Las tierras raras en Sudamérica comienzan a posicionarse como un eje clave de la transición energética global, en un mercado altamente concentrado donde China controla el 71% de la producción mundial. En 2024, la oferta global alcanzó las 380.000 toneladas, reflejando un crecimiento sostenido que, sin embargo, queda por debajo de la aceleración que exige la electrificación de la economía. En este escenario, América del Sur emerge como un actor con potencial decisivo, no solo por sus reservas, sino por su capacidad de integrarse a una cadena de valor aún dominada por Asia. Brasil, con la segunda mayor reserva mundial, y Argentina, con recursos potenciales estimados en 3,3 millones de toneladas, lideran una oportunidad que podría redefinir el rol de la región en el suministro de minerales críticos. El desafío, sin embargo, no está solo en extraer, sino en capturar valor en procesamiento, refinación y manufactura tecnológica.
Un mercado dominado por China y presionado por la transición energética
El mercado global de tierras raras presenta una alta concentración productiva. Mientras China lidera ampliamente con el 71% de la oferta, otros actores mantienen participaciones significativamente menores: Estados Unidos con 45.000 toneladas y Australia y Tailandia con cerca de 13.000 toneladas cada uno.
Esta concentración se vuelve crítica en un contexto donde la demanda de minerales como neodimio, disprosio, praseodimio y terbio —esenciales para imanes permanentes en turbinas eólicas y vehículos eléctricos— proyecta un crecimiento exponencial hacia 2050. La transición energética está acelerando el consumo de estos insumos, en línea con lo observado en otros minerales estratégicos.
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El crecimiento de la demanda ya es evidente: en 2024, el litio aumentó cerca de 30%, mientras que el níquel, el cobalto, el grafito y las tierras raras registraron incrementos de entre 6% y 8%, consolidando un nuevo ciclo de expansión para la minería global.
Brasil y Argentina: el núcleo del potencial regional
Dentro de Sudamérica, Brasil destaca como el país con mayor potencial, al contar con la segunda mayor reserva de tierras raras del mundo, aunque con una producción aún incipiente. Este desbalance entre recursos y producción abre un amplio margen para nuevas inversiones.
Uno de los ejemplos más relevantes es el proyecto Monte Alto, en Bahía, donde se han reportado leyes de hasta 45,7% de óxidos de tierras raras, incluyendo minerales críticos para la transición energética. Este tipo de descubrimientos refuerza el atractivo del país como destino de capital minero.
Argentina, por su parte, presenta un portafolio en desarrollo con 190.000 toneladas identificadas y cerca de 3,3 millones de toneladas potenciales, distribuidas en provincias como San Luis, Río Negro y Salta. Este crecimiento se inserta en un contexto más amplio de expansión minera en el país, que también ha captado inversiones en cobre y litio, tal como se ha observado en iniciativas recientes de financiamiento y exploración en la región.
Sudamérica: del recurso al desarrollo de la cadena de valor
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La región ya cuenta con una base sólida en minerales estratégicos. Chile y Perú lideran la producción mundial de cobre, mientras que el denominado Triángulo del Litio —Chile, Argentina y Bolivia— concentra cerca del 65% de las reservas globales. A esto se suma Brasil como primer productor mundial de niobio y segundo en grafito.
Sin embargo, el desafío estructural sigue siendo el mismo: avanzar desde la exportación de concentrados hacia la generación de valor agregado. Esto implica desarrollar capacidades en procesamiento, refinación y eventualmente manufactura de componentes tecnológicos.
Para lograrlo, los expertos plantean tres líneas de acción prioritarias:
- Impulsar exploración minera bajo estándares ambientales y sociales
- Desarrollar plantas de procesamiento en origen
- Fomentar el reciclaje de minerales críticos
Este enfoque permitiría a la región capturar una mayor proporción del valor económico generado por la transición energética, reduciendo su dependencia de mercados externos para etapas clave de la cadena productiva.
Una oportunidad estratégica con impacto global
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El desarrollo de tierras raras en Sudamérica no es solo una oportunidad económica, sino también geopolítica. En un escenario donde las grandes potencias buscan diversificar sus fuentes de suministro, la región puede convertirse en un socio estratégico para Estados Unidos, Europa y Asia.
No obstante, materializar este potencial requerirá estabilidad regulatoria, coordinación regional y políticas públicas orientadas a atraer inversión de largo plazo. La experiencia en otros segmentos mineros demuestra que contar con recursos no es suficiente: la ejecución de proyectos y la certeza jurídica son factores determinantes.
La transición energética ya está redefiniendo el mapa de los recursos minerales. Sudamérica tiene la oportunidad de pasar de ser un proveedor de materias primas a un actor clave en la industria global de tecnologías limpias. El desafío ahora es transformar ese potencial en proyectos concretos que consoliden su posición en la nueva economía energética.
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