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Europa reabre el debate energético tras el gas ruso, el calor extremo y la carrera por la IA

La crisis del gas desatada tras la invasión rusa de Ucrania, el encarecimiento posterior de la energía y el avance de la inteligencia artificial volvieron a…

Europa reabre el debate energético tras el gas ruso, el calor extremo y la carrera por la IA

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La crisis del gas desatada tras la invasión rusa de Ucrania, el encarecimiento posterior de la energía y el avance de la inteligencia artificial volvieron a poner en cuestión el modelo energético europeo. El debate cruza seguridad de suministro, precios eléctricos, adaptación al calor e infraestructura digital.

Dependencia externa, precios y seguridad energética

Europa llegó a 2021 con una alta exposición al gas ruso. Datos de Eurostat muestran que Rusia representaba el 45% de las importaciones extracomunitarias de gas natural en estado gaseoso ese año, antes del quiebre provocado por la guerra en Ucrania. Tras ese shock, el bloque elevó sus compras de gas natural licuado para sustituir parte de los flujos perdidos, en un mercado más expuesto a tensiones globales.

El texto plantea que esa dependencia dejó a Europa más vulnerable frente a crisis externas. En paralelo, Alemania atravesó un deterioro económico tras el golpe energético de 2022 y recién en 2025 logró volver a terreno positivo, después de dos años de recesión, de acuerdo con la oficina federal de estadística alemana.

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La discusión también alcanzó el gasto en defensa y la capacidad del continente para proteger sus cadenas de suministro. La OTAN mantuvo como referencia el objetivo de 2% del PIB en defensa, mientras su secretario general afirmó en enero de 2026 que Europa promedia hoy cerca de 2%, lejos de los niveles de la Guerra Fría citados en el texto.

Calor extremo, aire acondicionado y presión sobre el sistema

El cambio climático y sus efectos sobre la mortalidad por calor aparecen como otro eje central. La Agencia Europea de Medio Ambiente reportó que Europa registró 47.690 muertes atribuibles al calor en 2023, mientras el verano de 2022 superó las 61.000. España figuró entre los países más afectados, con 8.352 fallecimientos estimados en 2023, según el estudio científico citado por el organismo europeo.

En Estados Unidos, en tanto, los CDC señalan que más de 700 personas mueren cada año por calor extremo. El texto atribuye parte de esa brecha a la distinta penetración del aire acondicionado, todavía baja en buena parte de Europa. La Agencia Internacional de la Energía ha descrito precisamente a Francia como un mercado con baja propiedad de equipos de climatización, en contraste con países donde el uso residencial es masivo.

El encarecimiento eléctrico es parte de esa discusión. La AIE indicó que entre 2019 y 2024 los precios de la electricidad para hogares subieron 36% en promedio en la Unión Europea y 26% en Estados Unidos, mientras Eurostat situó el promedio comunitario en 28,72 euros por 100 kWh durante el primer semestre de 2025.

  • 47.690 muertes por calor fueron estimadas en Europa en 2023.

  • 8.352 correspondieron a España, según el estudio citado por la Agencia Europea de Medio Ambiente.

Energía abundante y barata: la condición que exige la IA

La otra presión sobre el sistema viene desde la economía digital. McKinsey proyecta que hacia 2030 la inferencia superará al entrenamiento y representará más de la mitad de toda la computación de IA, además de explicar entre 30% y 40% de la demanda total de centros de datos. Eso refuerza la necesidad de contar con electricidad abundante, estable y competitiva.

En esa carrera, la infraestructura está muy concentrada fuera de Europa. Un reporte citado por investigadores vinculados a Oxford sostiene que firmas estadounidenses operan 87 hubs de cómputo de IA, China 39 y Europa apenas 6. En capacidad digital general, la brecha también es amplia: la plataforma Cloudscene contabiliza 5.427 centros de datos en Estados Unidos, muy por encima de cualquier otro país. Además, Synergy Research Group ha señalado que Virginia concentra más capacidad de centros de datos de hiperescala que toda Europa.

El texto vincula esa desventaja con decisiones acumuladas en política energética europea: menor uso de fuentes firmes, dependencia de importaciones y costos más altos para hogares e industria. En ese marco, la discusión ya no se limita a calefacción, transporte o manufactura. También abarca la capacidad del continente para sostener refrigeración en olas de calor y para alojar la infraestructura que demanda la inteligencia artificial.

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