La operación de Antofagasta Minerals avanza en la Región de Antofagasta con una expansión que contempla nueva capacidad de procesamiento, mayor automatización y primera producción esperada para 2027.
Minera Centinela cumplió 12 años desde su creación en 2014, cuando se integraron las operaciones Esperanza y Tesoro, en un momento marcado por la construcción de su segunda planta concentradora y por una nueva escala operacional para el distrito minero.
La compañía, controlada por Antofagasta plc a través de Antofagasta Minerals, atraviesa una de las etapas de crecimiento más relevantes de su historia. El proyecto Nueva Centinela considera una inversión de US$4.400 millones y busca reforzar la producción de cobre en concentrados, junto con aumentar la recuperación de subproductos como oro y molibdeno.
Según la información publicada por Minera Centinela, la nueva infraestructura permitirá sumar 144.000 toneladas de cobre al año y extender la vida útil del distrito por más de 30 años. La puesta en marcha está prevista para 2027.
Una operación que nació de Esperanza y Tesoro
Centinela fue constituida el 7 de julio de 2014 a partir de la integración de las operaciones Esperanza y Tesoro, ubicadas en la Región de Antofagasta. Desde entonces, la faena ha operado con dos líneas productivas: sulfuros, orientada a la producción de concentrado de cobre, y óxidos, enfocada en cátodos.
El aniversario número 12 no llega como una conmemoración aislada, sino en medio de una expansión que puede modificar el peso productivo de la operación dentro del portafolio de Antofagasta Minerals.
La segunda concentradora forma parte del proyecto Nueva Centinela, aprobado por el directorio de Antofagasta Minerals a fines de 2023. De acuerdo con Antofagasta plc, la nueva planta incorporará una capacidad adicional de procesamiento de 95.000 toneladas por día y se ubicará a pocos kilómetros de la concentradora existente, que tiene una capacidad nominal de 107.000 toneladas por día.
Las cifras de Nueva Centinela
El proyecto contempla una nueva planta concentradora, obras mineras, ampliación de infraestructura de transporte de concentrado, equipamiento autónomo, sistemas de agua, instalaciones eléctricas y obras asociadas para integrar la expansión a la operación actual.
Los principales datos confirmados son:
- Inversión estimada: US$4.400 millones.
- Capacidad adicional de procesamiento: 95.000 toneladas por día.
- Producción adicional esperada: 144.000 toneladas de cobre al año.
- Subproductos: 130.000 onzas de oro y 3.500 toneladas de molibdeno al año, como promedio inicial informado por la compañía.
- Primera producción esperada: 2027.
- Vida útil adicional: más de 30 años.
- Empleo en construcción: más de 13.000 personas en etapa peak, según antecedentes corporativos.
La expansión apunta a duplicar la producción de cobre en concentrados de Centinela y mejorar su competitividad por escala, mayor aporte de subproductos y menores costos netos.
El proyecto será alimentado principalmente por los depósitos Esperanza Sur y Encuentro Sulfuros. Este último comenzó trabajos de prestripping en 2025 y forma parte de la estrategia para asegurar mineral sulfurado para la nueva capacidad de procesamiento.
Automatización y nueva escala minera
Uno de los elementos centrales de la expansión es la automatización. Centinela proyecta contar hacia fines de 2026 con más de un centenar de camiones autónomos, una de las mayores flotas de este tipo en el país. La tecnología opera desde 2023 en Esperanza Sur y desde 2026 en Encuentro Sulfuros.
La compañía también ha avanzado en gestión integrada de operaciones, con control remoto desde la ciudad de Antofagasta. Este modelo permite concentrar información operacional, mejorar tiempos de respuesta y coordinar procesos mineros, planta, mantenimiento y logística desde una plataforma integrada.
En paralelo, el proyecto considera el uso de rodillos de molienda de alta presión, conocidos como HPGR, una tecnología orientada a reducir consumo energético frente a esquemas convencionales de conminución. Para una operación de gran escala, ese punto es relevante porque la molienda es una de las etapas de mayor consumo eléctrico dentro del procesamiento de minerales.
Agua, energía y relaves
Centinela ha destacado como parte de su modelo operacional el uso de agua de mar sin desalar y energía eléctrica proveniente de fuentes renovables. Estos elementos son relevantes para la minería del norte de Chile, donde el acceso al agua continental, la presión ambiental y la disponibilidad energética condicionan cada vez más el desarrollo de nuevos proyectos.
La segunda concentradora también se integrará a un esquema de relaves espesados. Esta tecnología permite aumentar la recuperación de agua y reducir la huella hídrica asociada al depósito de relaves, un aspecto clave en una industria que enfrenta mayores exigencias regulatorias, comunitarias y técnicas sobre la gestión de residuos mineros.
De acuerdo con el reporte de producción del primer trimestre de 2026 de Antofagasta plc, el proyecto de segunda concentradora seguía avanzando de acuerdo con lo previsto, con actividades de energización eléctrica, avance en salas eléctricas, pruebas de recirculación en estaciones de bombeo y entrega inicial de agua a Centinela como parte de pruebas operacionales.
Impacto para Antofagasta Minerals y el cobre chileno
La expansión de Centinela se inserta en un ciclo donde las grandes mineras buscan capturar valor desde activos existentes, en lugar de depender exclusivamente de nuevos descubrimientos greenfield. En ese escenario, los proyectos brownfield permiten aprovechar infraestructura ya instalada, permisos, equipos, caminos, sistemas de agua, energía y conocimiento geológico acumulado.
Para Antofagasta Minerals, la segunda concentradora es una pieza relevante dentro de su objetivo de aumentar la producción de cobre en torno a 30% antes de 2030. El cobre mantiene una posición estratégica por su uso en redes eléctricas, energías renovables, electromovilidad, almacenamiento, infraestructura y digitalización, mientras la oferta global enfrenta restricciones por menores leyes, tiempos más largos de permisos y mayores costos de desarrollo.
En Chile, proyectos como Nueva Centinela son relevantes porque agregan producción en una región minera consolidada y ayudan a sostener la posición del país en el mercado mundial del cobre.
El salto operacional también tiene impacto regional. Minera Centinela informó una dotación de 9.400 trabajadores y trabajadoras, entre personal propio y empresas colaboradoras, con 30% de participación femenina y 40% de personas provenientes de la Región de Antofagasta. Además, la compañía ha vinculado parte de su crecimiento con iniciativas comunitarias en Sierra Gorda, Michilla y Mejillones.
Lo que viene para Centinela
El próximo hito industrial será completar la construcción, avanzar en las pruebas de precomisionamiento y preparar la integración de la nueva planta a la operación existente. Si el cronograma se cumple, la primera producción de la segunda concentradora comenzará en 2027.
La expansión también podría configurar un distrito minero de mayor complejidad. La compañía proyecta operar cinco rajos en forma simultánea, incluyendo Esperanza Sur, Encuentro Sulfuros, Polo Sur Óxidos, Mirador y El Llano. Esa escala exigirá una coordinación más intensa entre mina, planta, transporte, agua, energía, relaves, mantenimiento y logística.
A 12 años de su creación, Minera Centinela entra en una fase decisiva: pasar de una operación consolidada a un distrito de mayor capacidad productiva, con más automatización y una infraestructura diseñada para extender su presencia en la minería chilena por varias décadas.







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