transferencias convencionales. En una síntesis técnica del anuncio, World Nuclear News ejemplifica que cubrir una distancia media del orden de 140 millones de millas en 30 días requeriría una velocidad media aproximada de 195.000 millas por hora (del orden de 314.000 km/h), una referencia que ilustra la magnitud del objetivo más que una trayectoria real fija (las distancias y rutas cambian con la alineación orbital).
Rosatom, en tanto, vincula el recorte de tiempo con una ventaja operacional directa: reducir exposición acumulada a radiación en tránsito, uno de los factores de riesgo más citados para misiones tripuladas de larga duración.
La infraestructura de pruebas: la cámara de vacío de 14 metros
Una de las piezas concretas del anuncio es la infraestructura para validación en tierra. AtomMedia reporta que en el sitio de Troitsk se construye un banco experimental con una cámara de vacío de 4 metros de diámetro y 14 metros de longitud, equipada con sistemas de bombeo y remoción de calor para reproducir condiciones cercanas al espacio. Esa etapa es clave porque un motor eléctrico de plasma no se “prueba” solo por encendido: la degradación de componentes, la estabilidad del régimen de pulsos y la consistencia del empuje requieren campañas largas y medición fina.
El punto crítico: de prototipo de laboratorio a plataforma interplanetaria
Rosatom enmarca el motor como candidato para futuros “remolcadores” o plataformas de propulsión avanzada, con el prototipo como hito para responder dos preguntas que siguen abiertas:
- Idoneidad real para operación espacial prolongada (no solo desempeño instantáneo).
- Costo y escalabilidad de producción, que el propio equipo plantea como parte del objetivo del prototipo.
En paralelo, la reducción de tiempos de viaje se cruza con la discusión más amplia sobre logística y presencia sostenida fuera de la Tierra, donde energía y abastecimiento pasan a ser variables centrales. En esa línea, ya se viene discutiendo el rol de energía nuclear en entornos sin continuidad solar y sin redes, como muestra el debate sobre el reactor nuclear lunar de 100 kW y su horizonte 2030.
Por qué este tipo de propulsión es relevante para la “economía espacial” y los recursos
Más allá del viaje tripulado, un tránsito más corto y con mayor eficiencia energética puede impactar misiones robóticas, transporte de carga y exploración de recursos, temas que ya se instalan en la conversación sobre minería espacial y extracción de recursos en asteroides. En Marte, la planificación científica también se está afinando con mapas cada vez más precisos del terreno y de la historia del agua, como el trabajo sobre mega-cuencas y rastro de agua antigua en el planeta, que orienta dónde priorizar observación y muestreo.
Calendario mencionado y qué se puede afirmar hoy
El anuncio se sostiene en parámetros declarados para un prototipo de laboratorio y en la construcción de un banco de pruebas para validación. En el reporte de World Nuclear News, se menciona como objetivo que un modelo de vuelo del sistema pueda aparecer hacia 2030. La distancia entre esa meta y una misión tripulada efectiva depende de lo que demuestren las pruebas prolongadas, la plataforma energética que alimente del orden de centenas de kilovatts y la integración del sistema en una arquitectura completa de nave interplanetaria.

