Precio del oro mostró señales de estabilización este martes, frenando una racha bajista de nueve jornadas consecutivas en medio de la volatilidad generada por la guerra en Medio Oriente. El metal precioso logró sostenerse sobre los US$4.400 por onza, luego de haber registrado caídas de hasta 2,7% durante la sesión asiática, reflejando un mercado tensionado por factores cruzados como inflación, tasas de interés y liquidez global. Este comportamiento confirma un cambio de dinámica en el corto plazo, donde el oro —tradicional refugio en tiempos de incertidumbre— ha sido presionado por el encarecimiento de la energía y el endurecimiento de las condiciones financieras.
Inflación y tasas altas presionan al metal refugio
El reciente retroceso del oro responde principalmente a un entorno macroeconómico adverso para activos no rentables. El alza de los precios del petróleo, impulsada por el conflicto en el Golfo, ha elevado las expectativas de inflación global, lo que a su vez ha llevado a los mercados a anticipar tasas de interés más altas por parte de los bancos centrales.
Este escenario fortalece al dólar y aumenta los rendimientos de los bonos, reduciendo el atractivo del oro como activo de inversión. En consecuencia, el metal ha perdido cerca de un 15% de su valor desde el inicio del conflicto y acumula una caída de 21% respecto de su máximo histórico registrado hace apenas dos meses.
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Estrés de liquidez y ventas forzadas agravan la caída
Otro factor relevante ha sido la presión por liquidez en los mercados financieros. La caída de activos como bonos y acciones obligó a inversionistas —incluidos actores minoristas y bancos centrales de economías emergentes— a liquidar posiciones en oro para obtener efectivo y reforzar reservas.
Este fenómeno de “desapalancamiento” ha intensificado la caída del metal, evidenciando que, en momentos de tensión, el oro no solo actúa como refugio, sino también como fuente de liquidez inmediata.
Comportamiento histórico en escenarios de crisis
Analistas coinciden en que este tipo de correcciones no es inusual en contextos de alta incertidumbre. Episodios similares se observaron tras la invasión de Ucrania en 2022, cuando el oro también experimentó una caída prolongada debido al impacto inflacionario del alza en los precios de la energía.
En ese sentido, el comportamiento reciente del metal responde a patrones históricos donde el shock inicial favorece al oro, pero posteriormente las condiciones macroeconómicas tienden a presionarlo a la baja.
Perspectiva de largo plazo sigue siendo positiva
Pese a la volatilidad de corto plazo, las perspectivas estructurales del oro se mantienen sólidas. La demanda por parte de bancos centrales continúa siendo un factor de soporte clave, junto con su rol como activo estratégico en escenarios de incertidumbre.
Algunas proyecciones del mercado apuntan a una recuperación en los próximos años. Entre los factores que respaldan esta visión destacan:
- Compras sostenidas de oro por bancos centrales
- Persistencia de riesgos geopolíticos globales
- Demanda de inversión como cobertura frente a crisis
- Limitaciones en la oferta minera
Incluso, estimaciones de largo plazo proyectan precios significativamente más altos hacia el final de la década, aunque en el corto plazo no se descartan nuevas presiones bajistas.
Para países productores y economías vinculadas a los metales, el comportamiento del oro seguirá siendo un indicador clave del equilibrio entre riesgo financiero y expectativas económicas globales.
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