Abandonar los combustibles fósiles dejó de ser solo una meta climática. La presión geopolítica sobre el petróleo y el gas, junto con la caída de costos de las renovables, está instalando la transición energética como una estrategia de independencia económica, seguridad de suministro y resiliencia productiva.
La transición energética entra al terreno de la seguridad económica
Johan Rockström, director del Potsdam Institute for Climate Impact Research, vinculó la salida progresiva del petróleo, el gas y el carbón con una agenda de estabilidad económica. Su planteamiento aparece en un escenario internacional marcado por disrupciones energéticas, conflictos geopolíticos y volatilidad de precios, factores que han vuelto más visible el riesgo de depender de combustibles importados.
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La creación del Science Panel for the Global Energy Transition busca entregar evidencia científica, económica y tecnológica para que los gobiernos diseñen hojas de ruta de salida de los combustibles fósiles. El panel fue lanzado en Santa Marta, Colombia, antes de una reunión ministerial centrada en reducir la dependencia del carbón, el petróleo y el gas.
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El punto de fondo es directo: una matriz basada en recursos locales, como el sol y el viento, reduce la exposición a shocks externos. Esa discusión ya se observa en el auge de la energía solar y almacenamiento con baterías, especialmente en economías que buscan amortiguar la presión de los mercados internacionales de combustibles.
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Renovables más competitivas frente al petróleo y el gas
La transición energética avanza porque las renovables ya no dependen solo de argumentos ambientales. Según IRENA, el 91% de la nueva capacidad renovable utility-scale instalada en 2024 produjo electricidad a menor costo que la alternativa fósil más barata, mientras que las renovables evitaron US$467.000 millones en costos de combustibles fósiles ese año, reforzando su papel en seguridad energética y resiliencia económica, de acuerdo con su informe sobre costos de generación renovable.
Ese diferencial cambia la discusión para países importadores de energía. La electrificación, el almacenamiento y las fuentes renovables permiten reducir la dependencia de cadenas de suministro expuestas a conflictos, decisiones de productores y restricciones logísticas. En la práctica, la independencia energética pasa a ser también una variable de competitividad.
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Para Chile, el debate tiene una lectura industrial evidente. La minería chilena y energías renovables ya están vinculadas por contratos de suministro limpio, electrificación y metas de reducción de emisiones en operaciones de cobre. En un sector intensivo en energía, la estabilidad del suministro y de los costos pesa tanto como la huella ambiental.
Siete límites planetarios elevan la presión sobre el sistema energético
El argumento climático también se endureció. El Stockholm Resilience Centre informó que siete de los nueve límites planetarios ya fueron superados, incluyendo cambio climático, integridad de la biosfera, cambio del sistema terrestre, uso de agua dulce, flujos biogeoquímicos, entidades nuevas y acidificación oceánica, según su actualización sobre límites planetarios.
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Ese diagnóstico refuerza la presión sobre los sistemas energéticos basados en combustibles fósiles, responsables de una parte central de las emisiones globales. La advertencia científica no se limita al aumento de temperatura: apunta al deterioro acumulado de los sistemas que sostienen la estabilidad ecológica, con efectos sobre agua, alimentos, salud pública e infraestructura.
En paralelo, investigaciones citadas en el debate internacional sostienen que la capacidad fósil existente puede ser suficiente durante una transición compatible con 1,5 °C, una discusión abordada en el análisis sobre por qué no se necesitan nuevos proyectos de combustibles fósiles. La tensión está en cómo ordenar esa salida sin comprometer suministro, empleo ni desarrollo económico.
Chile enfrenta el desafío de convertir ventaja renovable en resiliencia
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Chile tiene condiciones relevantes para esta agenda por su recurso solar, eólico y minero. La integración renovable ya muestra hitos operacionales, como el récord de 92,25% de energías renovables en el Sistema Eléctrico Nacional, alcanzado en una jornada de alta participación solar y eólica.
La oportunidad no elimina los cuellos de botella. Transmisión, almacenamiento, gestión de variabilidad, permisos e inversión siguen siendo condiciones críticas para que la energía limpia reemplace de manera efectiva el consumo fósil en electricidad, transporte, minería e industria.
El panel científico internacional plantea esa transición como una tarea de planificación económica y regulatoria, no solo tecnológica. La discusión se mueve hacia hojas de ruta nacionales, barreras financieras, infraestructura y coordinación entre sectores, en un escenario donde la energía define costos, seguridad productiva y autonomía frente a crisis externas.
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