El Mar del Norte y su segunda vida: antiguos yacimientos petroleros como depósitos de CO₂

Un proyecto pionero en Dinamarca busca transformar un campo casi agotado en el primer gran sitio europeo de almacenamiento offshore de carbono A 250 kilómetros…

Cristian Recabarren Ortiz
Senior Editor y Fundador
Ingeniero de Minas y fundador de Revista Digital Minera REDIMIN (2011). Especialista en tecnologías de la información aplicadas a la minería, inteligencia artificial y puentes de...
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Un proyecto pionero en Dinamarca busca transformar un campo casi agotado en el primer gran sitio europeo de almacenamiento offshore de carbono

A 250 kilómetros de la costa occidental de Dinamarca, en medio de las aguas agitadas del Mar del Norte, una infraestructura que durante décadas extrajo petróleo se prepara para cumplir una función radicalmente distinta. El antiguo campo Nini, cercano al final de su vida productiva, será reconvertido en un gran reservorio subterráneo de dióxido de carbono (CO₂), como parte del proyecto Greensand Future, una de las apuestas más ambiciosas de Europa en materia de captura y almacenamiento de carbono (CCS, por sus siglas en inglés).

La iniciativa, respaldada por un consorcio liderado por la multinacional química británica Ineos, contempla inyectar miles de toneladas de CO₂ bajo el lecho marino, utilizando las mismas formaciones geológicas que durante millones de años almacenaron hidrocarburos. En lugar de extraer gas y petróleo, las tuberías y pozos existentes serán empleados para confinar de forma permanente un gas responsable del calentamiento global.

Según los desarrolladores, Greensand Future iniciará operaciones comerciales en los próximos meses, con una capacidad inicial de alrededor de 400 mil toneladas de CO₂ durante su primer año, cifra que podría aumentar hasta ocho millones de toneladas anuales hacia 2030. De concretarse ese volumen, el proyecto podría aportar cerca del 40% del objetivo danés de reducción de emisiones, posicionándose como un elemento clave en la estrategia climática del país.

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El almacenamiento geológico de carbono cuenta con el respaldo de organismos como el Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC) y la International Energy Agency (IEA), que lo consideran una herramienta complementaria a la reducción directa de emisiones para limitar el aumento de la temperatura global. La Unión Europea, por su parte, ha señalado que el CCS será necesario para alcanzar la meta de neutralidad climática en 2050.

No obstante, la tecnología no está exenta de controversia. Diversas organizaciones ambientales advierten que su alto costo podría desviar recursos desde soluciones más maduras y económicas, como las energías renovables o la electrificación del transporte. Además, existe preocupación por el uso intensivo del subsuelo marino y por el riesgo de que el almacenamiento de hoy limite las opciones de las generaciones futuras.

Desde el punto de vista técnico, el Mar del Norte ofrece ventajas significativas. Tras décadas de explotación petrolera, su geología está bien estudiada y cuenta con capas porosas capaces de alojar grandes volúmenes de CO₂, selladas por gruesas capas de roca impermeable que impiden fugas, replicando el mismo mecanismo que contuvo el petróleo durante eras geológicas.

Más allá del debate ambiental, el proyecto abre una nueva perspectiva laboral para las comunidades costeras y los trabajadores offshore. La transición desde el mantenimiento de compresores de gas hacia bombas de alta presión para inyectar CO₂ refleja un cambio estructural en una región históricamente ligada a los combustibles fósiles.

El Mar del Norte emerge como un eje estratégico de la transición climática europea mediante el almacenamiento geológico de CO₂ en antiguos yacimientos petroleros.

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