Consumo de agua en minería del cobre subiría a 20,6 m³/s al 2034 y el giro al mar cambia más que una cifra

Consumo de agua en la minería del cobre no solo crecería en Chile durante la próxima década, sino que cambiaría de manera decisiva su fuente de abastecimiento. Esa es la principal señal que deja el Informe Proyección del Consumo de Agua en la Minería del Cobre 2025-2034 de Cochilco: la demanda hídrica del sector pasaría de 18,5 m³/s en 2024 a 20,6 m³/s en 2034, con una tasa promedio anual cercana a 1,2%, pero el dato más profundo es otro: el agua de mar avanzaría desde 40,7% del consumo total hasta 67,6% al cierre del período. En términos prácticos, la gran minería está dejando atrás la dependencia histórica del agua continental y consolidando una matriz hídrica cada vez más apoyada en desalinización e impulsión costera. Ese cambio ocurre en paralelo a una industria que ya venía mostrando una transición hacia un uso más intensivo de agua de mar

El agua de mar pasa de alternativa a columna vertebral

La proyección de Cochilco muestra que el uso de agua de mar subiría desde 7,5 m³/s a 13,9 m³/s entre 2024 y 2034, equivalente a un alza de 85,3%, mientras que el consumo de agua continental bajaría desde 10,9 m³/s a 6,7 m³/s, una caída cercana a 39%. El reordenamiento responde a una presión estructural conocida en el norte de Chile: menor disponibilidad de agua dulce, mayor competencia por cuencas y crecientes exigencias para sostener la licencia social y ambiental de los proyectos. Hacia 2034, cerca de 75,5% del agua de mar utilizada por la minería correspondería a agua desalinizada, confirmando que la desalación dejó de ser una solución puntual para transformarse en infraestructura estratégica. Esa lógica ya tiene expresiones concretas en operaciones que funcionan como anticipo de la tendencia, como la planta desalinizadora de Minera Candelaria y el avance de faenas que están reforzando su sistema hídrico con nuevas obras, como Collahuasi y su desaladora de 1.050 l/s.

Más sulfuros, más concentración y una minería más intensiva en agua

El informe también deja en evidencia que el alza proyectada en la demanda no se explica solo por mayor actividad, sino por un cambio en la naturaleza del negocio. La transición desde minerales oxidados hacia sulfuros eleva la intensidad hídrica del sector, porque desplaza el centro de gravedad operacional hacia plantas concentradoras y circuitos de procesamiento más demandantes en agua. Cochilco estima que en 2034 la concentración representará cerca de 77,9% del consumo total de agua de la minería del cobre, equivalente a alrededor de 16,1 m³/s. De ese volumen, aproximadamente 71,5% sería abastecido con agua de mar. Ese giro productivo también ayuda a explicar por qué la discusión hídrica ya no puede separarse de la discusión energética: bombear, desalar y transportar agua hacia operaciones de altura eleva requerimientos eléctricos e inversiones asociadas.

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Antofagasta lidera la carga y el desafío ya no es solo técnico

Geográficamente, Cochilco proyecta que la Región de Antofagasta concentrará cerca de 48,7% del consumo nacional de agua en la minería del cobre al 2034, manteniéndose como el principal polo hídrico del sector. El bienio 2026-2027 aparece, además, como un punto de inflexión por la convergencia de múltiples proyectos de expansión, reposición e infraestructura de agua de mar en un período acotado. La trayectoria no será lineal: se anticipa un aumento entre 2025 y 2027, una baja transitoria entre 2028 y 2030 por ajustes operacionales y ejecución de obras, y luego una nueva fase de crecimiento desde 2031. La lectura de fondo es clara. La minería chilena no enfrenta solo un problema de cuánto agua usará, sino de cómo la conseguirá, con qué energía, bajo qué permisos y con qué grado de aceptación territorial. Por eso, el cambio hacia agua de mar y desalinización aparece menos como una opción tecnológica y más como una condición de continuidad para buena parte de la cartera cuprífera de la próxima década.

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