Expertos de la consultora Benchmark sostienen que los vigentes altos precios fortalecen márgenes y aceleran inversiones, pero también pueden generar tensiones operativas, presiones salariales y decisiones excesivamente optimistas.
El actual ciclo con precios excepcionalmente altos para el cobre -con valores cercanos a US$6- aunque se presente como un panorama promisorio para Chile, en tanto mayor productor cuprífero mundial, corresponde a un escenario que está reconfigurando las decisiones de la industria. Si bien el escenario impulsa márgenes y dinamiza proyectos, también abre interrogantes sobre posibles efectos no deseados, desde disciplina en costos hasta riesgos de sobreinversión.
Carlos Piñeiro, Principal Analyst Copper Supply de Benchmark evalúa en las decisiones de inversión en un entorno de precios elevados. “Existe el riesgo de que algunos proyectos con márgenes menos atractivos sean aprobados en un contexto de precios elevados o de expectativas de precios optimistas”, señala. Como antecedente, desde Benchmark enfatizan que una vez que terminó el superciclo del cobre de la década pasada, algunos proyectos de esas características dejaron de ser atractivos para inversionistas, dificultando la obtención de capital necesario para su ejecución, por lo cual, no se concretaron, o bien, tardaron mucho tiempo más en desarrollarse.
Sin embargo, Piñeiro matiza que la viabilidad final dependerá de cada caso: “En un escenario hipotético en que el precio del cobre experimente una caída severa, acompañada además por una disminución en el valor de los subproductos, es posible que ciertos proyectos menos competitivos lleguen a perder su viabilidad económica”.
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Aún así, subraya que la industria suele incorporar escenarios adversos en sus evaluaciones: “Los proyectos son evaluados con análisis de sensibilidad (…) por lo que, la mayoría de las veces, proyectos nuevos pueden mantenerse rentables durante períodos de bajo precio”. Donde sí se concentran los mayores riesgos, agrega, es en la ejecución: “Generalmente (…) pierden dinero debido a sobrecostos y demoras durante etapas de construcción”.
Equilibrio tensionado
En cuanto a la respuesta de la oferta, Piñeiro enfatiza que los precios altos son solo una parte de la ecuación. “Sin duda, los precios elevados favorecen la atracción de inversión (…) sin embargo, esto representa solo una parte del extenso proceso de desarrollo de proyectos”, afirma. En particular, identifica la permisología como una barrera estructural: “Sin los permisos correspondientes, una operación no puede construirse, aun cuando presente sólidos resultados económicos”.
En esa misma línea, Iván Llancas, Senior Analyst, Copper Supply de Benchmark, plantea que el entusiasmo inversionista podría tensionar el equilibrio del mercado. “Si llegaran a materializarse varios proyectos de categoría ‘Tier 1’, sí podrían observarse señales de sobreinversión”, sostiene, aunque añade que un eventual exceso de oferta también podría provenir de otros factores, como el auge del reciclaje, nuevas tecnologías de lixiviación o el aumento de producción de bajo costo en África. Desde el frente operativo, el experto descarta que los altos precios relajen necesariamente la eficiencia: “Las empresas buscan de forma permanente optimizar sus costos operativos con el fin de mejorar sus márgenes, y el hecho de atravesar un ciclo de precios altos no modifica ese objetivo”.
Posibles impactos negativos
Llancas advierte matices relevantes. En el corto plazo, las mineras pueden ajustar sus planes para privilegiar mineral de mayor ley, pero “esta búsqueda de mayor productividad también puede derivar en la postergación de mantenciones preventivas de equipos, lo que, en el largo plazo, podría resultar tener impactos negativos”.
En ese sentido, Llancas profundiza que históricamente, en contextos de precios elevados del cobre, las compañías mineras han implementado estrategias de optimización de corto plazo, como el high grading, que prioriza la explotación de mineral de alta ley para mejorar el desempeño productivo. “Se ha observado la postergación de mantenciones en equipos mayores con el propósito de maximizar la disponibilidad de estos, sosteniendo altos niveles de producción. Sin embargo, la decisión de aplazar mantenciones aumentan la exposición a fallas potencialmente evitables y pueden derivar en intervenciones más complejas y prolongadas en el mediano plazo”, alerta el experto de Benchmark.
A ello se suman efectos laborales. Según el analista del mercado del cobre, en este contexto pueden darse “negociaciones colectivas más agresivas debido a los altos márgenes que están percibiendo las mineras”, especialmente en un año marcado por procesos en faenas de gran escala.En materia de costos, Llancas introduce un elemento clave: el alza no responde únicamente al precio del metal. “En la industria minera los aumentos de costos no responden necesariamente al alto precio del cobre en sí, sino más bien al encarecimiento de diversos insumos a nivel global”, sostiene, apuntando a factores geopolíticos como el conflicto en Medio Oriente o las restricciones en el estrecho de Ormuz.
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