El estrecho de Ormuz, uno de los pasos estratégicos más importantes para el comercio marítimo global, se encuentra en el centro de las tensiones entre Irán y Estados Unidos. Con un enfoque denominado como «nuevo régimen», Teherán busca consolidar su influencia en la región a través de medidas que están generando una disrupción significativa en el tránsito marítimo y el comercio energético mundial.

Irán redefine las reglas en Ormuz

Según declaraciones recientes del cuartel general Jatam al Anbiya de las Fuerzas Armadas iraníes, el estrecho de Ormuz está siendo sometido a lo que denominan un «nuevo régimen». Este incluye restricciones al tránsito marítimo con base en el supuesto comportamiento de las naciones o empresas hacia Irán. “Las reglas de tránsito han sido reajustadas, no hay un derecho de paso”, aseguró el portavoz Ebrahim Zolfaghari, marcando un punto de inflexión en el control que ejerce el país islámico sobre este estratégico corredor marítimo.

Desde el inicio del conflicto en la región, Teherán ha utilizado el estrecho como un elemento clave de presión. Aunque el tráfico marítimo se ha reducido drásticamente —pasando de 100 barcos diarios antes de la crisis a solo 44 desde principios de marzo—, ciertos buques han seguido transitando. Entre estos se cuentan petroleros «fantasma» vinculados con la venta de crudo iraní, que ha continuado pese a las sanciones internacionales. Como complemento a esta estrategia de presión, el gobierno iraní ha declarado que se permite el cruce selectivo de buques “no hostiles”, es decir, aquellos que no participan en actos de agresión contra Irán ni están ligados a Estados Unidos o Israel.

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El peaje como instrumento de control

Irán no solo ejerce control a través de restricciones en el tránsito, sino que también ha comenzado a exigir peajes a las embarcaciones que deseen cruzar el estrecho. Según Bloomberg, pagos de hasta 2 millones de dólares por viaje se están solicitando de manera informal. Aunque el mecanismo para realizar estos pagos aún no está claro, algunos buques ya han accedido a cumplir con esta nueva exigencia, lo que de facto transforma a Irán en una potencia que busca capitalizar económicamente su influencia en esta ruta.

Mehr Mohammad Mokhber, miembro del Consejo de Conveniencia y asesor del líder supremo iraní, afirmó: “Irán pasará de ser un país sancionado a una potencia consolidada en la región y en el mundo. Sancionaremos a esas potencias arrogantes que buscan la dominación”. Este enfoque refleja un intento por reforzar su posición geopolítica mediante el uso de la infraestructura marítima y, al mismo tiempo, mantener la presión sobre sus adversarios estratégicos, especialmente Estados Unidos.

Impacto y perspectivas estratégicas

El impacto de estas medidas sobre el comercio global es profundo. Además de crear incertidumbre entre las aseguradoras y los operadores marítimos, el control que Irán ejerce en Ormuz está aumentando las tensiones con otros países dependientes de esta ruta, como India, China y Japón. Robin Mills, de la consultora Qamar Energy, declaró que “esta situación no sería tolerable ni aceptable para los estados del Golfo, y no creo que lo fuera para muchos de sus clientes energéticos”.

Sin embargo, especialistas como Dina Esfandiary opinan que esta estrategia tiene un límite temporal y está directamente ligada a la duración del conflicto. “Pueden causar mucho daño y trastornos con relativa facilidad y a bajo costo. Ahora quieren que el mundo entero aprenda también esa lección”, sostuvo Esfandiary. En este contexto, la capacidad de Irán de mantener un control efectivo a largo plazo sobre el estrecho depende de su habilidad para equilibrar la presión táctica con la sostenibilidad económica y política que este control implica.

Por ahora, el estrecho de Ormuz es tanto una herramienta de presión como un símbolo del desafío que Irán plantea a las potencias occidentales y regionales. El “nuevo régimen” propuesto es una pieza más dentro de su estrategia de supervivencia y una señal clara de que este conflicto aún está lejos de terminar.