Campo magnético de la Tierra: un estudio identifica dos “bloques” a 2.900 km y su huella por 265 millones de años

El campo magnético de la Tierra no depende solo del “océano” de hierro líquido del núcleo externo: también acusa la influencia de estructuras profundas del…

Cristian Recabarren Ortiz
Senior Editor y Fundador
Ingeniero de Minas y fundador de Revista Digital Minera REDIMIN (2011). Especialista en tecnologías de la información aplicadas a la minería, inteligencia artificial y puentes de...
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El campo magnético de la Tierra no depende solo del “océano” de hierro líquido del núcleo externo: también acusa la influencia de estructuras profundas del manto. La idea vuelve a tomar fuerza tras un trabajo publicado el 3 de febrero de 2026 en Nature Geoscience, que plantea que la heterogeneidad térmica cerca del límite manto–núcleo puede romper la simetría del campo promedio a escala geológica.

La dificultad para observar ese “motor” es conocida: aun cuando la humanidad ha recorrido cerca de 25.000 millones de kilómetros en el espacio, la perforación más profunda hacia el interior del planeta llega apenas a poco más de 12 km, según el reporte institucional que acompañó la investigación.

Qué hay a 2.900 km: dos estructuras gigantes bajo África y el Pacífico

El estudio asocia parte del comportamiento del magnetismo terrestre con dos grandes provincias de baja velocidad sísmica (LLVP) en el manto inferior, ubicadas en posiciones opuestas cerca del ecuador y separadas por un “cinturón” de material con velocidades sísmicas mayores, un patrón descrito en el artículo científico.

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De acuerdo con el artículo en Nature Geoscience, esa zona del manto inferior es altamente heterogénea y los autores sostienen que las variaciones laterales de temperatura y propiedades térmicas allí implican una transferencia de calor desigual en el límite manto–núcleo, con diferencias que los trabajos geodinámicos citados por el propio paper sitúan en rangos que pueden superar “más del doble” del promedio entre máximos y mínimos.

Por qué el manto puede condicionar al geodinamo

El geodinamo —la circulación del metal líquido en el núcleo externo— se alimenta del calor que fluye desde el núcleo hacia el manto. La hipótesis central del trabajo es directa: si el manto “extrae” calor de manera desigual en la frontera con el núcleo, entonces el flujo del hierro líquido y el campo magnético resultante también pueden organizarse de forma desigual.

En el mismo paper, los autores indican que ciertas características observadas en registros paleomagnéticos se reproducen de manera preferente cuando los modelos incluyen fuerte variabilidad lateral del flujo de calor en el límite manto–núcleo, y que esa heterogeneidad puede romper la simetría axial del campo magnético promediado en el tiempo.

Registros antiguos y simulaciones: la señal que se extiende por 265 millones de años

La investigación combinó datos paleomagnéticos con simulaciones numéricas del geodinamo para reconstruir patrones robustos del comportamiento del campo. En el comunicado de la Universidad de Liverpool, el equipo sostiene que sus modelos permitieron reconstruir observaciones clave del campo magnético durante los últimos 265 millones de años, y que la parte superior del núcleo externo presentaría contrastes térmicos marcados, con zonas más calientes “capadas” por estas estructuras del manto.

En esa misma nota, el profesor Andy Biggin (Liverpool) atribuye a esos contrastes un efecto concreto sobre la dinámica del núcleo. Traducción al español de su cita textual en inglés: “Estos hallazgos sugieren que hay fuertes contrastes de temperatura en el manto rocoso justo sobre el núcleo y que, bajo las regiones más calientes, el hierro líquido del núcleo puede estancarse en lugar de participar en el flujo vigoroso observado bajo las regiones más frías”.

La Anomalía del Atlántico Sur: un ejemplo actual de por qué importa la dinámica profunda

El trabajo en Nature Geoscience se centra en escalas geológicas y en cómo la heterogeneidad del manto puede romper simetrías del campo promedio. En paralelo, el seguimiento moderno desde satélites muestra que el magnetismo terrestre también presenta debilitamientos regionales medibles.

Un caso emblemático es la Anomalía del Atlántico Sur, zona de campo más débil que afecta a satélites por mayor exposición a partículas energéticas. La Agencia Espacial Europea (ESA) informó, con datos de la constelación Swarm, que entre 2014 y 2025 la anomalía se expandió, y que su evolución está vinculada a patrones anómalos del campo en la frontera entre el núcleo externo líquido y el manto rocoso (los llamados “reverse flux patches” en la nota de ESA).

Lectura útil para geociencias aplicadas: del magnetismo planetario a la exploración

Aunque el estudio es de geodinámica profunda, aterriza en una idea que cruza múltiples disciplinas: el campo magnético responde a estructuras y procesos internos, y sus variaciones son medibles.

En exploración, esa medición es parte del trabajo cotidiano: la magnetometría y otras técnicas geofísicas se usan para detectar contrastes en propiedades físicas del subsuelo y apoyar la interpretación de estructuras. Y en superficie, el campo magnético también es clave para entender exposición tecnológica a eventos solares, como se ha discutido en episodios recientes de clima espacial.

Para una mirada más amplia sobre cómo las rocas preservan señales magnéticas a lo largo del tiempo, es útil revisar cómo registros minerales permiten reconstruir cambios del escudo magnético.

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