El gobierno de Javier Milei aseguró que el país cuenta con 35.000 toneladas de uranio identificadas y busca reactivar una cadena minera hoy sin producción comercial.
Argentina volvió a poner al uranio en el centro de su agenda minera y energética. El Gobierno de Javier Milei afirmó que el país tiene recursos suficientes para retomar la producción del mineral y proyectó un potencial exportador de unos US$40.000 millones, en un contexto internacional marcado por el renovado interés en la energía nuclear, los reactores modulares pequeños y la seguridad de suministro de minerales críticos.
El anuncio fue realizado por el portavoz presidencial Adrián Ravier, quien sostuvo que Argentina cuenta con unas 35.000 toneladas de uranio identificadas y recuperables, además de potencial geológico adicional en zonas como la Cuenca del Golfo San Jorge, Río Negro y Santa Cruz. La cifra coincide con los antecedentes técnicos publicados por la Secretaría de Minería de Argentina en su informe de recursos y reservas minerales, que estima recursos de uranio por 36.483 toneladas.
Un mineral estratégico para energía y minería
El uranio es la base del combustible utilizado en centrales nucleares y, por lo mismo, ocupa una posición distinta dentro de la minería: no solo depende del precio internacional del commodity, sino también de la política energética, la regulación nuclear, la seguridad ambiental y la capacidad industrial de cada país.
En la conferencia de prensa de Casa Rosada, Ravier planteó que el objetivo oficial es completar la cadena de suministro de la industria nuclear argentina, con el Estado en un rol ordenador, la Comisión Nacional de Energía Atómica como soporte técnico y el sector privado asumiendo el riesgo de inversión.
El dato relevante para la industria minera es que Argentina no produce uranio actualmente. Su experiencia productiva más conocida fue la mina Sierra Pintada, en Mendoza, que operó entre 1975 y 1997. Según antecedentes citados por medios argentinos y chilenos, el complejo produjo cerca de 1.600 toneladas de uranio antes de su cierre, en un periodo marcado por menores precios internacionales y altos costos de explotación.
La apuesta oficial busca revertir casi tres décadas sin producción local de uranio, pero el desafío no está solo en encontrar recursos. La minería uranífera exige permisos ambientales, licenciamiento radiológico, planes de manejo de residuos, trazabilidad del material y aceptación social, especialmente en provincias donde la actividad minera enfrenta restricciones o alto escrutinio público.
Cartera de proyectos y zonas con potencial
De acuerdo con información atribuida a la Secretaría de Minería argentina, el país cuenta con una cartera de 21 proyectos de uranio, distribuidos en Chubut, Mendoza, Neuquén, Río Negro, Salta y Santa Cruz. Ninguno se encuentra aún en etapa productiva.
Entre los activos más observados aparece Amarillo Grande, en Río Negro, controlado por Blue Sky Uranium. La compañía describe el proyecto como uno de los más avanzados de uranio y vanadio en Argentina, con mineralización en múltiples objetivos a lo largo de una franja de 145 kilómetros. Según la información corporativa del proyecto Amarillo Grande, el depósito Ivana se ubica unos 25 kilómetros al norte de Valcheta y cuenta con acceso por rutas, cercanía a infraestructura ferroviaria y líneas de alta tensión.
Ese tipo de atributos es clave en proyectos de uranio de baja ley o mineralización superficial, donde el costo logístico, la disponibilidad de agua, energía e infraestructura puede definir la viabilidad económica tanto como la geología.
Otro punto de interés es Laguna Salada, en Chubut, históricamente identificado como uno de los proyectos más avanzados del país. Sin embargo, al igual que en otros distritos argentinos, la discusión sobre minería de uranio está condicionada por el marco provincial, la regulación ambiental y la licencia social.
La señal del mercado nuclear
La decisión argentina se produce en un momento de mayor atención global sobre la energía nuclear. El Organismo Internacional de Energía Atómica y la Agencia de Energía Nuclear de la OCDE señalaron en el informe conocido como Red Book que los recursos mundiales identificados de uranio son suficientes para sostener el uso actual y un crecimiento significativo de la energía nuclear hasta 2050, pero advirtieron que se requieren inversiones oportunas en exploración, minería y procesamiento para que ese material llegue efectivamente al mercado.
Ese matiz es importante: tener recursos identificados no equivale a tener producción exportable. Para pasar de potencial geológico a ventas externas, Argentina necesita exploración avanzada, estudios económicos, permisos, financiamiento, plantas de procesamiento, transporte seguro y contratos comerciales de largo plazo.
El precio también juega a favor del interés por el mineral. El uranio se ha mantenido en niveles elevados respecto de años anteriores, impulsado por la búsqueda de suministro seguro, la extensión de vida útil de reactores, el avance de nuevos proyectos nucleares y la presión por descarbonizar sistemas eléctricos. A comienzos de julio de 2026, referencias internacionales de mercado ubicaban el uranio cerca de US$85 por libra de U3O8, aunque con variaciones según contratos spot y de largo plazo.
Reactores modulares y capital privado
La estrategia oficial no se limita al recurso minero. Ravier también destacó el proyecto presentado por Meitner Energy para construir un reactor modular pequeño ACR-300 en el complejo nuclear de Atucha, en la provincia de Buenos Aires, con una inversión estimada de US$1.200 millones.
Según lo informado por el Gobierno argentino y recogido por Emol, el reactor tendría una potencia aproximada de 300 megavatios eléctricos y sería financiado con capital privado. El proyecto apunta a acogerse al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, conocido como RIGI, herramienta con la que la administración Milei busca atraer capitales a sectores intensivos en infraestructura, energía y minería.
Para la cadena minera, el vínculo entre uranio y reactores modulares es relevante porque podría crear demanda interna, no solo exportaciones. Si Argentina logra articular extracción, procesamiento, fabricación de combustible y generación nuclear, el valor agregado sería mayor que vender concentrado o material primario. Sin embargo, esa integración requiere plazos largos, regulación especializada y continuidad política.
Un antecedente para Chile y la región
Aunque Chile no produce uranio ni tiene generación nuclear comercial, el movimiento argentino es relevante para la minería regional. América del Sur está intentando posicionarse en minerales críticos asociados a transición energética, seguridad de suministro y nuevas tecnologías. Hasta ahora, el foco ha estado en cobre, litio, tierras raras y níquel. El uranio agrega una dimensión distinta: energía nuclear, geopolítica industrial y autonomía de combustible.
Para Argentina, el desafío es demostrar que el potencial puede traducirse en proyectos reales. La experiencia del litio muestra que el país puede atraer capital extranjero en recursos estratégicos, pero también evidencia cuellos de botella en infraestructura, permisos, comunidades, estabilidad macroeconómica y coordinación provincial.
El valor proyectado de US$40.000 millones funciona como señal política y económica, pero la industria observará avances concretos: permisos ambientales, estudios técnicos, acuerdos de inversión, definición regulatoria y capacidad de llevar proyectos desde exploración a producción. Sin esos hitos, el uranio seguirá siendo una promesa geológica más que una nueva fuente efectiva de exportaciones mineras para Argentina.







