La creciente crisis en el Estrecho de Ormuz, que ya cumple su cuarta semana de cierre efectivo, está generando una presión significativa sobre la administración estadounidense, así como sobre los principales importadores de petróleo, gas y combustibles de la región del Golfo Pérsico. La situación pone de manifiesto las complejidades geopolíticas y económicas que esta importante ruta marítima representa para el comercio global de energía.
Escalada de tensiones y amenazas militares
El presidente Donald Trump emitió un ultimátum de 48 horas exigiendo la reanudación del tráfico en el estrecho y advirtió que ordenaría ataques contra plantas de energía de Irán si la situación no se resolvía. Las declaraciones reflejan la frustración de la Casa Blanca ante el impacto que el cierre del estratégico corredor marítimo tiene en el mercado internacional de petróleo, donde el precio del crudo Brent ha aumentado cerca de un 55% desde el inicio del conflicto.
En respuesta, las fuerzas armadas iraníes emitieron un comunicado advirtiendo: “Apuntaremos a toda la infraestructura energética, de tecnología de la información y de desalación que pertenezca a los Estados Unidos y al régimen israelí en la región”. Estas amenazas han elevado aún más las tensiones en una zona crítica para el comercio energético, por la que habitualmente transita una cuarta parte del petróleo transportado por mar a nivel mundial. Ahora, solo unos pocos barcos, principalmente chinos o protegidos por Irán, han logrado cruzar el estrecho.
Te puede interesar
Impactos en Asia y maniobras diplomáticas
El cierre del Estrecho de Ormuz está afectando gravemente a los países asiáticos importadores de petróleo, quienes enfrentan cortes en el suministro y aumento en los precios. India, por ejemplo, ha asegurado al menos dos cargamentos de gas licuado para cocinar y está negociando el tránsito de más. En ese contexto, el primer ministro indio Narendra Modi enfatizó en una conversación con el presidente iraní Ahmad Masoud Pezeshkian la necesidad de mantener “abiertas y seguras” las rutas marítimas.
Otros países, como Japón y Corea del Sur, enfrentan un delicado equilibrio entre respaldar las gestiones de Estados Unidos y atender sus necesidades energéticas. Japón, cuya prioridad es garantizar la libertad de navegación, ha aclarado que no considera negociaciones unilaterales con Irán. Por su parte, Corea del Sur sigue con atención los acontecimientos, consciente de que cualquier acuerdo con Irán podría poner en tensión su alianza con Washington, según Ellen Kim, directora de programas académicos en el Korea Economic Institute of America. “El gobierno surcoreano permanecerá cauteloso y probablemente coordine su enfoque con naciones como Japón que enfrentan el mismo problema”, señaló Kim.
- El precio del crudo Brent ha subido un 55% desde el inicio del conflicto.
- India, Corea del Sur y Japón están explorando alternativas para garantizar el suministro energético.
- El Estrecho de Ormuz es vital para cerca de una cuarta parte del comercio mundial marítimo de petróleo.