El gobierno federal de Canadá y la provincia de Quebec activaron gestiones para evitar que Glencore avance hacia una paralización de la fundición Horne, en Rouyn-Noranda, luego de que la compañía congelara un plan de inversión cercano a C$1.000 millones en medio de la disputa por nuevas exigencias de emisiones de arsénico. La situación tensiona una instalación considerada estratégica para la cadena regional del cobre y el reciclaje metálico.
Inversión congelada y presión por certeza regulatoria
La señal más dura vino a comienzos de febrero, cuando Glencore informó la suspensión de casi C$1.000 millones en inversiones previstas para la fundición Horne tras no lograr, de acuerdo con un reporte de Reuters, la “certeza regulatoria” que buscaba respecto de las exigencias ambientales en Quebec. La compañía también advirtió que, sin esas mejoras, la operación podría no cumplir con los objetivos que comienzan a regir en marzo de 2027.
En ese contexto, Glencore dejó abierta la opción de explorar mecanismos de apoyo, incluidos instrumentos financieros para compartir riesgos asociados a estándares más exigentes. Sobre esa base, los gobiernos comenzaron a evaluar fórmulas para evitar una interrupción de una planta que ocupa un lugar singular en el mapa metalúrgico canadiense.
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La disputa por el arsénico y el debate sanitario
El conflicto se concentra en los límites de arsénico en el aire. Quebec fijó como referencia un objetivo de 15 nanogramos por metro cúbico, umbral que, según el propio Ministerio de Medio Ambiente de Quebec, fue presentado en 2022 como una primera etapa para acercarse al estándar provincial de 3 ng/m³. Esa diferencia ha seguido alimentando críticas en Rouyn-Noranda, donde organizaciones y residentes sostienen que el margen sigue siendo insuficiente desde el punto de vista sanitario.
El texto entregado también da cuenta de un escenario de mayor presión judicial y comunitaria sobre la operación. En paralelo, la discusión regulatoria se da mientras Quebec estudia extender los plazos de cumplimiento del nuevo límite y el gobierno federal analiza apoyo para financiar mejoras en control de contaminación, en un intento por compatibilizar exigencia ambiental y continuidad operacional.
Un activo estratégico para la cadena del cobre y el reciclaje
La relevancia industrial de Horne excede la contingencia regulatoria. En documentos presentados por la propia empresa ante Quebec, Glencore define a la planta de Rouyn-Noranda como la última fundición de cobre en operación en Canadá, mientras que la refinería CCR, en Montréal-Est, es la última refinería de cobre activa del país. La compañía también remarca que ambas instalaciones siguen siendo capaces de procesar más materias primas y cumplen un papel estratégico en la cadena canadiense del cobre.
En su información corporativa, Glencore añade que Horne procesa concentrados y materiales reciclados, produce ánodos de cobre de 99,1%, y aporta más de 100.000 toneladas anuales de materiales reciclados dentro de su operación, incluido el tratamiento de residuos electrónicos, según detalla en su sitio sobre su negocio del cobre en Canadá. Además del cobre, el complejo genera metales y subproductos asociados a esa cadena industrial.
El eventual cierre de la fundición tendría efecto más allá de Quebec, en un mercado donde la capacidad de fundición en Norteamérica sigue siendo acotada y donde Canadá mantiene un rol relevante en el abastecimiento regional de cobre refinado y productos intermedios.
