Minería Internacional

Estados Unidos acelera importaciones de cobre y recibe récord de 200.000 toneladas en julio

Estados Unidos alcanzó un récord de importaciones de cobre en julio, con 200.000 toneladas, mientras el mercado aguarda decisiones sobre aranceles que podrían afectar la disponibilidad global.

Estados Unidos acelera importaciones de cobre y recibe récord de 200.000 toneladas en julio
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El ingreso de metal alcanzó su mayor nivel mensual registrado mientras el mercado espera una definición de la Casa Blanca sobre eventuales aranceles al cobre refinado. La acumulación estadounidense vuelve a tensionar la disponibilidad fuera del país y refuerza la volatilidad entre las bolsas de Nueva York y Londres.

Estados Unidos recibió cerca de 200.000 toneladas métricas de cobre durante julio, el mayor flujo mensual registrado en las estadísticas disponibles de comercio marítimo, en medio de una nueva carrera por trasladar metal hacia ese mercado antes de que la administración de Donald Trump defina su política arancelaria para las importaciones de cobre refinado.

El movimiento responde a la diferencia de precios entre los contratos negociados en la Bolsa de Metales de Londres y el mercado Comex de Nueva York. Cuando el cobre estadounidense cotiza con una prima suficientemente alta, las comercializadoras pueden comprar metal en otras regiones, transportarlo hacia Estados Unidos y venderlo a un valor superior.

La expectativa de un eventual arancel amplificó esa oportunidad. Aunque todavía no existe una decisión definitiva sobre los cátodos importados, compradores y operadores están adelantando embarques para reducir el riesgo de quedar expuestos a nuevas barreras comerciales.

El cobre vuelve a concentrarse en Estados Unidos

Los ingresos de julio marcan una aceleración frente a los volúmenes observados durante los primeros meses de 2026. Estados Unidos ya había importado cerca de 800.000 toneladas de cobre refinado entre enero y abril, luego de cerrar 2025 con niveles excepcionalmente altos.

Durante el año pasado, los inventarios registrados en Comex aumentaron desde menos de 100.000 toneladas hasta aproximadamente 462.000 toneladas, multiplicándose casi por cinco. A ese volumen se suman existencias mantenidas fuera de bolsa, por lo que distintas estimaciones situaron el acopio total estadounidense en torno a un millón de toneladas a comienzos de 2026.

La acumulación tiene un efecto que trasciende el mercado interno. El cobre que entra a Estados Unidos deja de estar disponible para consumidores de Europa y Asia, incluso cuando permanece almacenado y todavía no es utilizado por fabricantes.

La consecuencia es una creciente fragmentación del mercado físico: abundantes existencias dentro de Estados Unidos y una oferta más restringida en otras plazas comerciales.

A fines de julio, los almacenes estadounidenses concentraban cerca del 58% de los inventarios visibles de cobre a nivel mundial, una proporción inusual para un país que continúa dependiendo significativamente de las importaciones para cubrir su consumo.

La prima de Comex impulsa los embarques

La operación se sostiene en el diferencial entre Comex y la Bolsa de Metales de Londres. Durante distintos momentos de 2026, el cobre con entrega en Estados Unidos llegó a negociarse con primas de entre US$400 y más de US$500 por tonelada frente al precio londinense.

Ese margen permite cubrir transporte, seguros, financiamiento y costos logísticos, además de generar una rentabilidad para las firmas que controlan el movimiento físico del metal.

Las comercializadoras han respondido retirando cobre desde bodegas internacionales y desviando cargamentos originalmente destinados a otros compradores. Durante mayo ya se anticipaba que, mientras la diferencia de precios se mantuviera, los ingresos estadounidenses podrían ubicarse entre 150.000 y 200.000 toneladas mensuales.

El volumen observado en julio confirmó el extremo superior de esa proyección.

Sin embargo, el arbitraje no está libre de riesgos. Un anuncio que descarte nuevos impuestos al cobre refinado podría reducir rápidamente la prima de Comex. En ese escenario, el valor del metal acumulado en Estados Unidos convergería hacia las referencias internacionales y los operadores que importaron a precios elevados quedarían expuestos a pérdidas.

Una decisión favorable a los aranceles produciría el efecto contrario: reforzaría el valor del inventario ya nacionalizado y limitaría el ingreso de nuevas toneladas.

Una decisión pendiente desde 2025

La incertidumbre comenzó en febrero de 2025, cuando Washington abrió una investigación bajo la Sección 232 para evaluar si la dependencia del cobre extranjero representaba un riesgo para la seguridad nacional.

El proceso desembocó en un arancel de 50% aplicado desde agosto de ese año a productos semielaborados e intensivos en cobre, entre ellos tuberías, cables y determinados componentes eléctricos. Los cátodos, concentrados, minerales, ánodos y chatarra quedaron fuera de la medida.

La exclusión provocó una abrupta corrección en Comex, donde el precio llegó a caer más de 17% en una sola sesión. Parte del cobre que había sido trasladado anticipadamente quedó almacenado en Estados Unidos, elevando las existencias a máximos de varios años.

La Casa Blanca mantuvo, no obstante, la revisión sobre el cobre refinado y solicitó una nueva evaluación del mercado doméstico. Esa posibilidad volvió a instalar una prima arancelaria durante 2026 y reactivó los embarques.

El mercado espera ahora una resolución presidencial que determine si los cátodos seguirán exentos, quedarán sujetos a derechos de importación o enfrentarán un esquema gradual a partir de 2027.

Chile queda en el centro del reordenamiento comercial

La definición tiene especial relevancia para Chile, principal productor mundial de cobre y uno de los mayores abastecedores de metal refinado de Estados Unidos.

Los cátodos chilenos poseen una participación relevante en las importaciones estadounidenses debido a la escala productiva del país, la disponibilidad de rutas marítimas consolidadas y la relación comercial existente entre ambas economías.

Mientras los cátodos permanezcan exentos, las operaciones chilenas pueden seguir abasteciendo ese mercado sin el recargo aplicado a productos semielaborados. La prima de Comex incluso puede mejorar temporalmente los retornos obtenidos por cargamentos enviados hacia puertos estadounidenses.

Un gravamen al cobre refinado cambiaría esa estructura. Los compradores estadounidenses tendrían que absorber parte del costo, traspasarlo a fabricantes o exigir descuentos a sus proveedores. También podrían buscar alternativas domésticas, aunque la producción minera y de fundición de Estados Unidos no tiene capacidad inmediata para reemplazar las importaciones.

La situación abre oportunidades comerciales de corto plazo para Chile, pero también introduce un riesgo de concentración. Una cantidad creciente de metal está siendo atraída por una diferencia de precios determinada más por decisiones regulatorias que por el consumo industrial efectivo.

China y Europa enfrentan menor disponibilidad

El traslado de cobre hacia Estados Unidos ocurre mientras las existencias disminuyen en otros centros comerciales.

Las importaciones chinas de cobre refinado cayeron 13% interanual durante el primer semestre de 2026, hasta 1,374 millones de toneladas, su menor nivel para ese periodo desde 2017. Parte de esa reducción respondió a los altos precios y a la competencia estadounidense por cargamentos disponibles.

Sin embargo, la caída de los inventarios internos y el aumento de las primas físicas indican que los compradores chinos podrían volver al mercado internacional. Esa recuperación de la demanda coincidiría con una porción significativa del cobre mundial inmovilizada en bodegas estadounidenses.

En Londres, las salidas de inventario también han reducido la disponibilidad inmediata. Cuando disminuyen las existencias entregables, los contratos de corto plazo tienden a fortalecerse frente a los vencimientos posteriores, una señal asociada a condiciones físicas más ajustadas.

El resultado es una competencia creciente entre Estados Unidos y China por unidades de cobre refinado, en un contexto en que nuevas minas y ampliaciones productivas avanzan con plazos extensos, mayores costos y dificultades regulatorias.

El impacto puede extenderse más allá del arancel

El riesgo para la industria no se limita al nivel de un eventual impuesto. La incertidumbre está alterando rutas comerciales, inventarios y referencias de precios antes de que exista una resolución formal.

Si Estados Unidos mantiene una prima elevada y conserva grandes volúmenes como inventario estratégico, el mercado podría consolidar una división entre el precio doméstico de Comex y la referencia internacional de Londres.

Ese escenario aumentaría los costos de cobertura para productores, fabricantes y comercializadoras. También obligaría a las compañías mineras a decidir con mayor frecuencia entre contratos tradicionales de largo plazo y ventas hacia mercados que ofrecen primas temporales.

Para Chile, el fenómeno refuerza el valor estratégico de su producción de cátodos, pero también expone al sector a decisiones comerciales adoptadas fuera del país. La resolución de Washington determinará si el récord de julio fue el punto máximo de un arbitraje transitorio o el comienzo de una reorganización más profunda del comercio mundial de cobre.