La necesidad de adoptar energías de baja emisión para imaginar el futuro del país

El sector energético ha sufrido fluctuaciones significativas en la última década. Volatilidades que continuarán presentes y que desde ya, requieren asistencia para imaginar la forma que tomará el sector. Así, los escenarios ofrecen una herramienta para imaginar futuros entornos alternativos o inciertos para probar y comprender cómo podrían desarrollarse las decisiones de hoy.

En virtud de potenciar en Chile y el mundo una mayor implementación de energías renovables no convencionales, definimos cuatro escenarios en el largo plazo para el sector eléctrico que hoy se ve impactado por una creciente adopción de energías de baja emisión.

Para esto, se formaron dos ejes de las incertidumbres más divergentes, distintivas y críticas: las dinámicas globales, en donde la mayor presión de reducir las emisiones de carbono hace que el impacto de la reacción social se vuelva más significativa y la respuesta al cambio climático, en donde el impacto de las relaciones geopolíticas y grado de conectividad global, formarán la naturaleza y ritmo de la transición energética. Así, se crean cuatro narrativas de escenario para responder la pregunta focal: ¿Cómo va a evolucionar el sistema energético al 2035?

El primero de estos se da en economías regionales e independientes que reaccionan proactivamente ante la necesidad. El fracaso a nivel global de los gobiernos por acelerar la transición energética lleva a las empresas a asumir riesgos en las inversiones asociadas a un mundo libre de emisiones reconociendo su impacto en las industrias. Así, el desarrollo de las energías renovables recae exclusivamente en los negocios, dado a que hay una coordinación limitada con los gobiernos, quienes crean barreras para el escalamiento de estas tecnologías, especialmente en países en desarrollo.

Además, existe una alta competencia entre los sistemas del gobierno donde el intercambio se encuentra prácticamente cerrado dentro de los sistemas regionales y en los países en desarrollo y emergentes. Es por esto que se hace necesario innovar para que los objetivos de transición de la energía local comiencen a delinear alianzas regionales.

Por otro lado, en un mundo definido por el “tribalismo” donde las naciones están limitadas a sus recursos y tecnologías locales para abordar los desafíos, se da un segundo escenario en el que destacan políticas proteccionistas que crean barreras comerciales y limitan la transferencia de conocimiento y tecnologías, limitando el movimiento de personas y bienes. El activismo del consumidor, distraído por la recesión económica, no consigue hacer la presión necesaria para la transición energética, mientras que los gobiernos compiten por el acceso a recursos energéticos más baratos y estables. La innovación está enfocada en el desarrollo de recursos locales, ya sean renovables o a base de hidrocarburos. Las respuestas al cambio climático son dispares, reactivas, y enfocadas en proyectos puntuales de infraestructura vs un ataque integral y amplio.

Por contrario, en un contexto de economías globales, abiertas y colaborativas los escenarios son distintos. Luego de una serie de catástrofes climáticas y sanitarias, el comportamiento del consumidor se vuelca dramáticamente hacia la salud en el largo plazo y los beneficios medioambientales económicos y sociales de los esfuerzos colectivos. Lo anterior permite una atmosfera de colaboración global, la cual logra comercializar de manera exitosa, tecnologías de baja emisión y a una drástica descarbonización. Aquí existe una fuerte competencia entre las compañías energéticas para escalar tecnologías accesibles de baja emisión para atender la demanda del consumidor. Las empresas tecnológicas invierten en la eficiencia de la cadena de valor para reducir el impacto de los productos altamente utilizado, mientras que los gobiernos abren fronteras para permitir una red de servicios e introducir a un mecanismo global del precio del carbón.

Por último, un cuarto escenario se da en un mundo estimulado y comprometido al crecimiento, la seguridad y estabilidad de todos. La eficiencia y accesibilidad energética impulsan el comportamiento humano hacia una expansión de los renovables e hidrocarburos. Las potencias mundiales, comparten la necesidad de un crecimiento económico en el corto plazo, generando una mejora en la riqueza y calidad de vida de la mayoría de las personas.

¿En qué situación se encuentra Chile? En base a la situación actual, las señales del mercado y la política energética al 2035, Chile se estima más cercano al segundo escenario mencionado. Esto, solo si se dan ciertas condiciones.

Por una parte, las energías renovables deben ser el 60% de la generación eléctrica, apostando fuertemente en generación solar y exportación de tecnología y servicios asociados. También, debe asegurarse la descarbonización de la matriz eléctrica al retirar y/o reconvertir todas las centrales a carbón antes del 2040. Adicionalmente, hay que poner énfasis en reducir los tiempos de tramitación ambiental de proyectos de generación y realizar un mapeo de vulnerabilidad energética para la electrificación nacional. Para esto, es importante tener una regulación para reconocer al hidrógeno como combustible en trámite, facilitando las inversiones en él, dando así inicio, a una denominada economía de hidrógeno.

 

Daniel Ortega,
Director Core Business Operations y
Power & Utilities Leader de Deloitte