Israel cambia su estrategia en Irán y ataca a la policía para facilitar una revuelta ciudadana tras 7.007 muertes en protestas

La ofensiva sobre Irán entró en una fase distinta. Israel ya no está concentrando sus ataques solo en misiles, bases o mandos militares: también está golpeando el aparato que Teherán usa para vigilar, detener y reprimir dentro de las ciudades. En esa lógica, la revuelta en Irán aparece como una apuesta política complementaria a la campaña aérea iniciada tras el ataque coordinado entre EE. UU. e Israel que reabrió la tensión regional.

Qué objetivos está golpeando Israel dentro de Irán

Entre los blancos que Israel dijo haber atacado figuran el Estado Mayor de Seguridad Interna, el cuartel Tharallah en Teherán, la unidad especial responsable de todas las fuerzas de seguridad interna en la provincia de Alborz y una base del Basij en la capital. La cronología oficial de la Operación Roaring Lion también menciona un complejo en el este de Teherán donde funcionaban mandos de la Guardia Revolucionaria, Inteligencia, Basij, Fuerza Quds, seguridad interna y la unidad encargada de sofocar protestas.

No se trata de una selección casual. Son estructuras que conectan a la jefatura política y militar con la capacidad operativa de controlar las calles, coordinar inteligencia interna y responder ante disturbios o protestas. El golpe, por tanto, no apunta solo a degradar capacidades militares de Irán, sino también a tensionar la arquitectura de control doméstico del régimen.

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Por qué esos blancos son decisivos

El peso político de esos organismos se entiende mejor al mirar lo ocurrido en las protestas de fines de 2025 e inicios de 2026. El informe The Crimson Winter documentó 7.007 muertes confirmadas en los primeros 50 días de movilizaciones iniciadas el 28 de diciembre de 2025. De ese total, 6.488 correspondían a manifestantes, 236 a menores de edad contabilizados por separado, 76 a civiles no manifestantes y 207 a miembros de fuerzas militares o gubernamentales. El mismo reporte registró además 53.777 arrestos.

Ese registro explica por qué Israel está enfocando parte de sus ataques sobre nodos asociados a la represión interna. Basij, Guardia Revolucionaria, inteligencia y seguridad interna no fueron actores secundarios en la crisis interna iraní: fueron la columna del operativo que contuvo las protestas con fuego real, detenciones masivas y control territorial.

La apuesta política detrás de la ofensiva

El objetivo político se volvió más explícito con el correr de los días. En un reporte de Reuters sobre la brecha entre Washington y Tel Aviv, se consigna que Benjamín Netanyahu siguió llamando a los iraníes a salir a las calles para derrocar a sus gobernantes, mientras un funcionario estadounidense admitió que el cambio de régimen es un objetivo israelí, pero no necesariamente el principal de la Casa Blanca.

La lógica es clara: si la cadena de mando que administra la represión se debilita, la presión social acumulada por la crisis económica, la fatiga política y la matanza de enero podría volver a expresarse en la calle. Bajo esa hipótesis, el bombardeo no busca solo destruir activos militares, sino abrir una ventana de vulnerabilidad interna.

Ese giro táctico ocurre mientras el conflicto ya desordena otros frentes de la crisis regional. El precio del petróleo WTI saltó 7% tras la escalada en Irán y el impacto civil y los objetivos estratégicos de la ofensiva ya están ampliando el debate sobre cuánto tiempo puede sostenerse una campaña de esta intensidad.

Lo que todavía no ocurre en las calles

El punto crítico es que dañar la maquinaria represiva no equivale, por sí solo, a activar una caída del régimen. Reuters informó además que no había señales de una sublevación inminente en Teherán y otras ciudades, donde seguían operando controles de seguridad y patrullas de la Guardia Revolucionaria.

Eso deja a la estrategia israelí en una zona de alta incertidumbre. Los ataques ya muestran una decisión de golpear el corazón del sistema de coerción interna iraní, pero en la capital todavía persisten presencia armada, vigilancia y capacidad de contención, mientras no reaparecen protestas masivas comparables a las de enero.

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