Chile se ha acostumbrado a mirar al cielo cuando habla de energías limpias: paneles solares en el desierto, aerogeneradores en la costa y parques eólicos creciendo al ritmo de la transición que ya se ve en el Sistema Eléctrico Nacional, como ha ocurrido con el despliegue de renovables que se aborda en el avance hacia un futuro energético sostenible. Pero mientras la matriz avanza hacia arriba, bajo nuestros pies hay una fuente constante disponible todo el año: la geotermia en Chile.
Un país volcánico con energía de sobra
Chile está en el Cinturón de Fuego del Pacífico, una zona de intensa actividad tectónica y volcánica. En ese contexto, el Centro de Excelencia en Geotermia de Los Andes (CEGA) consigna que el territorio nacional tiene más de 150 volcanes activos y un número equivalente de centros volcánicos inactivos con actividad geotérmica, además de una evaluación preliminar del potencial geotérmico del país del orden de 16.000 MW por al menos 50 años, asociado a fluidos sobre 150°C a menos de 3.000 metros de profundidad, según su reseña institucional publicada por CONICYT/FONDAP en la ficha del CEGA.
Pese a ese diagnóstico acumulado por décadas, el desarrollo a gran escala sigue postergado, un punto que también se ha abordado en los desafíos y oportunidades de la geotermia en el debate local.
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Cómo funciona la “olla a presión” bajo los Andes
La lógica es directa: a mayor profundidad, mayor temperatura. El Ministerio de Energía explica que el gradiente geotérmico (el aumento de temperatura por kilómetro de profundidad) es aproximadamente 30°C por km, en su explicación educativa sobre qué es la geotermia.
Cuando ese calor se combina con agua subterránea atrapada entre capas de roca, se forma un reservorio geotérmico. Al perforar de manera controlada, se extrae vapor o agua caliente para aprovechar su energía:
Exploración y caracterización del recurso (métodos indirectos para reducir incertidumbre).
Perforación de pozos hasta el reservorio.
Extracción del fluido caliente (vapor/agua) hacia superficie.
Conversión de energía para generar electricidad (moviendo turbinas) o uso directo del calor en aplicaciones térmicas.
Reinyección del fluido al subsuelo para mantener el ciclo del reservorio.
No hay combustión: el aporte es térmico y, por diseño, puede operar de forma continua.
Cerro Pabellón: la geotermia eléctrica que sí opera
En la práctica, el salto industrial ha sido limitado. En una columna publicada por el Colegio de Geólogos de Chile, el geólogo Ayaz Alam sostiene que “hoy solo existe un proyecto de generación eléctrica en operación: Cerro Pabellón, en la Región de Antofagasta”, al describir el estado actual del sector en su análisis sobre la geotermia postergada.
Por qué no despega: riesgo financiero antes que falta de recurso
La principal barrera no es técnica, sino económica: perforar profundo es caro y, antes de confirmar un reservorio comercial, el riesgo de inversión es alto. En la misma explicación del Ministerio de Energía se detalla que el recurso no se puede medir directamente en exploración y que el costo y el riesgo en esa etapa constituyen una barrera relevante; además, se describe el Programa de Mitigación de Riesgos de la Geotermia (MiRiG), canalizado con fondos del Clean Technology Fund y operado en Chile mediante el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con instrumentos como préstamos y garantías para reducir el riesgo de exploración.
En paralelo, el marco normativo y concesional es parte del debate sobre cómo acelerar el desarrollo, incluyendo cambios y discusiones que se han seguido a partir de la Ley Geotérmica para potenciar la energía renovable sostenible.
Turquía como ejemplo citado en el debate
El mismo texto del Colegio de Geólogos plantea el caso de Turquía como referencia de política pública: atribuye el crecimiento a un rol estatal activo en exploración temprana y perforación exploratoria para reducir el riesgo geológico, y describe que el despliegue no se limitó a electricidad, sino que impulsó usos directos como calefacción distrital, agricultura bajo invernadero, secado industrial y turismo termal. En ese contexto, incluye la afirmación: “Pretender que el sector privado asuma por sí solo el riesgo geológico equivale, en la práctica, a renunciar al desarrollo geotérmico”.







