El oro, considerado tradicionalmente como un activo refugio en momentos de conflicto geopolítico, no ha respondido con un alza significativa en su valor tras el estallido del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. A pesar de las expectativas iniciales, el comportamiento del metal ha sorprendido a los inversionistas, sobre todo en comparación con el petróleo, que ha mostrado incrementos notables.
El retroceso del oro en un contexto de incertidumbre
Desde que comenzaron las hostilidades, el precio de la onza de oro ha subido cerca de un 3%, alcanzando valores cercanos a los US$ 5.420, aunque al cierre más reciente se situó en US$ 5.063, incluso por debajo del precio previo al conflicto. Este comportamiento contrasta con el del petróleo, que llegó a escalar un 30% durante la primera semana del conflicto. Para muchos, esta es una tendencia inesperada, considerando que el oro suele desempeñar un papel clave como refugio en tiempos de crisis.
Un factor clave detrás del limitado aumento del oro es la fortaleza del dólar. Liza Salinas, Branch Business Director de Liberty Finance, explicó: “Cuando el petróleo sube con esta velocidad, el mercado empieza a descontar que la Fed no va a bajar tasas, y eso le quita combustible al oro”. La posibilidad de que la Reserva Federal mantenga tasas altas en respuesta a una inflación energética creciente ha mitigado la expectativa de nuevos incrementos en el precio del metal.
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El inicio de ciclos monetarios como la relajación en EE.UU. ha sido clave para el comportamiento previo del oro.
La liquidez inmediata lleva a la venta de activos como el oro en momentos de pánico, según expertos del mercado.
El cambio en los activos refugio y las proyecciones para el metal
Otro elemento que explica el comportamiento del oro es el desplazamiento de los inversionistas hacia activos financieros estadounidenses. Carlos Guayara, cofundador de Trii, subrayó que el mercado está privilegiando el dólar y los bonos del Tesoro de Estados Unidos debido a su solidez y tasas altas. En sus palabras: “Hoy, los grandes fondos confían en la solidez de la economía estadounidense. En este escenario de incertidumbre, los verdaderos refugios están siendo el dólar y los bonos del Tesoro”.
Pese a la reciente volatilidad, bancos de inversión mantienen proyecciones optimistas para el oro. JPMorgan Chase estima que el metal podría alcanzar los US$ 6.300 por onza hacia fines de 2026, mientras que Deutsche Bank proyecta un valor cercano a los US$ 6.000 para este año. Sin embargo, en el corto plazo, el oro se encuentra atrapado entre presiones macroeconómicas y efectos geopolíticos.
El precio del oro ya atravesaba un fuerte rally previo al conflicto, lo que limitó un mayor incremento.
La expectativa de reducción en tasas de interés ha retrocedido, impactando directamente en su valoración.
¿Qué sucede con el cobre?
En Chile, la situación geopolítica también genera atención debido al impacto potencial en los precios del petróleo, un insumo del que el país depende casi en su totalidad mediante importaciones. Sin embargo, en el caso del cobre, el principal producto de exportación chileno, la afectación ha sido moderada, con una caída del 3,4% desde el inicio del conflicto.
Ignacio Mieres, head of research de XTB Latam, explicó que las perspectivas de un déficit estructural en la oferta de cobre han contenido el impacto en su precio. “Esto se explica porque las perspectivas de un déficit estructural de oferta se mantienen vigentes, lo que ha servido como amortiguador del precio”, comentó. A pesar de las presiones sobre los metales industriales, los fundamentos sólidos del cobre a mediano y largo plazo han evitado un ajuste más profundo en su valor.









