Groenlandia vuelve al centro de la disputa estratégica en el Ártico. Rusia advirtió que adoptará “contramedidas apropiadas, incluidas algunas a nivel militar y técnico”, si la isla —territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca— es “militarizada” con capacidades dirigidas contra Moscú. El mensaje eleva el tono en un escenario donde Washington ha reactivado su interés geopolítico por la isla y ha planteado públicamente opciones de mayor involucramiento, incluso en términos de anexión.
El ministro de Exteriores ruso sostuvo que, por ahora, la situación “no afecta directamente” a su país, pero dejó claro que cualquier despliegue con orientación antirrusa tendrá respuesta. Al mismo tiempo, reiteró que el Ártico debe “seguir siendo una zona de paz y cooperación”, postura que Moscú ha defendido en foros multilaterales.
Tensión entre aliados y advertencias cruzadas
Desde Estados Unidos se ha señalado que Dinamarca carece de capacidades suficientes para defender Groenlandia, y que Rusia y China podrían intentar capitalizar la coyuntura. Moscú y Pekín han rechazado esos argumentos y han pedido a Washington no utilizarlos como justificación para presiones sobre un aliado de la OTAN.

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El presidente Donald Trump afirmó en enero que había acordado con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, un “marco para un futuro acuerdo” respecto a Groenlandia, en paralelo a la revisión de aranceles hacia países europeos. Copenhague, por su parte, ha reiterado que la isla no está en venta y que cualquier decisión debe considerar la voluntad de sus habitantes.

El valor estratégico del Ártico
Groenlandia posee una ubicación clave en el Atlántico Norte y el Ártico, región donde el deshielo amplía rutas marítimas y acceso a recursos energéticos y minerales. La presencia de radares, infraestructura aérea y bases de apoyo logístico convierte a la isla en pieza relevante del equilibrio de poder entre Estados Unidos y Rusia.
Moscú enfatiza que el debate debe resolverse entre Washington, Copenhague y Nuuk, “teniendo en cuenta la opinión de los residentes”, mientras advierte que responderá si percibe amenazas directas. En un Ártico cada vez más competitivo, el cruce verbal anticipa un ciclo de mayor vigilancia militar y diplomática en una zona que durante décadas fue presentada como espacio de cooperación.

