André Sougarret, presidente ejecutivo interino, el héroe del rescate a los 33 mineros de la Mina San José en 2010, fue a Chuquicamata. Máximo Pacheco, en su calidad de líder del directorio, partió a Ministro Hales. Todos lamentaron lo ocurrido, pero según los dirigentes sindicales consultados, esto se veía venir.
“En las últimas semanas se había registrado un número elevado de incidentes”, señaló Eduardo Gallardo, presidente del Sindicato Interempresas de Minería (SIM), que trabaja en Chuquicamata. “Cuando eso ocurre es cosa de tiempo que los incidentes pasen a accidentes y luego a tengamos una fatalidad”, agregó.
“Los “gruéros” (operadores de grúa) de Chuqui se venían quejando de que las condiciones de trabajo no eran las adecuadas y que habían presiones de las empresas y del mandante (Codelco) para apurarse y terminar luego. Incluso un “gruéro” renunció y dijo que prefería perder el trabajo a perder la vida…”, reseñó Eduardo Gallardo.
Hernán Guerrero, presidente del sindicato de Chuquicamata, alertó que en ambas fatalidades, los trabajadores pertenecían a empresas contratistas, un factor de gran preocupación para el mundo sindical. Por ello, instó a la administración de la compañía estatal a revisar la política de externalización, “porque la dotación de las empresas contratistas no cuenta con la especialización necesaria para las tareas de gran complejidad como las que llevan a cabo en Codelco”.
Trabajadores de Chuqui revelaron también que fallaron varios protocolos de seguridad. Para empezar, los paramédicos de la propia obra subterránea no llegaron, sino que vinieron desde las puertas exteriores y no en ambulancia, sino que en camioneta. Otro señala que se demoraron minutos valiosos en llegar al lugar del accidente.
El jueves en la tarde, el consorcio Ossa Pizarotti se acercó al padre de Sebastián Méndez en Calama a darle explicaciones. Éste, un minero con varias décadas de experiencia en distintas faenas, las rechazó con silenciosa rabia. Viajó con su hijo en un vuelo a Santiago. En el aeropuerto de Calama estaban los trabajadores. Eran más de 200 y querían despedirse del jóven. Muchos de ellos apenas contenían las lágrimas.