Opinion

ASTROMINERIA La nueva frontera minera de la humanidad y la oportunidad de Chile

ASTROMINERIA  La nueva frontera minera de la humanidad y la oportunidad de Chile 
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Tenemos el cobre, tenemos los cielos y tenemos los desiertos que se parecen a Marte. Falta la decisión. 

 

Manuel Viera Flores 
Presidente de la Cámara Minera de Chile 
Presidente Instituto Chileno de Astrominería (ASTROMIN) 

Chile tiene un futuro esplendoroso además de mirar su subsuelo sino también mirar el espacio. Suena a ciencia ficción, pero ya no lo es. En 2020 Japón trajo a la Tierra polvo del asteroide Ryugu; en 2023 Estados Unidos recuperó muestras de Bennu; en 2024 China alunizó en la cara oculta de la Luna y volvió con casi dos kilos de suelo. Mientras escribo, una sonda de la NASA viaja hacia 16 Psyche, un asteroide metálico cuyo valor teórico se cuenta en cifras que superan miles de veces la economía mundial. La minería espacial, la astrominería dejó de ser un sueño de novela para convertirse en la próxima frontera de la industria. 

La vida humana es hoy técnicamente imposible sin minería: cada dispositivo, motor, panel solar, batería o turbina depende de metales y minerales. Pero esa dependencia choca con un hecho geológico ineludible: los recursos minerales son finitos, no renovables y, una vez extraídos, se pierden para siempre. Al ritmo actual de consumo, las reservas económicamente explotables de varios minerales estratégicos podrían agotarse en el horizonte de tres o cuatro décadas, lo que configura el primer gran riesgo estructural del planeta. 

¿Por qué debería importarnos a los chilenos? Por una razón simple y dura: los minerales de la Tierra son finitos. Cada teléfono, cada auto eléctrico, cada panel solar depende de metales que no se regeneran. Al ritmo de consumo actual, varios minerales críticos podrían escasear en pocas décadas. A eso se suman el costo ambiental de la minería terrestre, el cambio climático y hasta amenazas cósmicas como el impacto de un asteroide. La humanidad, tarde o temprano, tendrá que buscar recursos —y quizás refugio— fuera del planeta. 

«Astrominería: la carrera que Chile no puede mirar desde la vereda» 

Y aquí aparece Chile. Somos un país pequeño: ocupamos el 0,2% de la superficie del planeta. Pero en esta carrera tenemos una combinación que casi nadie reúne. Somos la primera potencia minera del mundo y, al mismo tiempo, la capital astronómica de la Tierra: en el norte están los observatorios más importantes del planeta. Sabemos de minería subterránea, profunda, remota y automatizada. Y tenemos algo único: el desierto de Atacama, cuyos suelos se parecen a los de Marte y la Luna, y la Antártica chilena. Son laboratorios naturales para ensayar robots y entrenar a los futuros astromineros sin salir del país. La invitación al mundo político es legislar con sentido país con el fin de aprovechar estas ventajas, y no estar siempre atrasado como ahora con el cobre y el  litio.  

Chile no va a competir con lanzar cohetes, pero podría tener la infraestructura como ecosistema integrado con innumerables ventajas: en eso, Estados Unidos, Europa, Rusia, China, India y Japón nos llevan décadas. Nuestra oportunidad está en el eslabón donde ya somos buenos: la minería robótica, autónoma e inteligente para ambientes extremos. Imaginen un robot chileno capaz de acercarse a un cerro remoto de la Antártica, tomar una muestra, analizarla en el sitio y enviar los datos por satélite. Ese robot es, en la práctica, un prototipo minero de asteroides. Esa tecnología, desarrollada aquí, se puede exportar a todo el sistema solar. 

Afortunadamente hay avances. Chile firmó los Acuerdos Artemis con la NASA, publicó su Política Nacional Espacial y en diciembre pasado inauguró el Centro Espacial Nacional en Cerrillos. Desde la Cámara Minera creamos ASTROMIN, el Instituto Chileno de Astrominería, con acuerdos junto a APRIMIN, el Colegio de Geólogos de Chile y centros como la Universidad de Arizona. Pero falta lo esencial: una política de Estado que deje de mirar esto como fantasía y lo trate como lo que es —una apuesta de desarrollo, y al futuro, pero para ello debemos informar a nuestros legisladores para que no piensen que esto es ciencia ficción. 

Necesitamos un ecosistema real entre el Estado, las universidades, los centros de investigación y los proveedores mineros. Necesitamos laboratorios, estaciones análogas permanentes en Atacama y la Antártica, y carreras nuevas: astrogeólogos, astrometalurgistas, astromineros, ingenieros en robótica espacial. El talento lo tenemos; lo que falta es tender el puente entre nuestro conocimiento minero y nuestra ciencia de clase mundial. 

«Las minas más ricas del universo no están bajo tierra, están sobre nuestras cabezas» 

El Tratado del Espacio de 1967 no prohíbe explotar recursos, y países como Estados Unidos y Luxemburgo ya legislaron para que sus empresas sean dueñas de lo que extraigan. Las reglas del juego se están escribiendo ahora. Chile puede sentarse a esa mesa con autoridad, porque de minería sabemos. O puede volver a mirar desde la vereda, como tantas veces, como otros aprovechan una riqueza para la que estábamos preparados. 

Algunos proyectos exitosos esta la Nasa y China como, por ejemplo: Chang'e-6 obtuvo las primeras muestras de la cara oculta de la Luna. Chang'e-8 (2028) ensayará ISRU e impresión 3D con material lunar. Lidera con Rusia la Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS). Tianwen-2 (asteroide y cometa) y Tianwen-3 (muestras de Marte). La NASA con OSIRIS-REx trajo muestras del asteroide Bennu (sept. 2023) y continúa hacia Apophis (2029) como OSIRIS-APEX. La sonda Psyche viaja al asteroide metálico 16 Psyche (llegada 2029). El programa Artemis prepara el retorno humano a la Luna y el uso de recursos lunares (agua del polo sur). 

Tenemos el cobre, tenemos los cielos y tenemos los desiertos que se parecen a Marte. Lo que falta es decisión. Más temprano que tarde, Chile debiera proyectar su experiencia minera hacia la aventura espacial de la humanidad. El futuro de la minería está allá arriba, y no deberíamos llegar tarde. 

la minería nos dio el presente; la astrominería puede darnos el futuro. Solo falta que alguien, en La Moneda y en el Congreso, se atreva a firmar el compromiso de conquistar el cosmos 

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